'La habitación de Giovanni': una función llamativa a pesar de ser demasiado narrativa
El espectáculo de Eline Arbo presenta una gran plasticidad y medios, pero el texto en holandés obliga a la mayoría de los espectadores a leer durante dos horas
- Dirección: Eline ArboIntérpretes: Louis van Beek, Jesse Mensah, Eefje Paddenburg, Gijs Scholten van Aschat, Eelco SmitsSala Gran del TNC. 20/03/2026
Giovanni’s room figura en el segundo lugar de la lista de las 100 mejores novelas de temática gay y lésbica, que elaboró The Publishing Triangle en 1999 y que está encabezada por Muerte en Venecia. Parece lógico, tratándose de una novela de un escritor, James Baldwin (Harlem, Nueva York, 1924 - Saint Paul, Francia, 1987), que en 1956 reivindicaba la normalidad de las relaciones homosexuales en unos Estados Unidos donde hasta 2003 no se despenalizó la sodomía.
El libro de Baldwin habla de la alienación social de los desplazados, de cómo entender la masculinidad, de la identidad y, sobre todo, de la sexualidad. Y a nuestro entender este es el epicentro de la adaptación para la escena que ha hecho el Internationaal Theater Amsterdam bajo la dirección de Eline Arbo. De esta directora recordamos el magnífico The hours, la adaptación teatral de la novela de Michael Cunningham que se presentó en el TNC la temporada pasada.
La obra la protagoniza David, un joven norteamericano bisexual mantenido por sus padres que deambula por París. Su novia se ha marchado a España para aclarar qué quiere hacer de su vida y él visita a un viejo homosexual conocido para pedirle dinero. Este lo llevará a un club gay donde conocerá a un inmigrante italiano, Giovanni, con quien iniciará una relación.
La versión resume y enfoca con acierto el conflicto vital y la marginación de quienes no querían o no sabían cómo salir del armario, plasmando situaciones vigentes hoy en día en muchas sociedades. Y lo hace con un despliegue escénico vistoso, de gran plasticidad y medios, con música y alguna coreografía para compensar la narratividad de la historia, pero con un tratamiento dramático un poco distanciado y, en consecuencia, impregnado de frialdad. Este extremo se reafirma con un espectacular diseño de iluminación que prima la penumbra sobre la claridad y, por tanto, nos oculta las expresiones de los rostros y el fondo psicológico del drama que viven los intérpretes.
Claro que, frente a una función de teatro de texto en neerlandés que obliga a la mayoría de los espectadores a leer durante dos horas sin poder mirar demasiado bien el escenario, tampoco debe tener demasiada importancia. Quizás habría que evaluar la conveniencia de programar propuestas textuales en lenguas poco conocidas.