Crítica de teatro

Las poéticas visuales de Romeo Castellucci y Alberto Cortés

'Creer en las máscaras' y 'El corazón de Ester', un díptico de sensibilidad artística en el Grec

Una imagen del espectáculo 'Creer en las máscaras', de Romeo Castellucci.
07/07/2026
2 min
  • Romeo Castellucci / Alberto CortésTeatre del CCCB, 4 y 5 de julio / Mercat de les Flors, del 5 al 7 de julio

A Romeo Castellucci le interesa la construcción de la imagen y su manipulación con un fuerte componente estético y a menudo político. Un imaginario donde cabe lo más teatral, como hemos visto en Bros (Temporada Alta) y la trilogía sobre la Divina Comedia de Dante y Sobre el concepto de rostro, en el Hijo de Dios (Festival Grec), pero también en instalaciones performativas como Il terzo Reich (Temporada Alta) o esta Creer en las máscaras. El artista italiano crea una secuencia de objetos que entran y salen del impoluto espacio blanco de aire museístico de la sala Raval del CCCB rodeado de los espectadores enmascarados con máscaras humanas diferentes. Son objetos de una cierta cotidianidad (un vaso de leche, un ramo de flores, una jarra, una fotografía de Stan Laurel, un crucifijo...) que bautiza con nombres que no tienen nada que ver con ellos exhibiendo una lógica imposible, ya que la serie está pensada para la aparición final de una silla eléctrica como las que se usan en las ejecuciones de condenados a muerte y a la cual, ahora sí, se le llama por su nombre: silla. Una silla muy similar a la famosa serigrafía de Andy Warhol que puede o no provocar la reacción de los asistentes. Desde la mera observación hasta su utilización y al final su figurada destrucción. Cuarenta minutos de un poema visual muy propio del arte contemporáneo.

Una imagen del espectáculo 'El corazón de Ester'.

Muchos espectadores respondieron con entusiasmo al grito de amor desesperado del malagueño Alberto Cortés a Analphabet (Grec 2025). Un poema visual habitado por un fantasma romántico y queer que entrega a los espectadores todo lo que es, todo lo que sufre, todo lo que siente. Ahora, dentro de la programación del Grec 2026, El corazón de Ester sigue icónicamente los pasos de aquel Analphabet. Aún más místico, arranca con la parsimonia de quien quiere domar el tempo. Un larguísimo, casi incómodo, silencio en una absoluta penumbra que solo deja ver el baile de las manos del artista. Aparece Ester vestida como una mujer inglesa del siglo XIX. Brota la palabra, inspirada en textos de Emily Dickinson y Simone Weil. Una palabra de aliento poético que por momentos evoca el lirismo rural andalusí de Lorca. Una palabra que rompe la cuarta pared para convertir a Ester en espectadora de sí misma. Otro poema de amor desesperado. El amor absoluto que se deshace en sí mismo y que solo vislumbra desaparecer. Un poema, tres largos silencios y dos canciones, y al final el torso desnudo y un baile de brazos y aún el adiós entre aplausos con posturas de diva. Ciertamente, Cortés cautiva con su vulnerabilidad, con la fragilidad del cuerpo, con una rapsodia juguetona a la que, a nuestro parecer, le falta un poco de voz y le sobra oscuridad.

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