Clàudia Pina, durante el Madrid-Barça de la Champions
30/03/2026
2 min

Este lunes ya se habían vendido 45.000 entradas para el partido de vuelta de cuartos de final de la Champions femenina que se disputará el jueves en el Camp Nou. La cifra es espectacular si se tiene en cuenta que el Barça masacró al Real Madrid en la ida por 2-6 y que se juega en plena Semana Santa, pero es evidente que la afición culé se ha tomado el partido como una fiesta a costa, claro está, del Madrid. 

La superioridad del equipo de Pere Romeu es tan aplastante que se puede permitir rotar, dar descansos y medir esfuerzos y aún así ganar por 0-3 y asestar el golpe definitivo a la Liga en la que ya llevan nada menos que 13 puntos de ventaja cuatro días antes de volver a plantarse en semifinales en Europa. La única incógnita es saber por cuántos goles de diferencia lo harán porque el Real Madrid se convierte en un guiñapo, un juguete, en manos de las azulgrana. Que 45.000 personas ya hayan comprado la entrada significa que el orgullo que sienten por un equipo legendario, referente global del fútbol femenino, es inmenso y hay ganas de agradecérselo, pero también es una bofetada en la cara a un Madrid que sigue sin acercarse, por mucho que lo anuncien los altavoces mediáticos, al nivel de excelencia azulgrana.

Ni el cambio de entrenador, ni los fichajes a golpe de talonario, ni el bombo han sido suficientes y la evidencia es tan abrumadora que hasta las jugadoras madridistas parecen amateurs con la moral por los suelos y cada vez que se enfrentan al Barça la distancia no sólo no disminuye, sino que la brecha se agiganta. En el último clásico, por ejemplo, ni siquiera tiraron a puerta. Y encima ahora todo apunta a que tendrán que soportar la última humillación de la temporada en un Camp Nou preparado para el festival.

El mérito absoluto es de un Barça que no se cansa de ganar, que mantiene el espíritu competitivo y lo eleva al máximo nivel, que se ha sobrepuesto a contratiempos tan importantes como la baja de Aitana Bonmatí o los tres meses de lesión de Patri Guijarro y que mirando a la cantera por la ausencia de fichajes ha descubierto a perlas como Clara Serrajordi. Si además se añade el factor afición, la comunión, la identificación entre grada y equipo mientras que el Real Madrid sigue jugando en la Ciudad Deportiva, la goleada, aún antes de que comience el partido, es de escándalo.

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