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Deportes  /  Fútbol 12/06/2022

Catar quiere un Mundial con los homosexuales en el armario (y no les garantiza seguridad)

Desde la organización no explican qué puede pasar si expresan "muestras de afecto en público"

Jordi Cardero
5 min
Un imagen de archivo de un banderí de córner con los colores LGBTIQ+ al estadio del Ausburg alemán

BarcelonaEl mundo del fútbol se paralizará en medio año con el inicio del Mundial de Catar. Será el último gran baile de Leo Messi y Cristiano Ronaldo –quizás, también de Neymar–; la Francia de Kylian Mbappé defenderá el trono de la campeona y la España de Luis Enrique intentará deslumbrar como lo hizo la de Vicente Del Bosque. Fuera de los estadios, el ambiente festivo no llegará a todo el mundo. Nasser Al Khater, máximo responsable de la comisión organizadora de la cita, dijo hace unos meses que los homosexuales serían "bienvenidos", pero les pedían "respeto por la cultura, no expresar muestras de afecto en público". El torneo más importante de este deporte se celebrará en un país en el que la homosexualidad está penada con hasta siete años de prisión. El ARA ha conversado con colectivos LGBTIQ de diferentes países participantes, así como con la FIFA o el Comité Supremo de Catar, que no ha querido aclarar a qué riesgos se exponen las personas homosexuales.

"El Mundial no tendría que servir para ocultar las violaciones de los derechos humanos, sino para ponerlas sobre la mesa y que la gente tenga información sobre dónde se celebrará el torneo", explica Carlos de las Heras, responsable de deportes y derechos humanos de Amnistía Internacional. La FIFA ha anunciado que habrá mujeres arbitrando en el Mundial por primera vez. Fuera de los estadios, sin embargo, la realidad es y será muy diferente. El código penal del país árabe no prevé la homosexualidad entre mujeres, porque están sometidas en el sistema de tutela: hay cosas que solo pueden hacer con el permiso de un hombre. Las violaciones de los derechos humanos en Catar son reiteradas. Durante la construcción de infraestructuras para el Mundial, miles de trabajadores, la mayoría migrantes, perdieron la vida y otras no cobraron el sueldo prometido. Amnistía Internacional ha pedido que se destinen más de 400 millones de euros a reparaciones para las personas que han trabajado o a los familiares de los que han perdido la vida. El diario inglés The Guardian publicó hace un año que 6.500 trabajadores migrantes habían muerto en la última década a pesar de que Catar de momento solo ha reconocido tres.

La selección alemana, con camisetas reivindicativas, antes de un partido.

"Es chocante y decepcionante. Me horroricé cuando nos explicaron qué pasa allí", dijo Jordan Henderson, capitán del Liverpool. Louis Van Gaal, exseleccionador neerlandés, respondió a la FIFA cuando el organismo relató que el Mundial serviría para "desarrollar el fútbol": "Y una mierda, es solo por el dinero". En la misma línea, el exfutbolista francés Eric Cantona declaró que no verá el torneo, porque "no será un Mundial de verdad".

Catar no asegura la libertad a los homosexuales que viajen

"Catar es plenamente consciente de los requisitos de la FIFA en materia de derechos humanos, igualdad y no discriminación. Se han comprometido a que todo el mundo disfrute de un torneo seguro y acogedor", explica un portavoz de la FIFA al ARA. Desde Catar piden que no se hagan "muestras de afecto en público", a pesar de que remarcan el "respeto por la privacidad individual". "Está mal visto darse la mano, abrazarse o darse besos", detalla De las Heras, "y mucho más entre homosexuales", añade. La FIFA invitó al ARA a dirigirse al Comité Supremo de Catar. Un portavoz de este estamento pidió "respetar las normas culturales", pero dejó de responder, a pesar de la insistencia de este diario, a la pregunta sobre qué pasaría si dos personas homosexuales tuvieran las mencionadas muestras de afecto en público.

Dentro del colectivo LGBTIQ no comparten la postura de los organizadores. "Yo no me limitaré para parecer un heterosexual. Ir a sufrir, sentir miedo y no poder expresar tus sentimientos no tiene sentido", dice Juan Morino, secretario de deportes de la Federación Argentina LGBT. "No iré porque no me sentiría seguro. No tendría libertad individual, como tampoco tienen las mujeres", comenta Mario Mussio, presidente de la organización uruguaya Orgullo Celeste. "Te obligan a seguir unos criterios heteronormativos para no tener problemas", sentencia Joan Miró, presidente de Panteras Amarillas, club barcelonés LGBTI.

"No me sorprende que la sede sea Catar después de que el Mundial de 2018 se celebrara en Rusia", continúa Mussio. En el país gobernado por Vladímir Putin existe una ley contra la "propaganda homosexual", que tiene el objetivo de "proteger a los niños de la información que aboga por la negación de los valores familiares tradicionales". Miró menciona que "es evidente que Rusia o Catar necesitan una campaña de marketing y utilizan el Mundial para blanquear la falta de respeto a los derechos humanos". De las Heras cree que "el lavado de cara deportivo se ha acelerado por la entrada en el mundo del deporte de los países del Oriente Medio". "Algún día se les acabará el dinero del petróleo y están intentando diversificar su economía. El deporte es una de sus estrategias: un Mundial es una oportunidad para mostrarse al exterior. Muestran una cara que poca cosa tiene que ver con la realidad, parecen incluso países democráticos", añaden desde Amnistía Internacional.

España da la espalda a los derechos humanos

La Real Federación Española de Fútbol, con la mediación de Gerard Piqué, llevó la Supercopa a Arabia Saudí. Desde Amnistía Internacional enviaron a la federación unos brazaletes de color lila con el lema "Igualdad" para que los futbolistas los lucieran. Luis Rubiales tildó el gesto de "escándalo mediático", el trabajo de la ONG de "desleal" y añadió que lo correcto habría sido pedir una reunión. "Hacía tres años que la pedíamos", revela al ARA De las Heras. No sería la última vez. Antes de empezar la fase de clasificación en el Mundial, Amnistía repitió el gesto, esta vez con brazaletes amarillos con el lema "Derechos humanos en Catar". Enviaron varias cartas, pero la Federación no respondió ninguna.

Por otro lado, hace unos días Martínez Almeida, el alcalde de Madrid, defendió la monarquía en un acto en el que entregó las llaves de la ciudad al emir de Catar. "El rey de España y el emir de Catar han sido cruciales a la hora de poner en marcha el motor del cambio y mantenerlo en la dirección idónea por el bien de nuestros pueblos", dijo Almeida. Los futbolistas de la selección alemana y la belga del catalán Robert Martínez, en cambio, han tenido reuniones con Amnistía para conocer la situación que se vive en Catar, mientras que la Federación Danesa ha publicado informes para sus seguidores con el mismo objetivo. Explicaron que los jugadores lucirían mensajes críticos con Qatar durante los entrenos de los partidos que disputen.

"Que se celebre el Mundial en un país que no respeta la diversidad sexual es un obstáculo para que muchos deportistas puedan salir del armario o se expresen con libertad", dice Joan Miró. "Un acontecimiento de esta magnitud se tiene que celebrar en un país que garantice la libertad de expresión y los derechos humanos", añade Ronaldo Calado, presidente de Karyocas Sporte Clube, organización deportiva que defiende los derechos LGBTI. Amnistía Internacional solicitó una reunión con la FIFA en 2015 y la organización se la concedió hace unos meses, siete años después. "Nos dijeron que están preocupados por la situación, pero de las palabras a los hechos, la realidad es que la respuesta es bastante decepcionante", indican desde la ONG.

En solo seis meses, los ojos de millones de personas se engancharán al césped de unos estadios espectaculares. Detrás de estos escenarios extraordinarios, sin embargo, se esconde la sangre de miles de trabajadores que perdieron su vida construyendo un país que quiere parecer moderno. En las calles, las mujeres seguirán tuteladas por el hombre y la homosexualidad todavía estará penada con hasta siete años de prisión. A los que se atrevan a ir no se les asegura que no les pasará nada.

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