Queralt Castellet: buscar medalla contra rivales que no habían nacido cuando debutaste en los Juegos

La sabadellense, medallista olímpica hace cuatro años, busca hoy una segunda medalla con 36 años

Queralt Castellet, en los Juegos Olímpicos de 2026
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BarcelonaCuando Queralt Castellet (Sabadell, 1989) debutó en unos Juegos Olímpicos, todavía iba al instituto y preparaba exámenes de literatura catalana durante los entrenamientos. La joven vallesana se clasificó a última hora para la prueba de migtubo de snowboard, sorprendente por su buen nivel aunque tenía menos experiencia que las demás competidoras. Aquel debut fue un lejano 2006, en los Juegos de Turín, en la pista de Bardonecchia. 20 años después, Castellet participa en sus sextos Juegos Olímpicos en el mismo escenario, los Alpes italianos, aunque algo más en el este, en Livigno. "Volver a unos Juegos en los Alpes me ha despertado muchos recuerdos. Aún siento la misma ilusión, tengo mariposas en la barriga de los nervios. Fue en Turín en el 2006 cuando vi claro que quería ganar una medalla olímpica", explica.

Y, de hecho, ya tiene su medalla, la que logró hace cuatro años en Pekín, cuando se convirtió en la primera deportista catalana en ganar una medalla olímpica en unos Juegos de Invierno con la plata a mediotubo. Cuatro años después, puede sumar una segunda medalla en la final de esta noche, donde se enfrentará a rivales que, en muchos casos, no habían nacido cuando ella debutó en los Juegos en el 2006, como la japonesa Shimizu Sara, de 16 años. La Queralt es la única europea finalista en un deporte dominado por las asiáticas y las estadounidenses, pero llega con optimismo tras subirse al podio en los últimos X Games en una final contra las mismas rivales.

“Todos mis Juegos han sido únicos y especiales, incomparables entre sí. Los primeros que tuve fueron en Turín y vengo aquí ahora con la misma ilusión, con el mismo enfoque que yo tengo en el snowboard, con mi pasión. Juegos", explica una mujer que se marchó joven de casa para poder vivir donde hay nieve, ya que no hay ninguna pista de migtubo en los Pirineos. Castellet se ha convertido en un vagabundo que ha vivido en Nueva Zelanda y vive arriba y abajo, y se ha convertido en todo un referente de esta espectacular modalidad donde hay que bajar por una pista con rampas laterales que permiten dar saltos donde se hacen trucos puntuados por los jueces. Una carrera larga que empezó cuando los padres cogían el coche e iban de Sabadell hacia el Pirineo para esquiar, época en la que descubre las tablas de snow. Eran una nueva moda que llegaba a Catalunya que enamoró a esa niña que había hecho gimnasia rítmica, porque no sabía quedarse quieta. Persiguiendo el sueño, ha vivido lesiones, caídas y golpes duros como la muerte de su entrenador y pareja sentimental, Ben Jolly, en el 2015. Castellet le había conocido en Wanaka, en Nueva Zelanda, y empezaron a trabajar juntos. Él la convenció para pasar medio año en el sur de Nueva Zelanda y medio en Estados Unidos. Pero en el 2015, justo cuando Castellet vivía un momento deportivo dulce, diagnosticaron un tumor de cerebro en Jolly.

Superando golpes, Castellet nunca ha dejado de ser competitiva en un deporte con rivales cada vez más jóvenes. Hace 20 años, ella era la pequeña. Ahora es la veterana. Este año espera poder revivir las sensaciones de 2022, cuando "ganar una medalla fue muy especial". "Era lo que llevaba mucho tiempo persiguiendo y no conseguía ganarla. En Pekín lo hice, hice la ronda que quería y para mí fue una satisfacción, un logro grandísimo", explica una mujer que se queja de la falta de instalaciones en el Estado. Y todo, sin cerrar sus puertas a seguir compitiendo en el futuro, a pesar de ser de las más veteranas. "No pienso en plegar, pienso en la próxima temporada, pero es cierto que no tengo claro dónde estaré dentro de cuatro años", dice en referencia a los Juegos de Invierno del 2030. De momento, ya es la primera mujer que participa en seis Juegos de Invierno diferentes con la delegación española, encadenando cinco finales consecutivas en la prueba de medio. Solo faltó en la final de los Juegos de Vancouver del 2010 aunque se había clasificado, pero se lesionó en un entrenamiento previo tras su caída.

En Livigno, Queralt buscará la segunda medalla con el apoyo de su gente, su familia, que ha venido para apoyarle. "Poder tenerlos es especial, sin ellos no habría llegado aquí", defiende. En la fase previa dio los saltos, con una séptima posición que le da opciones al podio. Todo puede ocurrir, cuando Queralt baja por el mediotubo.

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