Joan Solé: ¿Miedo, la grada del Barça? Más me dan los que llevan corbata
Asesor de comunicación y fundador de Cultura a la Grada
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En WhatsApp tiene el tipo de foto de perfil que también le sirve para LinkedIn: "Es de las pocas en las que salgo bien". Pero Joan Solé acumula más de ciento cincuenta mil seguidores en Instagram y TikTok y vídeos con decenas de millones de visualizaciones justamente porque no pone su cara ante la cámara, sino que documenta los rituales, la historia y la cultura que rodea al Fútbol Club Barcelona. Ha impulsado Cultura a la Grada, una iniciativa "que defiende una forma de vivir el Barça alejada del fútbol moderno".
Cierro los ojos: nárrame el recuerdo con el que explicas qué significa ser del Barça.
— Estamos viendo un Madrid-Barça con mi padre y mi hermano en el comedor de casa a principios de los 2000, plena sequía de títulos. Rivaldo marca el 2 a 3 en el último minuto, nos abrazamos y gritamos como locos. El árbitro lo anula, me quedo helado. Mi padre nos dice "Esto es ser del Barça".
¿Puedes definir este "esto"?
— Que lo más importante no es ganar, sino plantar cara. Que el fútbol se debe vivir con pasión y alegría. Y que el Barça te acompaña toda la vida y une a todas las generaciones de la familia.
¿Cuándo te das cuenta de que esto está en peligro?
— Primero cuando Rosell cambia Unicef por Qatar. Después cuando en el clásico de 2019, que ganamos 5-1, me encuentro que a mi alrededor ya no están los de siempre, sino un grupo de turistas franceses celebrando el gol del Madrid. Cambian las prioridades, el negocio pasa por encima, los precios de las entradas se disparan. Se aleja el club de su gente.
¿Este dinero no es esencial para competir?
— Es una falsa dicotomía. El mejor Barça de la historia se construyó a partir de La Masia, y el de ahora, también. Facturar más no equivale a jugar mejor. No somos del Barça porque sea el club que más factura ni el que más títulos tiene, sino por lo que representa.
¿Cómo se vive un partido desde la grada de animación?
— Sientes que formas parte de la acción. Ves cómo los jugadores reciben tu apoyo y, muchas veces, te lo agradecen. Es un espacio de resistencia al fútbol moderno, de reivindicación de los valores del club. La gracia del Camp Nou es que convivan el que está con un auricular escuchando la radio y el que se pasa el partido de pie con un megáfono.
¿Qué le dirías a alguien que os ve y se asusta?
— ¿Miedo, de la grada del Barça? Más lo dan los que llevan corbata y quieren que nuestro estadio sea una experiencia turística más de la ciudad. Los recibimientos al autocar con bengalas, los cánticos o las banderas que ondean durante el partido son para transmitir una pasión que hemos heredado y queremos legar a las nuevas generaciones. Los primeros interesados en criminalizar la grada son los que quieren que todo sea un negocio. Tener una afición que todavía vive la animación con pasión es un tesoro que no podemos perder.
¿Qué debemos saber de la nueva generación de seguidores del Barça?
— Los jóvenes están entusiasmados con un equipo que aspira a todo y que tiene jugadores que tienen su misma edad. Al mismo tiempo, es una generación que lo tiene peor que nunca para construir un proyecto de vida dentro de su país y encontrar un buen trabajo para seguir viviendo en su barrio. ¿Cómo lo gestionan? Siendo más combativos y desacomplejados.
Se dice que no habría habido Procés sin el Barça de Messi y Guardiola.
— El Barça está ligado al país desde sus orígenes y representa la lucha de los catalanes contra el centralismo español. La misma frustración que estos días se expresa en la lucha por la vivienda, en jóvenes con conciencia nacional también se puede expresar en la lucha por la libertad del país. Por eso en la Diada se vieron más camisetas del Barça que nunca.
Entonces, ¿el Barça de Flick puede hacer revivir el independentismo?
— El Barça puede encender la mecha, pero hace falta que sea la política la que recoja el testigo.
El vocabulario político de esta generación parece muy diferente al anterior.
— Hay un gran desacomplejamiento a la hora de decir claramente las cosas. De la misma manera que, si se lo preguntas a Lamine Yamal, te dice que se merece el Balón de Oro, uno de estos jóvenes te dirá que quiere la independencia sí o sí y que "Puta España". La nueva generación no necesita pedir perdón todo el rato.
¿Este desacomplejamiento ayuda a explicar el auge de Aliança Catalana?
— Tras una década sin relevos en los partidos independentistas, irrumpe una formación que habla de manera desacomplejada de temas de los que se supone que no se puede ni hablar, y que critica a los líderes del Procés y del españolismo de maneras muy explícitas y contundentes. Este lenguaje parece que interpela a los jóvenes. Aunque todavía está por ver cómo se concreta electoralmente.
¿Cómo es la convivencia entre seguidores del Barça con diferentes ideas?
— A todos nos une el hecho de que queremos ver a un Barça campeón. Si todos los partidos independentistas tuvieran el mismo talante, ahora ya haría nueve años que seríamos una república.
Me imagino a gente anticipando un lado oscuro en este desacomplejamiento.
— Esta generación se ha politizado en el post-Procés, con la derrota de los partidos y las organizaciones. Hay una analogía entre este recelo que dices, el que despierta la animación apasionada y el que causaban los jóvenes de Urquinaona. Todo ello se etiqueta como violento, porque cuesta entender que hay gente que comprende que la confrontación con el estado español es mucho más seria de lo que se nos dijo durante el Procés y, a la vez, está dispuesta a hacer más sacrificios para conseguir los objetivos.
¿Cómo te hace sentir este cambio?
— Muy cómodo, porque no hay un giro ni un enfrentamiento entre generaciones, sino una evolución y una acumulación de aprendizajes que nos puede unir a todos.