Moda

Bad Bunny y el mensaje político de un vestido de Zara

Bad Bunny en el espectáculo de la media parte de la Super Bowl 2026.
11/02/2026
Analista de Moda i Tendències
3 min

BarcelonaDespués de la última actuación de la Super Bowl, no hay margen para la duda: Bad Bunny ha hecho historia. Más que actuar, tomó partido. No solo por la música y por el formato del espectáculo, sino porque convirtió uno de los escenarios más normativos y sistemáticamente despolitizados de la cultura norteamericana en un espacio cargado de simbología y de posicionamiento político inequívoco. Un gesto especialmente significativo en un contexto marcado por las deportaciones indiscriminadas, la violencia institucional y la brutalidad ejercida por el ICE, con una comunidad latina sistemáticamente criminalizada y profundamente damnificada.

El mismo formato de la actuación ya funcionaba como una declaración de intenciones a través de un falso lipdub. Sin ser un verdadero plano secuencia, proponía un recorrido de continuidad espaciotemporal por elementos idiosincrásicos de la cultura puertorriqueña. En este desplazamiento constante, Bad Bunny rompía la estructura habitual del halftime show: una cámara circular pensada para glorificar a la estrella, situada en el centro y rodeada por un cuerpo de baile que acentúa su hegemonía. Aquí, en cambio, el artista cuestionaba su propia centralidad al rebajar la distancia entre él y el resto. Así, el cuerpo de baile y todos los que ocupaban el escenario dejaban de ser decorado para convertirse en comunidad. Una manera de mostrar cultura que no pasa por la exhibición folclórica ni por el orden coreográfico clásico, sino por la afirmación orgullosa de ser sujeto cultural.

En Bad Bunny, la indumentaria tampoco es nunca un accesorio. Lo dejó claro recreando, con su traje hecho a medida por Zara y con la vestimenta del resto de participantes, la figura del jíbaro. El jíbaro es la figura histórica y cultural del campesino puertorriqueño, asociada al mundo rural. A pesar del menosprecio colonial que lo consideró durante siglos atrasado e inculto, con el tiempo se ha convertido en un símbolo identitario de resistencia, dignidad y arraigo cultural frente a la colonización, la pobreza y la subordinación política. Colores terrosos, vinculados tanto a la escasez de recursos como a la relación con la tierra, y la pava como pieza emblemática: un sombrero de paja trenzada pensado para proteger del sol durante el trabajo agrícola que Bad Bunny ha lucido con orgullo incluso en la gala del Met, elevándolo a categoría de símbolo nacional, memoria colectiva y dignificación de clase.

Bad Bunny durante el espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl.
Uno de los integrantes del espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl con el sombrero de paja puertorriqueño.

Identidad caribeña

La estética de Bad Bunny está siempre atravesada por elementos identitarios caribeños. Es el caso de la guayabera, camisa de lino o algodón con cuatro bolsillos y pliegues verticales, que encarga a diseñadores puertorriqueños. También el traje sastre claro, tan recurrente en su imaginario, es fruto del mestizaje con los patrones europeos. En manos de los sastres caribeños, sin embargo, este traje rompe la rigidez y la disciplina del modelo occidental mediante tejidos más porosos, estructuras más relajadas y decoraciones verticales derivadas de la guayabera que, además de ornamentar, facilitan la ventilación y la adaptación al clima tropical. Bad Bunny, de manera consciente, al reivindicar la identidad boricua –la manera puertorriqueña de afirmarse culturalmente más allá del marco colonial– revierte siglos de colonialismo estético que han pretendido imponer la cultura hegemónica a costa de borrar la de Puerto Rico.

NUEVAYoL, una de las canciones que sonaron en la Super Bowl, no es la más famosa de su repertorio, pero sí una de las más elocuentes para entender cómo Bad Bunny reflexiona sobre la migración, la diáspora puertorriqueña, el acento y la ciudad vivida desde la periferia social. En NUEVAYoL, aquello que podría ser motivo de burla –el cambio de la “R” por la “L”– deviene título de canción. Porque en Bad Bunny, el acento –como la ropa– no se corrige ni se esconde; se exhibe con orgullo.

Bad Bunny
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