Motivación

Empezar de cero: "Escuchar tu incomodidad te fuerza a tomar decisiones"

Cambiar de trabajo y de vida de forma radical no es nada fácil, pero mucha gente se ha escuchado a sí misma y ha dado el paso. Te contamos algunas de sus historias

Los protagonistas del reportaje fotografiados en sus nuevas vidas
Motivación
Ana Basanta
18/01/2026
10 min

¿Quién no ha pensado alguna vez en dejarlo todo y realizar un cambio radical? Pero dejar un trabajo estable es difícil, formarse en un nuevo sector requiere esfuerzo, arrastrar a la familia es un peso añadido, y nadie garantiza el éxito. Los y las protagonistas de estas historias se han escuchado a sí mismas y han decidido hacia dónde querían ir. Más fácil de decir que de hacer.

FOTO LAURA PUIG

De abogada a nutricionista

Laia Puig: "Ahora trabajo mucho más que antes pero me siento más llena"

Cuando Laia Puig decidió estudiar derecho con dieciocho años, pensó que era una carrera de prestigio y que, de algún modo, era lo que se esperaba de ella en casa, ya que los padres habían trabajado para que ella tuviera la oportunidad de ir a la universidad. Después realizó un máster a distancia mientras trabajaba en un despacho de procuradores en Granollers. En poco tiempo tuvo la sensación de que estaba sufriendo, de que no estaba disfrutando: "El máster en la UOC era durísimo y el ritmo de trabajo que llevaba no me gustaba, rodeada de abogados en los juzgados que, lejos de la imagen utópica del abogado defensor, la mayoría trabajaban para aseguradoras. Lo vivía con mucha ansiedad.

En 2018, en medio de un proceso que recuerda con mucha angustia, tuvo la necesidad de estudiar algo que lo motivara. Le gustaba la cocina y la comida saludable, y optó por el mayor grado de dietética de formación profesional. "De repente, estudiar era un gusto, y los trabajos no eran una tortura". En 2020, con la llegada de la Covid y un ERTO (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) al despacho, despertó una nueva vocación. "Yo estaba tranquila, las revoluciones habían cambiado, hacía yoga y me abrí una cuenta de Instagram, @eatwlaia, para compartir cosas de dietética y comida", dice.

Laia Puig grabando un vçideo por su canal

El día que se descuidó la documentación del juzgado en un lavabo de un parking se dijo a sí misma que era una señal. Y cuando la despidieron del trabajo, aunque inicialmente lo vivió con incertidumbre, pronto entró a hacer prácticas en la empresa Eres Lo Que Comes. Primero redactaba contenidos para el blog y después se encargaba de las redes sociales. "Tuve nervios, pero estaba convencida de que estaba siendo valiente y que eran cosas muy bonitas que me hacían sentir bien", declara.

Cuatro años después se reafirma en la decisión y ha comenzado una nueva faceta como chef de retiros espirituales. Para Laia, que ahora vive en Sabadell, el cambio ha merecido mucho la pena: "No quiero vivir en una rueda que me atrapa y me angustia. Ahora trabajo mucho más que antes, pero me siento más llena y satisfecha. Tú sabes dónde tienes que estar, lo sabes tú y tu cuerpo, no lo estás, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes, también lo sabes; motivos".

FOTO JAVIER MARTÍN

De bailarín a educador social

Javier Martín Luque: "Fue un choque emocional tener que dejar el baile, pero eso también me hace vibrar"

Con catorce años, Javier Martín Luque terminó la EGB y empezó a estudiar formación profesional porque pensaba que no era suficientemente inteligente para hacer BUP y COU. Escogió delineación porque era el que más encajaba en su familia, con tíos y hermano mayor en la construcción. Vivía en la Ciudad Cooperativa, un barrio obrero de Sant Boi de Llobregat con grandes bloques de pisos formado sobre todo a raíz de la emigración andaluza y extremeña. Se convirtió en delineante técnico de edificios y obras, una salida que le gustaba porque le fascinaba la arquitectura, pero Javi "moría por bailar", y el sueldo de delineante le sirvió para pagarse las clases de baile. A sus 22 años, entró en la escuela de Coco Comín, le fueron saliendo bolos y, con el tiempo, compaginó la delineación con una incipiente carrera artística. "Recuerdo que los lunes actuaba en una discoteca hasta las tres de la madrugada y al día siguiente debía entrar a las nueve en la oficina", relata.

A los 31 años, se sentía agotado. Estaba a punto de echar la toalla con el baile cuando hizo el casting para Grease, el musical de tu vida dirigido por Coco Comín, Manu Guix y Ricard Reguant, y pasó a formar parte del elenco. "Estaba trabajando en una ingeniería de movilidad de Barcelona y lo dejé. Lo dejé llorando, pensando en dónde me estaba metiendo, pero también me sentía afortunado", explica. En casa no acababan de entenderlo, y es que la lucha de los padres había sido trabajar para que sus hijos tuvieran los estudios que ellos no pudieron tener.

Javier Martin fotografiado por la entrevista con el ARA

Estuvo siete años actuando en Grease, entre Barcelona y Madrid, con algunas épocas en paro entre temporada y temporada, y recibiendo clases de comedia musical, de canto y de interpretación. "La danza y todo lo artístico es muy sacrificado. No solo tienes que actuar, debes estar en constante formación, pero yo nunca agoté la adrenalina del escenario", asegura. Actuó en El Molino, estuvo nueve meses en un crucero, tuvo contratos por actuaciones de un día, pero tuvo que decir adiós: "Los estándares del mundo artístico te obligan a dejarlo porque existe un perfil físico de belleza que con 41 años ya no cumples. Fue todo un choque emocional".

Un día, de vacaciones en una playa de Malasia, de forma natural jugó con unos niños e hizo de dinamizador. Aquí pensó que su futuro debía estar relacionado con el mundo social, y recordó que había sido feliz cuando era adolescente como voluntario en diversas entidades de Sant Boi. Pocos días después una amiga le dijo que había una vacante de conserje en la Fundació Arrels, que trabaja con personas sin hogar. Se trataba de un trabajo en un piso, donde personas que viven en la calle podían pasar la noche.

Durante los cinco años que estuvo en el Piso Cero de Arrels estudió integración social (dos años de FP) y educación social (cuatro años en la universidad). Fueron muchas noches acompañando a hombres y mujeres con una salud física y mental muy deterioradas. De esas vivencias, ha nacido el libro Abierta de par en par, en la que relata la experiencia de una educadora con mujeres sin hogar. Con una mezcla de ficción y realidad, quiere visibilizar las vidas de estas personas desde la dignidad, el respeto y la ternura.

Actualmente, continúa como educador social en el centro ocupacional El Troballa de la Fundación Arrels y, recientemente, ha terminado un máster de salud mental comunitaria. Además, es profesor de baile en la escuela Núria Dansa unas horas a la semana. Con la distancia, Javi lo tiene claro: "Me he esforzado toda mi vida en hacer lo que me hace vibrar, y la educación social me hace vibrar muchísimo".

FOTO PAREJA DE TREMP

Dejar Barcelona por el Pallars

Ester Ferrando y Jaume Catalán, entre "la necesidad de cambio constante" y el "no detenerse nunca"

Ester Ferrando era secretaria del gabinete de Presidencia de la Generalitat y Jaume Catalán era educador en un centro ocupacional de Barcelona. Eran jóvenes, tenían trabajo, dos hijos pequeños y una vivienda en propiedad. Seguramente, éste sería el sueño de muchas parejas, pero llevaban año y medio tanteando la idea de dejar la ciudad. Cuando eran niños, habían estado en una agrupación de escuchas y siempre les había gustado estar en contacto con la naturaleza. Pero volver a casa los domingos por la tarde y ser recibidos por el atasco de tráfico daba mucha pereza. Cuando anunciaron que se marchaban a un pueblo de los Pirineos, la familia y las amistades se sorprendieron: "¿Me vais? ¿Dejáis los trabajos?", eran las preguntas que más se repetían. Hace 22 años compraron una rectoría en Guardia de Tremp, o Guardia de Noguera (tiene los dos nombres), y la reconvirtieron en un hotel rural con siete habitaciones: La Rectoria.

Los primeros años fueron muy bien, pero la crisis del 2008 pasó factura y, pese a haber vendido el piso de Barcelona, ​​las deudas se acumulaban. Negociaron con el banco una dación en pago y se replantearon lo que querían hacer. Se trasladaron a Tremp, porque tenían claro que el Pallars Jussà y despertar entre montañas era lo que les gustaba. Ester empezó a trabajar como administrativa en los Mossos d'Esquadra de Pons, de Sort y, más adelante, de Tremp. Jaume hizo de cocinero en la escuela del municipio y, actualmente, es primer teniente de alcalde, desde las elecciones municipales de 2023.

Esther y jaume fotografiados cerca de su casa

Continúan subiendo y bajando a Barcelona para visitar familia y amigos, pero cada vez menos. Hace pocas semanas uno de los hijos les dijo: "Venir aquí fue la mejor decisión que tomó". Y ellos también lo piensan: "Se vive muy bien aquí arriba". Jaume y Ester creen que no se quedarán en Tremp, sino que irán a un lugar más pequeño. Él habla de una constante "necesidad de cambio" y ella de "no detenerse", siempre con el convencimiento de que cada paso que han dado ha sido todo un aprendizaje. Un poco por casualidad, conocieron la organización de Artesanos de la Madera del Alt Pirineu y se han aficionado a la madera, sobre todo Ester. Los cambios han ido de la mano con el diálogo entre el matrimonio. Tal y como dice Jaume, que hace un año escribió un libro de poesía, en este caso, "el anclaje es la pareja".

FOTO XAVIER MOYA

Dejar las adicciones y convertirse en terapeuta

Xavi Moya: "He recuperado el amor hacia mí"

Xavi Moya se define como un adicto en recuperación desde que en 2016 decidió dejar las drogas y, con mucha terapia, ayuda y deporte, se convirtió en un apasionado corredor. Ya han pasado nueve años y más de 20.000 kilómetros corridos. Él recuerda con exactitud el día y la hora en la que hizo el clic. "Toqué fondo el 15 de junio del 2016 a las 7 de la mañana. Después de una noche de consumo, solo en casa, cerrado, derruido, con todo el entorno social reventado, me desperté y vi que tenía una cuerda colgada del techo. Tuve un intento de suicidio", explica.

Xavi pidió ayuda a su madre e ingresó en un centro privado de desintoxicación en la Garriga durante nueve meses. A partir de ahí ganó en autoestima, recuperó la autonomía y se centró en visibilizar el problema de las adicciones y los estigmas que le rodean. El deporte, y en concreto correr, le ayudó muchísimo, hasta el punto de que cada día corría dos horas como mínimo, y hoy en día es asiduo a maratones, medias maratones, carreras locales e, incluso, se atreve con carreras en los desiertos del Sáhara (Marruecos) y del Gobi (Mongolia).

Xavi Moya entrenando una mañana lluviosa

Deporte y divulgación se han convertido en dos nuevos ejes de su vida. Hace charlas a entidades y escuelas, y entrevistas a medios de comunicación para sensibilizar sobre las adicciones y tratarlas como patologías y no como vicios. No lo hace para ganar dinero, sino que lo que recauda lo destina a ayudar a personas con adicciones que no tienen recursos suficientes para rehabilitarse, porque él mismo se encontró con que la sanidad pública estaba muy limitada y que pudo recuperarse gracias a la almohada económica y familiar.

Este atleta de 51 años, que afirma estar en continuo aprendizaje, ahora es voluntario en el centro de adicciones Bellamar de Tarragona y se está formando como terapeuta para aportar su experiencia y su mirada a personas que, como él, intentan volver a empezar. Xavi está focalizado en su crecimiento personal y todo en lo que ha ganado: "He recuperado el amor hacia mí, y sonrío todos los días".

FOTO MERCEDES BREY

De directiva bancaria en 'coach'

Mercè Brey: "No me fui enfadada, pero había cosas que quería hacer de forma diferente"

Mercè Brey estuvo cerca de treinta años en la primera línea del sector bancario, con la especialidad de internacionalización financiera de las empresas. Viajó acompañando a empresas españolas a desarrollar sus proyectos a otros mercados como el de Turquía, Sudáfrica, China o Angola. Fue directora comercial de negocio internacional de Banco Sabadell y directora de comercio exterior en CaixaBank, convirtiéndose en la primera mujer presidenta de la Cámara de Comercio Italiano en Barcelona, ​​una institución que entonces tenía 125 años de historia. Estuvo muy vinculada a la docencia e dio clases de economía mundial, comercio internacional y finanzas en diferentes universidades.

Toda aquella experiencia le hizo pensar que la formación en las escuelas de negocio era muy mecanicista: "Te enseñaba a hacer cosas, pero no tanto a entender a las personas ya dirigirlas, y sentí que se necesitaban otras herramientas". Ser una mujer joven, liderar equipos muy masculinizados y motivar a las personas no era tarea ni fácil ni automática.

Mercè Brey en su despacho

El proceso de ruptura de Mercè Brey fue meditado. El hecho de viajar y conocer una gran diversidad de culturas le sirvió para entender que "la genuina diferencia de las personas es pura riqueza". Por otra parte, quería escribir (ya tiene tres libros: Eres lo mejor que te ha pasado, Alfas&Omegas y La millonésima mujer) y quería tiempo para estar con los hijos, ya adolescentes, antes de que se marcharan del nido. Necesitó un par de años para dar el paso y, cuando se lo consultó a su pareja y sus hijos, recibió el apoyo de todos.

"En un momento determinado pensé que ya era suficiente. No me fui enfadada, sino con mucho agradecimiento por la experiencia acumulada, pero había cosas que quería hacer de forma diferente". Con este objetivo nació en Sabadell, su ciudad, la consultora BLUE (Balance, Leadership, Uniqueness y Empowerment), especializada en liderazgo femenino e inclusivo. Su vida ahora es completamente diferente: "Clarísimamente he ganado en libertad, decido sobre mi tiempo y con qué personas quiero trabajar, y he ganado en equilibrio y coherencia, no siempre cuando estás en un entorno organizativo y cargos de responsabilidad puedes ser coherente contigo misma, y ​​eso rompe mucho", asegura.

Mercè confió en sus habilidades y desoyó los miedos de otras personas que cuestionaban que dejara un buen sueldo y un buen trabajo. La respuesta era que empezaba a sentirse incómoda. "Cuando escuchas esa incomodidad, te lleva a un escenario en el que debes tomar decisiones, y todas las decisiones tienen sus consecuencias. La red de contactos que tienes por un determinado cargo se pierde, ya dejas de formar parte de la tribu, y llegas a sentirte sola", dice. Ya hace siete años que Mercè Brey empezó desde cero y, desde entonces, hace desde formaciones a equipos directivos de universidades y escuelas hasta mentorías a mujeres jóvenes ya directoras. A los 57 años se plantea que, con la de horas que uno pasa en el trabajo, "¿cómo sería que las organizaciones fueran palo de pajar para cambiar la sociedad?".

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