"Es mi historia": un proyecto universitario intenta salvar la memoria de las familias de la dana

La iniciativa prevé restaurar más de 2,5 millones de fotografías dañadas durante la catástrofe

Restauración de fotos dañadas en la dana de Valencia.
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Paiporta"Son mi historia personal, si las pierde, perderé la mitad de mi historia", se lamenta Rafael. "Recuperarlas sería sanador", suspira Aurelia. "Lo es. Yo ya he podido y estoy muy agradecida", confirma aligerada Amparo. La conversación tiene lugar en una casa del centro histórico de Paiporta, el epicentro de la fatídica dana que se llevó la vida de 230 personas sólo a la Comunidad Valenciana. La mesa en torno a la que se sientan los tres amigos está llena de papeles y fotografías. Algunas son imágenes recuperadas de las garras de la catástrofe, otras, el testimonio de la impronta de las inundaciones. Con calma, repasan una a una las instantáneas. Su contemplación les despierta los recuerdos y anécdotas. Unas dibujan una sonrisa, otras hacen que se humedezcan los ojos y que afloren las lágrimas.

Para evitar que Rafael pierda un archivo fotográfico familiar que se remonta a la última década del siglo XIX y hacer posible que Amparo y Aurelia preserven los recuerdos de sus años de novatos o de cuando sus hijas eran pequeñas, 18 entidades, entre universidades y escuelas de conservación y restauración de todo. La iniciativa nació tan sólo dos días después de la tragedia de la mano de la Universidad de Valencia (UV) que habilitó un correo electrónico y un número de teléfono para que las familias damnificadas pudieran ponerse en contacto. Paralelamente, y dado que entonces el barro lo llenaba aún aunque en numerosos municipios ni siquiera se había recuperado el suministro eléctrico, el agua potable, la cobertura telefónica o la conexión a internet; varios profesores y estudiantes de las localidades afectadas tejieron una red de corresponsales que se desplazó casa por casa para informar del proyecto. La tarea era tal que pronto la UV se vio desbordada y abrió el programa a la participación de museos, ayuntamientos, instituciones y otras universidades. Así se gestaron dos líneas de trabajo, la Universidad de Valencia con laboratorios ubicados en las localidades golpeadas por la dana y la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) en su campus. "Vimos que la gente estaba tirando las fotografías porque creían que no se podían recuperar. Aquello nos impactó mucho porque suponía una gran pérdida", recuerda Aline Dieterlen, estudiante del máster en Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la UPV que, dos días después de la gota fría, acudió a la zona afectada a llevar a la zona afectada. Godella. De esa experiencia nacieron numerosas conversaciones de WhatsApp de Dieterlen con compañeros de clase que finalizaban con la misma conclusión: "había que hacer algo". Días después, la joven habló con las profesoras Esther Nebot y Pilar Soriano, dos de las tres coordinadoras de la actuación de la UPV en el proyecto, y el 4 de noviembre se encontraba ya participando como voluntaria, una vinculación que se ha prolongado más de un año, llegando a ser una de las 110 personas becadas por su universidad.

Proyecto Salvemos las fotos en el Museo de l'Horta Sud en Torrent.
Proyecto para restaurar las fotos dañadas con la dana de Valencia.

Como demuestra el ejemplo de Dieterlen, la solidaridad ha sido clave en una iniciativa que acumula cifras muy destacadas con la participación de 450 investigadores, docentes y restauradores, 170 de forma voluntaria, y la ayuda de instituciones académicas de todo el Estado y de Europa como la Asociación Fine Arts and Design de Bratislava. Por lo que respecta a la inversión, el proyecto cuenta con financiación del ministerio de Cultura y la Diputación de Valencia –que ha aportado 500.000 euros–, así como fondos de las propias universidades. Es el caso de la UV, que ha destinado más de 300.000 euros y que reclama más aportaciones para hacer posible lo que su rectora, Mavi Mestre, ha descrito como "la mayor operación de rescate patrimonial" de la Comunidad Valenciana.

Gracias a todo este trabajo, ya se han podido restaurar más de un millón de fotografías y la previsión es superar los 2,5 millones de imágenes de más de 1.500 familias. Se trata de una cifra que seguro crecerá, dado que los laboratorios siguen recibiendo instantáneas. En una primera actuación, se ha trabajado en la conservación física de los álbumes, digitalizados. Después, se ha limpiado cada imagen y se ha creado una copia digital en alta resolución que se han almacenado en un lápiz de memoria. Se trata de un trabajo muy delicado porque la fragilidad del papel impide sumergimiento. Por eso, los restos de barro y otros elementos deben ser retirados con un pincel con mucha paciencia. El siguiente paso es la restauración digital de las fotografías mediante el uso de inteligencia artificial. Esta tecnología permite completar las partes de las instantáneas que han quedado dañadas. Pero el trabajo no termina aquí, porque el proyecto también incluye la recuperación de fondos bibliográficos de gran antigüedad, obras de arte, cartas y postales, algunas de períodos tan lejos como la Guerra Civil o el franquismo. De hecho, según Esther Nebot, el grueso de las fotografías intervenidas pertenecen al período que se inicia en la década de 1940 y finaliza a finales del siglo pasado, cuando primero se generalizaron las cámaras digitales y más tarde los teléfonos móviles.

"Imágenes destrozadas"

Una de las beneficiadas de la iniciativa es Amparo Romero, que nos abre las puertas de su casa mientras muestra las fotografías ya restauradas a sus amigos Aurelia Fernández y Rafael Montaner. Las imágenes están sueltas, ya que esta docente de hostelería con cuatro hijos aún no ha tenido tiempo de colocarlas en un nuevo álbum. La mayoría son recuerdos de comuniones y celebraciones familiares. Interrumpe la conversación la llegada de su hija Cecilia, que es una de las protagonistas de las instantáneas. La joven explica que recuperarlas le ha supuesto una gran alegría, dado que no disponía de una copia digital. También agradece la gran labor de los restauradores y destaca que las fotografías habían quedado "llenas de barro y muy decoloradas". "Estaban destrozadas", resume.

Al matrimonio formado por Aurelia y Rafael todavía les tocará esperar para recuperar sus imágenes. Las llevaron al laboratorio habilitado por la UV en el Museo Comarcal de l'Horta Sud en la vecina ciudad de Torrent, pero aún no se las han devuelto. Se trata de unas instantáneas muy antiguas, dado que el archivo familiar lo inició el bisabuelo de Rafael. "Son las únicas imágenes que tenemos de mi bisabuelo y bisabuela. Sin ellas quizás dentro de unos años no recordemos cómo eran", enfatiza. Este ex tallista y exguardia jurado dedicó sus primeros meses de jubilación –ahora tiene 72 años– a ordenar esta preciada herencia. Un tesoro que estuvo a punto de irse al traste cuando el 29 de octubre de 2024 el agua alcanzó en su casa 160 centímetros de altura. Los álbumes se encontraban en las primeras baldas de una estantería y quedaron gravemente dañados. Es una ubicación que han aprendido que no debe repetirse. "Ahora sabemos que lo valioso debe estar en los pisos altos de las casas. No nos volverá a pasar", puntualiza Amparo. En su vivienda, el agua alcanzó los 238 centímetros.

Fotografías restauradas que se estropearon en la dana de Valencia.
Restauración de fotografías dañadas con la dana de Valencia.

La conversación deviene atropellada por momentos y afloran numerosos recuerdos del fatídico día que desvían continuamente el relato de las fotografías, tal y como si se tratara de un ancla que mantiene a nuestros entrevistados amarrados a unas horas llenas de angustia. No es extraño si tenemos en cuenta que en la calle Amparo murió ahogada una anciana que vivía sola y que ella y su marido Ignacio pasaron la noche acogidos por unos vecinos en un edificio de las afueras de la localidad, donde habían acudido a celebrar un cumpleaños, mientras dos de sus hijas permanecían solas en la vivienda familiar. En el caso Aurelia y Rafael, se refugiaron en un pequeño andén de su casa al que sólo se puede acceder mediante una escalera exterior que nace en un pequeño patio.

La entrevista nos revela una sorpresa cuando nos enteramos de que Aurelia y Rafael no han llevado a restaurar todas sus imágenes. Hay unos pocos álbumes que todavía quedan en casa dañados. En ellos, conservan instantáneas de su juventud y de los años en los que sus hijos Rafael y Almudena eran pequeños. Cuentan que el alud de fotografías que recibieron los laboratorios les obligó a fijar una cifra máxima por familia. "Las fotos están todas pegadas y no me atrevo a sacarlas por miedo a que se rompan", se lamenta. Aurèlia se emociona enumerando los recuerdos que acumulan los álbumes y debe detener el relato para evitar que los sentimientos se desborden. Amparo y su marido la intentan consolar y la convencen para que vuelva a probar suerte. "Recuperarlas sería sanador", reconoce.

"No nos hacemos una foto cuando estamos tristes"

Las lágrimas de Aurelia no sorprenden a Esther Nebot. La conservadora destaca el valor del patrimonio fotográfico como soporte de la memoria individual y familiar. También colectiva. Más aún, cuando la pérdida afecta a toda una comarca "que pierde su historia". La profesora de la UPV añade que las imágenes tienen un gran poder evocador y que son capaces de despertar recuerdos dormidos en la memoria. "Gracias a ellas, puedes recuperar un olor o un sentimiento", resume. Está de acuerdo Dieterlen, que apunta otra característica como es que las instantáneas suelen reflejar momentos felices. "No nos hacemos una foto cuando estamos tristes", enfatiza.

Esther y Aline se muestran orgullosas de haber participado en el proyecto. La docente le describe como "una montaña rusa de sentimientos". "Hemos compartido muchas lágrimas, pero también muchas alegrías. La gente se rompía y nosotros nos rompíamos con ellos", rememora Nebot. "Un día, una joven voluntaria reconoció a su abuelo en una orla del año 1912 que estaba restaurante, fue muy emocionante", recuerda el estudiante. "Como conservadores, decimos que nuestra profesión consiste en ser guardianes del tiempo, y con esta iniciativa el lema ha cobrado todo el sentido", concluye Dieterlen.

Restauración de fotografías dañadas con la dana de Valencia.
Albus de fotografías dañadas con la dana de Valencia y que se están restaurante.

Dejamos Amparo, Rafael y Aurelia repasando las fotografías de la comunión de Cecilia y las de los efectos de una dana que todavía es muy visible en la localidad. La huella está especialmente presente en el centro histórico del municipio donde los rastros de la catástrofe son incontables. Hay esperanzadores, como las viviendas en reconstrucción. Otros, por el contrario, son profundamente desalentadores, como las decenas de solares abandonados existentes en los que antes había casas. Comparten, eso sí, un elemento común, las ya icónicas huellas de barro de manos de los miles de personas voluntarias que acudieron a auxiliar a aquellos que lo habían perdido todo. Una solidaridad que proyectos como Salvem les Fotos intenta mantener viva.

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