Roberto Palomo
Act. hace 20 min
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Mi abuela solo tenía tres años cuando perdió a su padre. A su madre la dejaron viuda y embarazada de su hermana pequeña, María. Este hecho cambió completamente el destino de sus vidas.

Silvestre Indias Carvajal, mi bisabuelo, desapareció al comienzo de la Guerra Civil Española, en agosto de 1936. Nunca supieron qué le pasó ni dónde fueron a parar sus restos, más allá de los rumores que circulaban por el pueblo.

Durante la guerra y la posterior dictadura se estima que desaparecieron entre 120.000 y 150.000 personas repartidas en 2.567 fosas comunes.

La dictadura ocultó los paraderos de los desaparecidos e ignoró a los familiares. La llegada de la democracia en 1975 decidió no remover el pasado instaurando el silencio y la amnistía. Después de la muerte de Franco, algunas familias comenzaron a buscar a sus familiares con sus propios medios. El estado español no asumió la responsabilidad hasta el año 2000. Desde entonces, se han exhumado aproximadamente 900 fosas comunes y se han recuperado los restos de unas 13.000 personas.

Ochenta y siete años después, un pequeño trozo de hueso confirmó que mi bisabuelo se encontraba en un pozo a treinta y un metros de profundidad cerca de su pueblo, Fira (Badajoz), con 19 personas más. Durante más de cuatro años he reconstruido la historia de mi bisabuelo y de cómo sus hijas recuperaron los restos 87 años después, gracias a las leyes de memoria histórica y democrática.

Unos derechos que, además, garantizan la reparación moral y la recuperación de la memoria personal y familiar de los que sufrieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura.

Mi tía abuela María, que no había nacido cuando su padre desapareció, fue la encargada de aportar, a los 87 años, la saliva para comparar los restos óseos encontrados en el pozo. Pudo, por fin, saber que su padre estaba en el pozo. Aun así, murió un mes antes de recibir los restos de su padre. No pudo abrazarlo ni vivo ni muerto.

Este año, bajo el gobierno del PP y Vox, las leyes de memoria histórica y democrática han sido derogadas en Extremadura y los derechos de miles de familiares están en peligro.

La historia de mi familia es la de cientos de miles de víctimas y familiares que todavía esperan conocer qué pasó con sus familiares y dónde se encuentran. He recopilado esta historia en un fotolibro, Hijas del olvido (disponible en mi web www.roberto-palomo.com), para que nunca olvidemos cómo vivieron nuestras abuelas.

Le fueron a buscar a casa
Hijas del Olvido
'Hijas del Olvido'
El camino hacia el pozo
El trauma de una desaparición forzada
Sola con cuatro hijos
Olvidar el pasado
Arqueología
Cadáveres desarticulados
Ejecución
Dieciocho personas
Hijas del Olvido
87 años después
Un círculo que se cierra
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