Viva la vida

El hambre, el nuevo pecado capital

.
27/01/2026
Escritora, guionista y comunicadora
2 min

Si algo puede definirme es que soy panarra. Me entusiasma ese pan tan bueno de los hornos y panaderías buenos de mi barrio. Madre mía, qué regalo del cielo. Cuando voy a comprar no puedo evitar comer antes de llegar a casa. Clavo mordisco y lo disfruto con un placer que no puedo disimular. Muchas veces me miran. No es normal que una mujer exprese de una forma tan libre que disfruta casi orgásmicamente comiendo. En la mesa tampoco disimulo que siento placer comiendo. Que me gusta. Que tengo hambre y me acabo el plato. Que escuro. Que pido pan para no dejar una gota de salsa de esa tan buena.

De joven me daba vergüenza. Compré aquella creencia absurda que decía que para ser mujer tenías que tener hambre de pajarito. Ya fuera porque decían, decían, decían, que una mujer, por constitución física, no podía tener tanta hambre (Virgen de la Santa Neurona, perdónales los pecados) o porque si tenía quedaba fatal que actuara en consecuencia y dejara el plato pulido. Hablo en pasado, pero eso todavía ocurre. Porque, claro, si una mujer tenía y tiene hambre y come las raciones enteras corre el grave peligro de ir a parar al infierno de las mujeres gordas, las mujeres gordas, las mujeres con barriga, con caderas, con sacudidas. ¡El infierno de las feas! Porque una mujer no normativa nunca puede ser guapa, donde vas a parar. ¿Y qué es una mujer si no es guapa? Menos. Nada. Cero. (Virgen de la Estadística y la Racionalidad, ilumina con tu sabiduría).

Soy partidaria de comer bien y saludable. Pero soy partidaria de comer. Y de hacerlo desde el equilibrio y la salud no sólo física, sino también mental. Quien me conoce sabe que me he asesorado con profesionales y que hago mis elección. Que he educado a los hijos en no alimentarse a base de basura. Pero estoy totalmente en contra de demonizar la comida; vivir la alimentación como la nueva religión implantada a base de culpabilizarnos; convertir el hecho de comer o comer según qué, de tener hambre, en los nuevos pecados.

Y claro, como en todo lo que tiene que ver sobre estética y el cuerpo, las mujeres recibimos mucho más que los hombres y por todos lados. Nosotros por el primero por el que somos juzgadas y evaluadas es por nuestro físico. Por eso una mujer con hambre se mira con extrañeza. O preocupación. O incomodidad. Y es éste el motivo que hace que muchísimas mujeres se pasen la vida hablando de dietas de adelgazamiento. Yo misma fui una de esas mujeres durante mucho tiempo hasta que aprendí a encontrar el equilibrio físico y mental. Pero todavía me descubro excusándome para joderme una ensaimada de vez en cuando, y entonces me prometo que nunca más volveré a justificarme. Porque sé lo que me hago. Porque no soy una niña pequeña. Porque mando sobre mi cuerpo. Y porque los trastornos de conducta alimenticia son una realidad. Y me sabe mal sentir tantas mujeres viviendo tan mal su relación con la comida. Sintiendo que han pecado y deben expiar la culpa.

Comemos cada día y comemos bien. Con salud y sentido común, pero sobre todo, sin culpa y alegría.

stats