Macroeconomía

¿Por qué la gran empresa española no teme a Donald Trump?

La regulación y el boom inversor empujan a empresas cotizadas como Banco Santander, Iberdrola y Ferrovial a seguir creciendo en Estados Unidos

Imagen de archivo de un momento del Foro Económico de Davos del año 2025.
15/02/2026
6 min

MadridHace poco más de un año, durante el Foro Mundial de Davos, Ana Botín, presidenta del Banco Santander, elogiaba el posicionamiento de Donald Trump: "Valoramos mucho su enfoque en la desregulación y la reducción de la burocracia". El presidente de Estados Unidos le contestaba asegurando que conocía a la entidad financiera, e incluso le felicitaba: "Ha hecho un trabajo excelente".

Ahora, el Santander acaba de pulsar el acelerador para hacerse fuerte en el país y escalar posiciones en el sector bancario. Las incertidumbres –y las tensiones– que ha generado la administración estadounidense en muchos gobiernos, incluido el español, no parecen planear sobre el banco de Botín. Pero tampoco sobre otras grandes firmas españolas de sectores concretos –infraestructuras y energía, principalmente–, que, más que temer a Trump, han encontrado en él un aliado, pese a reescribir, a través del repliegue, el pacto económico –y también geopolítico– que había tejido el país hasta ahora.

"Estamos acostumbrados a trabajar con diferentes administraciones", defiende el portavoz de una gran constructora española alejando la idea de que con Trump al frente de la Casa Blanca todo se haya dado la vuelta, como mínimo en este sector concreto. De hecho, la construcción y las infraestructuras son dos de las actividades que mayores oportunidades de crecimiento tienen en el país norteamericano. Firmas como Ferrovial –Estados Unidos es su principal mercado–, ACS u OHLA se frotan las manos ante la concentración de la población en las ciudades estadounidenses, que pese a despertar el fantasma del desequilibrio territorial está impulsando al país a reforzar carreteras, vías de tren y aeropuertos para abordar cuestiones como la congestión. "Estados Unidos seguirá siendo el foco de nuestra estrategia de crecimiento", defienden desde Ferrovial, compañía que preside Rafael del Pino, que está analizando oportunidades en Atlanta y Nashville, así como en algunos aeropuertos.

Una de las claves de esta confianza hacia las adjudicaciones públicas es que dependen de los estados federales y no de la Casa Blanca. Por eso, por ejemplo, desde la patronal española CEOE se dedican esfuerzos a organizar encuentros al más alto nivel cuando un gobernador estadounidense visita España, como fue el caso de la gobernadora de Kansas, en octubre del 2025. Además, las constructoras sacan pecho de un marco regulador "seguro y estable" que garantiza la continuidad de los proyectos. También les ayuda que algunas hace tiempo decidieron operar a través de filiales allí creadas y no desde la empresa matriz española. Es precisamente el caso de Ferrovial, ACS u OHLA. Esto les permite esquivar los vaivenes de la política arancelaria y beneficiarse del proteccionismo de Trump.

"Necesidad mutua"

"Cuando tiene que ver con inversiones, la cosa no va de demócratas o republicanos", dicen fuentes empresariales. Lo cierto es que el termómetro de estas inversiones es una muestra de cómo la relación comercial entre Estados Unidos y las empresas españolas no es flor de un día, y tampoco va a desaparecer de hoy para mañana. "Se habla mucho de los aranceles, pero el volumen de exportaciones [españolas] a EEUU es de un 4% [...] En cambio, son el primer destino de la inversión española", reflexiona Marta Blanco, presidenta de CEOE Internacional. A modo de ejemplo, el stock de inversiones de España en EE.UU. fue de más de 91.000 millones de euros en el 2025. También Estados Unidos es el principal inversor en el Estado. "Ambos países se necesitan", apuntan desde la CEOE.

"La inversión genera empleo, te permite integrar la cadena de suministro en el país, supone mayor capacidad industrial... Por eso la empresa española es importante", afirma Blanco. Estas cuestiones no pasan por alto en elAmerica first de Donald Trump. Los centros de datos, la inteligencia artificial, los medicamentos o la producción de semiconductores son sólo algunos ejemplos de la industria estratégica que la Casa Blanca quiere retener en el país, y las compañías lo saben.

Por todo ello, algunas energéticas españolas tienen entre ceja y ceja expandirse en Estados Unidos. Incluso las que llevan por bandera las tecnologías renovables, a las que Trump hace tiempo que declaró la guerra, como han podido comprobar las mismas firmas: Iberdrola, por ejemplo, ha visto tambalearse parte de sus planes en cuanto a la energía eólica marina en el país, mientras que el presidente de Acciona por las preocupaciones de José Manuel Entrecanales esta dirección.

Sin embargo, se espera una lluvia de millones para mejorar la red eléctrica de transporte y distribución –al menos en Iberdrola–, una infraestructura que en muchos estados federales está obsoleta y que debe afrontar el auge de este boom industrial que tanto anhelan Estados Unidos. La eléctrica prevé invertir 16.000 millones de euros hasta el 2028, de los que 12.000 millones irán a parar a la red eléctrica.

"Hay que entenderse, con Estados Unidos. [...] Los necesitamos y ellos nos necesitan", defendía el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, la semana pasada en un foro organizado por la ESE y Deloitte. Hace tiempo que la petrolera busca expandirse en el país, y no sólo a través de la producción de petróleo. "[EEUU] Podría tener la tentación de centrarse sólo en su hemisferio, pero nunca les ha funcionado", reflexionaba Imaz. Recientemente, el directivo se ha visto las caras con Trump en su reunión sobre sus planes petroleros en Venezuela, donde Repsol tiene un papel importante: "Después de unas semanas, las dudas se han disipado", aseguraba.

Y la banca, ¿qué papel tiene?

Y todo esto necesita financiación. Aquí es donde se asoma la banca, concretamente el Banco Santander. "Para ser global debes estar en Estados Unidos", defendía Botín tras anunciar la compra de un banco estadounidense. "Puede parecer contradictorio, en un momento como el actual, pero no lo es. Si quieres que algunas industrias lo produzcan todo en el país, necesitas financiación. El Santander ve interesante estar cerca de toda esta industria estratégica", reflexiona una fuente conocedora del sector financiero.

La entidad que preside Ana Botín es, por ahora, el único banco español con una presencia relevante en Estados Unidos. En el sector la operación se lee como la única opción si lo que se quiere es desempeñar un papel importante en el país. "O tienes escalera o marchas", reflexiona un directivo. El BBVA, por ejemplo, decidió marcharse ante las dificultades de crecer. De hecho, el camino plantea riesgos; de entrada, los rivales con los que competir, unos gigantes financieros a los que ningún banco europeo ha atrapado. "Sería el primero", reflexiona la misma voz de antes, que indica que, ahora que la macroeconómica estadounidense parece que va bien, puede "arriesgar". "Pero, si no toma suficiente escala, la rentabilidad puede no ser la esperada", concluye. El otro riesgo es que la banca está muy ligada a los gobiernos y, por tanto, a Donald Trump.

Con todo, las constructoras, las energéticas y la banca, entre otras, coinciden en que las políticas estadounidenses son "predecibles" y lo contraponen a la lentitud y el exceso de burocracia en Europa, que ha examinado mucho más con lupa todo lo que tiene que ver con los movimientos empresariales. Su presión parece haber hecho mella sobre la Comisión, que, pese a las discrepancias internas, parece estar dispuesta a tomar un giro en el camino que hasta ahora ha seguido ensanchar el made in Europa.

Juego diplomático

Sin embargo, nadie niega que, cuando aumenta la tensión con Trump, las alarmas se disparan. Uno de los últimos momentos más "duros" le han propiciado sus pretensiones de anexionarse Groenlandia, con el estallido de un cuerpo a cuerpo con Europa, que ha amenazado con represalias –la Comisión Europea puso sobre la mesa nuevos aranceles que de momento están congelados–. Es aquí donde se activan "todas las palancas [diplomáticas] para evitar un enfrentamiento", señalan fuentes empresariales.

Llamadas entre empresas españolas y el gobierno del Estado, con los ministerios de Asuntos Exteriores y Economía al frente, pero también, a nivel europeo, entre patronales y autoridades. A la comunidad empresarial no le interesa una escalada del choque: "Hay que activarlo todo para evitar males mayores". En este contexto, la gran empresa vería con buenos ojos un viaje del rey Felipe VI a Estados Unidos como respuesta a la invitación de Trump, aún pendiente de contestar desde 2020. Fuentes empresariales ven "normal" que la casa real siempre responda favorablemente a estas peticiones. En cualquier caso, el primer paso llegará este miércoles al mediodía, cuando el rey recibirá al nuevo embajador estadounidense en España.

Mientras, a pesar de las tensiones, el gobierno español también incrementa su presencia institucional en el país. El Boletín Oficial del Estado del 3 de febrero recoge la apertura de dos nuevas oficinas económicas y comerciales en Estados Unidos: una en Boston y otra en Houston, que se suman a las siete oficinas ya en activo y que dependen de la embajada española. La misión: hacer de puente entre la empresa y el mercado estadounidense. Y ahí sí, en términos de inversiones pero también de exportaciones.

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