Tecnología

La nube soberana de la Generalitat, o cómo evitar que nos "cierren el chiringuito" digital

Expertos enmarcan la iniciativa del Gobierno en la hoja de ruta europea hacia la soberanía tecnológica, pero alertan que el objetivo es "inalcanzable a corto plazo"

Un centro de datos
20/07/2026
4 min

BarcelonaA mediados de mes de junio, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio una orden que parecía impensable: después de semanas de tensiones con Anthropic, la compañía creadora del modelo de inteligencia artificial Claude, el Despacho Oval les obligó a cerrar sus herramientas más avanzadas, Mythos y Fable, a cualquier usuario que no fuera estadounidense. A pesar de que el bloqueo ya se ha resuelto, expertos y mercados todavía tiemblan: Trump demostró entonces que tiene el dedo en el "interruptor de encender y apagar" las tecnologías globales, comenta Miquel Martí, director ejecutivo de Tech Barcelona. La cárcel temporal a Anthropic fue una prueba irrefutable de la evidencia de que Europa, como tantos otros actores internacionales, no controla su futuro digital y tecnológico, ni tampoco su presente.

Con más o menos éxito, hay que decir, las instituciones se están peleando para revertir esta indefensión. La última, la Generalitat, que anunció a principios de mes una inversión de 481 millones de euros para crear un "nube pública soberana". Es decir, el Gobierno aspira a disponer de una red de servidores web avanzados que puedan alojar datos y utilidades de servicios críticos, como la salud o los cuerpos de seguridad.

El requisito imprescindible, que el ejecutivo de Salvador Illa reiteró tanto como pudo, es que la infraestructura debe ser local: situada en Cataluña y en pleno cumplimiento de la legislación europea. El profesor del departamento de arquitectura de computadores de la UPC René Serral asegura, en conversación con el ARA, que la capacidad de computación local deviene imprescindible para cualquier país que quiera ser autónomo. "Si yo no quiero que me prohíban usar recursos, tengo que tenerlos en casa", razona el académico.

El nivel de control europeo sobre sus propias capacidades computacionales es ínfimo. De acuerdo con el último análisis del Parlamento Europeo sobre dependencias tecnológicas, el 70% de la infraestructura de cloud computing que opera en el continente se encuentra en manos o bien de Amazon Web Services (AWS), de Microsoft Azure o bien de Google Cloud.

Por el contrario, todos los operadores comunitarios agregados concentran, según el mismo documento, no más del 13% de toda la potencia instalada. La alemana SAP, el actor de los Veintisiete con más volumen en el sector, tiene en cartera un minúsculo 2% de la red. "Dado que la nube es la base de la mayoría del software moderno, esta es una dependencia altamente estratégica", reconocen los expertos de la Eurocámara.

"Condición necesaria, pero insuficiente"

Los expertos consultados apuntan que la inversión anunciada por la Generalitat señala el camino que ha elegido Europa para optar a un grado aceptable de autonomía computacional respecto de los EE. UU. El modelo actual, analiza el director científico del área digital de Eurecat, Joan Mas-Albaigès, deja excesivas sombras. "Cuando contratas los servicios en la nube, no sabes qué pasa con tus datos; qué pasa con ellos si hay un conflicto, un hackeo... Quizás están en Oklahoma", bromea el experto. El giro del ejecutivo, pues, establecerá un "conjunto de servidores que estará bajo control" catalán.

De hecho, las voces consultadas consideran más que posible que iniciativas como estas se vayan repitiendo en todo el continente, tanto a escala regional como estatal. Aun así, los expertos reclaman que, en caso de que se vaya multiplicando la potencia de computación soberana, los impulsores compartan un sentido estratégico. "La iniciativa va por buen camino, pero no se puede quedar dentro de las fronteras de cada país, porque no tendremos suficiente fuerza", observa Serral, que recuerda que el rival son "megacorporaciones" con capacidades técnicas que multiplican las de los actores públicos por varios factores.

A ojos de Mas-Albaigès, una nube europea también deviene esencial de cara al sector privado. La iniciativa catalana, hay que recordar, también contempla una oferta de servidores para empresas. En este sentido, la infraestructura de control local debería servir, según el director científico, para activar el resto de piezas del puzle tecnológico del país y, llegado el momento, del continente.

La nube soberana, pero también otras iniciativas de computación, como la gigafactoría de Móra la Nova o la reciente inversión de Submer en un nuevo centro de datos en Flix, deben dejar un legado en el ecosistema innovador catalán. "Si toda esta infraestructura se liga bien, debe ser el pilar de nuevas empresas derivadas y emergentes, y ayudar a crear riqueza", contempla el experto.

El contrasentido de los gigantes

Para el mundo tecnológico catalán, contribuir al desarrollo de los operadores privados es esencial para aspirar a la autonomía. La nueva legislación europea de nube e inteligencia artificial intenta poner vallas al campo abierto del sector tecnológico, con obligaciones de protección de datos europeas o promoción de servidores locales, por ejemplo. Las normas de Bruselas, sin embargo, chocan frontalmente con la Cloud Act norteamericana, como recuerda Serral; una ley que, entre otras cosas, obliga a las empresas estadounidenses a poner a disposición de la administración cualquier dato –esté o no esté alojado en suelo norteamericano– si esta la pide.

Para Martí, más allá de la capacidad europea para generar sus propios campeones en la nube, Bruselas debe tener "capacidad de negociación" con los actores ya establecidos. "El mercado europeo es todavía muy grande, y ninguna empresa quiere renunciar a él", argumenta el director ejecutivo del Tech. De hecho, ya hay quienes se han adaptado: las principales compañías ya operan o han anunciado sus iniciativas de nube soberana europea para cumplir la legislación comunitaria.

Aun así, amansar las fieras tecnológicas es, a ojos de los expertos consultados, solo una parte del trabajo. Para Mas-Albaigès, "no seremos autónomos si tenemos que seguir llamando a Microsoft, Google y Amazon para que operen nuestras infraestructuras". En este sentido, la regulación debe ir acompañada por iniciativas que hagan crecer a las empresas de cloud europeas, como la misma SAP, la francesa Scaleway o la suiza Exoscale.

"Deben existir campeones europeos, pero estamos muy retrasados respecto al resto", lamenta Martí. Tanto que, a ojos de Serral, "es inviable" crear un competidor directo a corto plazo. "Es evidente que esta debería ser la salida, pero en Europa somos mucho menos capitalistas que en EE. UU.", señala. El profesor de la UPC, de hecho, llama a vivir en un equilibrio precario: "La tarea de la autonomía, a corto plazo, es inalcanzable. Pero es que no hay otra salida", sentencia. Similar es la lectura de Martí, que recuerda que "el poder se ejerce a través del control de las cosas". "Adaptarse significa garantizar que un presidente no te cierre la tiendecita", concluye.

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