Las ciencias de la vida, un pilar para mejorar el modelo económico
Con los años, las ciencias de la vida, que abarcan desde la biotecnología hasta las farmacéuticas, consolidadas como tercera actividad económica en Cataluña, se han convertido en uno de los pilares para construir un nuevo modelo económico que nos aleje de la fórmula de los bajos salarios. En esencia, se trata de fomentar actividades que generen mucho valor añadido o, mejor dicho, mucho más valor por trabajador. En definitiva, actividades económicas que permitan incrementar la productividad. Una asignatura pendiente, aunque hay síntomas de mejora, como indica la Memoria económica de Cataluña 2025, un estudio que elaboran las cámaras de comercio catalanas.
Este análisis constata que Cataluña, que crece por encima de la media europea, tiende a reducir el diferencial de productividad con el del club comunitario. Hay determinados indicadores que así lo revelan. Por ejemplo, el PIB por habitante ha crecido un 1,6%, por encima de la media de la zona euro, y la productividad por hora trabajada se incrementó un 1,1% en 2025, frente al 1% de la zona euro. Y este es un impulso que se produce desde el año 2023.
También es importante destacar que la inversión productiva en 2025 fue el componente más dinámico del producto interior bruto (PIB). Y un elemento que ha dado impulso a todo ello han sido los fondos europeos Next Generation, de los cuales Cataluña ha sido la principal receptora del Estado, con 10.180 millones de euros, tal como anunció el viernes el presidente de la Generalitat, Salvador Illa. Son recursos que, además, tienen un importante efecto multiplicador: por cada euro se generan 1,5.
Un sector que ha contribuido al impulso y a redirigir el barco hacia una economía de más valor ha sido el de las ciencias de la vida, con un cambio radical en la última década. El año pasado se vivió un récord de inversión en empresas de salud, con más de 517 millones de euros, según los datos delInforme de la BioRegión elaborado por Biocat. Y un elemento importante es que el capital riesgo ha sido el gran protagonista, con 327 millones de la cifra total para nuevos proyectos. Es una buena noticia, porque el capital tan especializado desembarca donde ve que hay posibilidades de negocio y, por tanto, potencial y rendimientos futuros.
Y demuestra que se ha generado un importante ecosistema de start-ups, capaces de levantar rondas de financiación, como es el caso de Ona Therapeutics, que a su vez ha permitido la constitución de una red de compañías especializadas en aportar capital, como es el caso de Asabys Partners. En este contexto, una inversión de 30 millones como la que consiguió hace seis años Ona ahora se queda corta, después de cerrar ella misma una de 74 millones y algunas compañías haber superado los 100 millones.
Otra buena noticia es que las perspectivas para el ejercicio actual también son buenas. No solo hay fondos locales, sino que estos también han ganado el prestigio y la reputación para atraerlos extranjeros. Ahora hay que continuar remando para dar un salto de división, es decir, llegar al momento en que el atractivo y el potencial acerquen las empresas al mercado o faciliten su compra por parte de grandes farmacéuticas que buscan ampliar su oferta sin asumir el riesgo del inicio.