Tribunales

El falso amigo de Zapatero sigue los pasos de Aldama

José Luis Rodríguez Zapatero llegando a la Audiencia Nacional el pasado 17 de junio.
20/07/2026
3 min

Cuando el Tribunal Supremo dictó sentencia por el caso Koldo, a finales de junio, en que condenaba a fuertes penas de prisión al exministro y exsecretario de organización del PSOE José Luis Ábalos y a su asesor Koldo García pero beneficiaba al principal beneficiario de la trama de las mascarillas, Víctor de Aldama, ya aparecieron voces de alarma. La suspensión de la pena de cuatro años y medio de prisión para el corruptor, sustituida por servicios comunitarios, se justificaba por la colaboración del empresario a la hora de destapar la trama, que, según el tribunal, había sido capital para demostrar las acusaciones. Sin embargo, este premio al corruptor a cambio de delatar a sus socios fue polémico, primero porque no todo el mundo lo veía justificado dentro del mismo marco jurídico, y segundo porque se interpretó como una vía libre para que otros cogieran el mismo camino. Esto es, precisamente, lo que parece que está empezando a pasar.

El empresario Julio Martínez Martínez, el supuesto testaferro de José Luis Rodríguez Zapatero, ya está siguiendo la estela de Aldama y ha cambiado su línea de defensa de manera contundente. El día antes de declarar ha enviado una carta a la Audiencia Nacional en la que asegura que el expresidente español era quien lideraba su empresa y quien decidía "los pasos a seguir" en las consultorías que realizaban para diversas empresas, entre las cuales la investigada Plus Ultra. Martínez Martínez afirma que la compañía aérea pagó la consultoría y también abonó el 1% del importe del rescate de 53 millones de euros que recibió del estado gracias a las gestiones que había hecho Zapatero. El empresario asegura que él solo hacía de intermediario porque quien tenía los contactos y las influencias era el expresidente español, que, además, había estado en el origen de la creación de la empresa Análisis Relevante, a través de la cual se gestionaban los trabajos de consultoría que hacía Zapatero.

Todo ello supone un giro de guion importante en este caso. Hasta ahora, Zapatero, que recordemos que mantiene el apoyo incondicional del gobierno Sánchez, insiste en su inocencia en relación con las acusaciones de tráfico de influencias y asegura que todo se aclarará pronto. En un vídeo dirigido a los ciudadanos pidió paciencia y afirmó que no tardaría en descubrirse su inocencia, y hace un mes, ante el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama, que lleva el caso, dijo textualmente que no había ejercido "ni la más mínima influencia" en el rescate público de Plus Ultra. Ahora, su supuesto amigo –con el que iba a correr a menudo y con el que fundó la consultoría– le ha traicionado afirmando todo lo contrario y asegurando que toda la responsabilidad es suya. Habrá que ver si en este caso será capaz de aportar suficientes pruebas documentales y de todo tipo que realmente corroboren todo lo que dice.

El debate sobre si la figura del arrepentido –una figura que no tiene nada que ver con los alertadores de la corrupción, ya que en estos casos están implicados en el caso– es fundamental en la lucha contra la corrupción, como defendían desde la Fiscalía Anticorrupción y el Supremo, o si puede ser el inicio de una caza de brujas en la que una persona dispara a torta y a siniestra para sacar beneficios y evitar pagar sus culpas, vuelve a estar sobre la mesa. En todo caso, lo que es seguro es que no basta con una declaración: en este caso y en todos los demás hacen falta pruebas claras que justifiquen los beneficios para el arrepentido y apunten con toda la seguridad cualquier sentencia de culpabilidad.

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