Editorial

Cultura de la violación en la policía

Fernando Grande Marlaska este miércoles en Madrid
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El escándalo provocado por la querella por agresión sexual presentada por una agente contra el ya ex director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional José Ángel Rodríguez demuestra hasta qué punto está presente en nuestra sociedad, si la acusación se demuestra cierta, la cultura de la violación. Que el principal cargo uniformado civil del Estado esté acusado de tan grave delito en una querella profusamente documentada lanza un mensaje terrible, y es que ni siquiera los cuerpos policiales, que deben defender el cumplimiento de la ley, son espacios seguros para las mujeres ante este tipo de agresiones. En este caso, además, la presunta agresión se habría producido contra una subordinada, sumando un abuso de poder de manual.

El ministerio del Interior, con Fernando Grande-Marlaska al frente, ha procedido a destituirle a él ya su número dos, acusado por la víctima de haber intentado comprar su silencio. Ni que decir tiene que si hubiera el más mínimo indicio de que Marlaska ha encubierto a Rodríguez debería dimitir ipso facto por encubridor e incluso afrontar consecuencias penales, pero en estos momentos no hay ninguna prueba de que esto sea así. Sin embargo, el ministro se comprometió a dimitir si se lo pide la víctima. Por eso resulta incomprensible la trifulca política montada por el PP este miércoles por la mañana en el Congreso contra Marlaska, exigiéndole la dimisión y acusándole de encubridor sin pruebas. Y más cuando el propio PP no ha tomado ninguna medida contra el alcalde de Móstoles, acusado por una exconcejala de acoso sexual y laboral. Es más, cuando la presunta víctima del alcalde acudió a los órganos internos del partido la conminaron a no presentar denuncia alguna.

El PP, pues, no puede dar ninguna lección al respecto. Parece que su sobreactuación sólo responde a la necesidad de fijar en el imaginario colectivo la sensación de que España vive en el caos perpetuo debido al gobierno de Pedro Sánchez. "España cae a pedazos", ha dicho Alberto Núñez Feijóo, obviando que su partido gobierna en la mayoría de comunidades autónomas y en los ayuntamientos más importantes. ¿O es que las instituciones en las que gobierna el PP no tienen ninguna incidencia en la realidad? Predicar el apocalipsis no hace que éste sea más real.

Mientras tanto, el ministerio ha nombrado a Gemma Barroso, hasta ahora subdirectora de recursos humanos de la Policía Nacional, como DAO interina. Barroso es la primera mujer que ocupa el cargo, aunque sea de forma provisional, y además resulta que fue la persona que concedió la baja por depresión a la víctima. Resulta algo molesto que la primera mujer que llega al cargo llegue allí en estas circunstancias, después de que sus superiores sean acusados ​​de delitos de esa índole. Es lo mismo que ocurrió en el PSOE cuando después de José Luis Ábalos y Santos Cerdán, el PSOE colocó a Rebeca Torró en la secretaría de organización. En cualquier caso, esperamos que el nombramiento de Barroso sirva para acabar con toda la cultura machista que históricamente ha rodeado a la policía y que este caso no deja de confirmar que todavía está muy viva en ciertos círculos.

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