La décima huelga de médicos, y sin solución a la vista
El enfrentamiento entre los sindicatos de médicos y la administración se ha enquistado y la solución no parece fácil. Ayer se vivió la décima huelga de médicos en Cataluña desde que comenzaron las actuales negociaciones, y en el resto del Estado ya llevan dieciséis. Ahora mismo hay dos frentes abiertos. Uno a escala estatal liderado por el comité de huelga de la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM) –en el cual está integrado Metges de Catalunya– y en el cual se reclama sobre todo que haya un Estatuto Marco específico para los médicos, una mesa de negociación sindical exclusiva y también mejoras en el horario laboral y las guardias; y otro a escala catalana en el que se quieren debatir aspectos concretos de organización sanitaria, como las guardias de 24 horas u otros temas más concretos.
No es un conflicto fácil de resolver. Tenemos, para empezar, un contexto global que no ayuda. El sistema público de sanidad, que en Cataluña incluye la pública y la concertada, sufre una infrafinanciación crónica que se ha agravado por el hecho de que la población cada vez está más envejecida, tiene más enfermedades y es más dependiente, y al mismo tiempo ha crecido la población que hay que atender, porque en treinta años hemos pasado de los seis millones de habitantes a ocho. Además, hay escasez de profesionales, especialmente de médicos y de enfermeras, y esto tensiona todavía más el sistema y hace que haya una saturación que sufren gravemente los profesionales.
Esto son, en principio, condicionantes que afectan a todos los profesionales de la salud. Hay, sin embargo, algunas especificidades que, efectivamente, afectan a colectivos concretos, y en este sentido es significativo que los médicos se sientan tan especialmente perjudicados por haber decidido salir de las negociaciones de mejora del Estatuto Marco pactado por el resto de sindicatos y profesionales de la salud. Los médicos están en la cúspide de la pirámide del sistema de salud en cuanto a preparación científica, tiempo de formación y responsabilidad civil, penal y moral. Hay coincidencia al considerar que, teniendo en cuenta lo que cuesta hacer la carrera, los años de especialización y la responsabilidad que tienen, no están suficientemente bien pagados y haría falta una mejora importante en este sentido que se adecuase más a los estándares europeos.
Sin embargo, también es cierto que sus reivindicaciones pueden tener una lectura corporativa y gremial que parece olvidar el importante papel que tienen en el sistema otros colectivos igualmente importantes y sin los cuales sería imposible que nada funcionase, como el de enfermería –que, además, desde el proceso de Bolonia también es un grado universitario–. Su insistencia en querer negociar al margen del resto está generando tensión interna dentro del sistema y no parece claro que ayude mucho a conseguir que sus reivindicaciones sean bien recibidas por el resto. Ahora, además, han pedido la dimisión de la ministra de Sanidad, Mónica García, que es médico, y tanto en el ámbito español como en el catalán reclaman discutir directamente con los presidentes, Pedro Sánchez y Salvador Illa. En el caso catalán, con la excusa de que la consejera, también médico, está de baja. El conflicto, pues, no solo se está cronificando, sino también politizando de una manera que complica aún más lo que debería ser una negociación técnica e informada. Habría que llegar a un entendimiento lo antes posible, por el bien del sistema, de los profesionales y también de los pacientes.