Editorial

Andalucía pone a prueba la vía moderada de Moreno Bonilla

Urnas preparadas en un colegio electoral de Castilleja de Guzmán, en Sevilla, situadas en el salón de plenos del ayuntamiento.
16/05/2026
2 min

BarcelonaAndalucía celebra este domingo sus decimoterceras elecciones autonómicas, una serie que comenzó en 1982 y en la que se mantuvo una sólida hegemonía socialista hasta que en 2018 Juanma Moreno Bonilla accedió a la Junta de la mano de Ciudadanos y Vox. En esta última década Moreno Bonilla se ha construido un perfil propio diferente del PP estatal, y especialmente diferente del PP madrileño, basado en la moderación, las buenas maneras y un andalucismo indisimulado. En realidad, es una fórmula que recuerda a la Convergencia pujolista, aunque sin cuestionar el proyecto nacional español, y que también practican, por ejemplo, el PP gallego y, en grado menor, el balear.

El éxito de la apuesta de Moreno se basa en el voto dual, es decir, que un porcentaje de los votantes tradicionalmente socialistas opten por el PP en las autonómicas porque consideran que el actual presidente es un buen gestor y defiende los intereses andaluces ante Madrid mejor de lo que lo haría un socialista. Este es un fenómeno que sería impensable en el Madrid de Ayuso. Lo cierto es, sin embargo, que Moreno Bonilla ha tenido crisis importantes durante la legislatura, la más grave de las cuales es la de los cribados de cáncer de mama, y podría empezar a sufrir un cierto desgaste. Las encuestas indican que la mayoría absoluta del PP pende de un hilo, y que todo dependerá de los efectos de la ley D'Hondt en un territorio con ocho circunscripciones y, por tanto, con muchos escaños bailando hasta última hora.

Las elecciones calibrarán la fortaleza de la vía Moreno y también el alcance de la ola de crecimiento de la extrema derecha. Vox ya dio muestras de haber tocado techo en Castilla y León, donde solo creció un escaño, pero si crece en Andalucía podría amenazar la mayoría absoluta del PP y obligar a Moreno a una dura negociación. Tener que pactar con Vox sería un desastre para Moreno Bonilla, que basa su discurso político en buscar la centralidad y cargar contra la extrema derecha. También sería una mala noticia para Alberto Núñez Feijóo, que vería que uno de sus principales valores pierde la mayoría y, como consecuencia, la autonomía política.

En el campo de la izquierda el único objetivo es evitar el hundimiento. María Jesús Montero ha sido durante ocho años un pilar de los gobiernos de Pedro Sánchez, pero los andaluces, a pesar de su pasado como consejera de la Junta, la ven como una paracaidista llegada desde Madrid. El PSOE se enfrenta al riesgo de empeorar los resultados de hace cuatro años, que ya fueron nefastos. Un escenario en que Montero se hunda y Moreno mantenga la mayoría absoluta sería un golpe muy fuerte para las aspiraciones de Sánchez, que se ha implicado al máximo en una campaña en la que se juega mucho.

En última instancia, sin embargo, los resultados de este domingo deberán interpretarse en clave interna andaluza. Que ha habido una derechización es innegable, pero también ha habido un aumento de la conciencia andalucista y de la necesidad de marcar un perfil propio en una España fuertemente polarizada. Por eso la vía Moreno es tanto una enmienda al sanchismo como al ayusismo.

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