Oriente Medio

Hacemos que el mundo vuelva a ser inseguro

Mohammed Bin Salman y Donald Trump en una imagen de archivo.
22/07/2026
3 min

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, está haciendo una carrera de fondo para dinamitar todas las reglas internacionales que se han construido a lo largo de los años y, con su acción directa, o con sus alianzas, trabajar por un mundo en el que, efectivamente, solo prevalezca la ley del más fuerte o, también, la del más rico. Es el caso del acuerdo que ha firmado con Arabia Saudí para permitir que la gran potencia del Golfo pueda enriquecer, en su propio territorio, uranio de cara a tener combustible nuclear. En principio no tendría finalidades militares, pero, al contrario que con otros acuerdos anteriores con países terceros, como los Emiratos Árabes Unidos, no está previsto, según lo que ha trascendido de momento, que haya cláusulas de seguridad estrictas ni la exigencia de acceso total de los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Simplemente menciona “estándares elevados de seguridad nuclear” y “no proliferación nuclear”. Aunque es un acuerdo que hace muchos años que se negocia, inicialmente estaba ligado al compromiso de Arabia Saudí de reconocer el Estado de Israel —cosa que quedó truncada después de los ataques de Hamás del 7 de Octubre— y tenía más límites de los que ahora está previsto que se impongan.

El contexto actual es muy diferente. Por un lado, porque hay en marcha una guerra en Oriente Medio, donde Israel y los Estados Unidos han provocado un conflicto con afectación mundial que en principio estaba pensado para impedir que Irán, precisamente, pudiera continuar enriqueciendo uranio, pero que ahora se ha convertido en un conflicto cada vez más enrevesado para conseguir reabrir el estrecho de Ormuz, que antes del conflicto estaba abierto. Este despropósito, además, ha dejado a los aliados norteamericanos del Golfo a la intemperie, ya que han sido el blanco de los ataques de Irán. Y los Estados Unidos no les han podido proteger o lo han hecho solo parcialmente. Arabia Saudí, además, enfadada por el rumbo que tomaba el conflicto, incluso se negó a dejar que se usaran sus bases para disparar contra Irán en los intentos de reabrir el paso de Ormuz.

En relación con los méritos democráticos de Arabia Saudí para recibir un trato de favor, no están muy demostrados. La monarquía del Golfo está liderada por el príncipe heredero Mohammed bin Salman, que a pesar de que vende la imagen de que quiere modernizar el país, es conocido internacionalmente por ser el instigador de la muerte y el posterior descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi, crítico con el régimen saudí, en octubre de 2018 en Turquía. Y un hecho que a ojos foráneos parece paradójico: tanto el ideólogo como parte de los autores del atentado del 11-S, del que este año se cumplen 25 años, eran saudíes, cosa que demuestra un cierto sustrato antiamericano en un país al que ahora se facilitará, precisamente, la posibilidad de tener armamento nuclear.

¿Qué hay detrás de este acuerdo? Al parecer, sobre todo dinero. Aparte de otros beneficios que no están claros, porque hay una parte de los acuerdos que es secreta. Se sabe que será un gran negocio para algunas empresas. Los israelíes, que tienen su propio programa nuclear secreto, están preocupados porque esto supone que su principal aliado permite que uno de sus enemigos regionales históricos gane poder en el terreno nuclear y le pueda hacer sombra. Al final, resultará que el Hacer que América vuelva a ser grandeen realidad quería decir Hacer que el mundo vuelva a ser inseguro.

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