Editorial

Una nueva financiación que quizás no es la mejor pero es del todo necesaria

Imagen del Consejo de Política Fiscal y Financiera
05/09/2026 - 19:35 h.
2 min

BarcelonaLa política es el arte de lo posible, y debemos exigir a nuestros representantes públicos que sean capaces tanto de maximizar las coyunturas políticas como de hacer una lectura realista de la correlación de fuerzas. En este sentido, se puede debatir si el nuevo sistema de financiación que el PSOE ha puesto sobre la mesa, y que supondría una inyección de 4.700 millones extras para las arcas de la Generalitat, es suficiente o no. Pero teniendo en cuenta la experiencia histórica (hace 17 años que no se propone ningún nuevo modelo), y haciendo una lectura realista del momento político, con PP y Vox a las puertas de la Moncloa, no hay más remedio que concluir que sería una gran irresponsabilidad renunciar a este dinero.

Con los servicios sociales tensionados y la salud y la educación con fuertes déficits de financiación, este nuevo sistema no permitirá seguramente dar grandes saltos adelante, pero sí que supondrá un bálsamo, un balón de oxígeno que permitirá poner orden en las cuentas públicas y aliviar la presión financiera sobre la Generalitat. Justamente hace pocos días publicábamos que la Generalitat batió el récord el año pasado de gasto desplazado: 5.295 millones, una cifra similar a la que se ingresaría de más el próximo año si entra en funcionamiento el nuevo sistema. Renunciar a este dinero significaría, de entrada, iniciar el año contable con este agujero, un déficit que se va arrastrando de año en año y que es un lastre que impide iniciar nuevos proyectos.

Votar este sistema no significa renunciar a nada, ni al concierto ni a la recaudación del IRPF ni al control de las bases fiscales. Es simplemente una medida que sin duda ayudará a mejorar la vida de todos los ciudadanos. El PP y Vox ya han anunciado que votarán en contra, a pesar de que todas las comunidades, y especialmente las gobernadas por los populares, recibirán más recursos. Pero ya sabemos que la derecha española solo tiene un objetivo, que es echar a Pedro Sánchez de la Moncloa, y ni se plantea votar a favor.

De hecho, este sistema, pactado entre el PSOE y ERC, tampoco gusta a las comunidades socialistas como Asturias o Castilla-La Mancha, que también votaron en contra en la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. Y todos sabemos que la autora del modelo, la exministra María Jesús Montero, pagó un alto precio cuando se presentó a las elecciones andaluzas y la acusaron de favorecer a Cataluña. El nerviosismo del PSOE ha provocado que hayan prometido un nuevo fondo a las comunidades que ahora quedan por debajo de la media. Por suerte, Cataluña ha conseguido que este nuevo fondo vaya fuera del sistema y se vote aparte, de manera que tanto ERC como Junts tienen la sartén por el mango a la hora de negociarlo.

La cuestión es que ahora mismo no se puede pecar de ingenuidad adoptando una postura maximalista. El gobierno de Pedro Sánchez está en tiempo de descuento, y la obligación de los partidos catalanistas es aprovechar su debilidad para obtener los máximos recursos y competencias para Cataluña antes de que el contexto cambie y sea imposible cualquier avance en el autogobierno.

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