Editorial

Un país no funciona sin servicios públicos

La estación de Sants de Barcelona durante la recuperación del servicio de Cercanías este viernes
23/01/2026
2 min

Cataluña vive esta semana una situación inédita. El servicio de Cercanías, clave para garantizar la movilidad en todo el país, fue suspendido durante dos días a raíz de un accidente que provocó la muerte de un maquinista. Debido al mismo accidente, la AP-7, la autopista que atraviesa el país de sur a norte y que es la principal vía de salida de mercancías, ha permanecido cortada durante más de 24 horas en dirección sur. Este caos en la movilidad ha puesto al descubierto las costuras de unas infraestructuras de comunicación públicas que se encuentran cerca del colapso por una serie de factores, entre los que no son menores la carencia histórica de inversión y los efectos del cambio climático.

Aunque a estas alturas todavía resulta muy difícil justificar una decisión tan drástica como la de suspender todo el servicio de Cercanías para comprobar el estado de las vías tras el episodio de lluvias que hemos sufrido, los maquinistas sí tienen razón en una cosa: es necesaria una puesta a punto urgente de toda la red para evitar tanto accidente. Esperamos que estas 48 horas sin servicio hayan servido para mapear toda la infraestructura, identificar todas las deficiencias y planificar las actuaciones necesarias.

Esta crisis también debe servir para tomar conciencia a todos juntos de la importancia de cuidar de un servicio público como es el de la movilidad (el vandalismo es uno de los principales causantes de incidencias) y también de lo necesario que se dediquen los recursos adecuados. Estos días hemos visto que sin servicios públicos de transporte la economía se asfixia porque los trabajadores no llegan al trabajo, al igual que sin carreteras, por donde van también las mercancías. Y el dinero que se necesita para mantener estas infraestructuras sale ahora mismo de los impuestos que pagamos entre todos, porque el usuario sólo aporta una pequeña parte.

En estos tiempos de demagogia y noticias falsas, se oyen voces que reclaman a la vez una bajada generalizada de impuestos y una mejora de los servicios públicos. El desmantelamiento de los servicios públicos que buscan algunas de estas voces es una política reaccionaria que alimenta a la antipolítica.

Lo que se debe exigir a los gobernantes es una buena gestión de los recursos, lo que demasiado a menudo se echa de menos. Pero debe quedar claro que todos los recursos que se destinen a mejorar y facilitar la movilidad de un área metropolitana como la de Barcelona, ​​que concentra a cerca de 5 millones de personas, estarán bien empleados. Invertir en transporte público, y especialmente en Cercanías, significa invertir también en competitividad y calidad de vida.

La coincidencia del accidente de Córdoba con el de Gelida ha puesto en el punto de mira a todo el sistema ferroviario español. Pero si nos fijamos bien, mientras que el del AVE puede deberse a un factor coyuntural (la rotura de una vía por causas aún desconocidas), el de Gelida responde a razones de fondos estructurales que tienen que ver con el deficiente estado de una parte de la red. El dinero debe ir ahora donde es más necesario. Y eso significa Cercanías.

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