Moda

La familia que convierte sábanas de hace cien años en vestidos de novia

La historia de la Casa Vives y de L'Arca demuestra que un patrimonio solo sobrevive cuando es capaz de reinventarse. Ahora, una exposición en el Museo de Arenys de Mar recupera parte de este legado

Uno de los espacios de la exposición.
12/07/2026
5 min

¿Por qué una familia continúa trabajando con telas centenarias cuando todo el mundo consume ropa nueva que quizás no durará ni un año en el armario? En una época dominada por Shein y Temu –entre otros gigantes de la moda ultrarrápida–, hay una tienda en el Barrio Gótico de Barcelona que desafía esta lógica y trabaja justo en la dirección contraria. En L’Arca, sábanas, colchas y cortinas de finales del siglo XIX y comienzos del XX se transforman en vestidos de novia o piezas de prêt-à-porter. Su materia prima no es solo algodón, seda o lino de calidad: es tiempo. “Es parte de una historia y nosotros solo escribimos un nuevo capítulo”, resume Carmina Pairet, una de las actuales responsables del espacio que comparte con su hermana Nina Balmes.Esta manera de entender la moda no es una tendencia reciente, sino el resultado de dos linajes familiares –una con raíces en el Maresme y la otra en la Garrotxa– que hace casi dos siglos que giran alrededor de la puntilla. La exposición Tesoros del Arca, que este año acoge el Museo de Arenys de Mar, recupera esta historia y muestra cómo las puntillas fueron mucho más que un elemento decorativo: también constituyeron una industria potente, un negocio con proyección internacional y un patrimonio que ha sabido reinventarse. Pero para entender por qué una familia continúa trabajando hoy con telas centenarias hay que remontarse a la Cataluña de mediados de siglo XIX.Cuando la punta era lujo, cultura y mercancía

En el año 1856, en plena eclosión de la Barcelona industrial, nació Casa Vives, una de las empresas que mejor entendió el potencial comercial de la puntilla catalana. Más allá del imaginario romántico que la rodea, la puntilla era mucho más que un adorno: era una industria próspera, un negocio con vocación exportadora y un producto capaz de competir en los grandes escaparates internacionales. La participación de la firma en las Exposiciones Universales de Barcelona (1888) y Chicago (1893) es una buena muestra de ello. “La puntilla era lujo, cultura y mercancía”, resume Carmina Pairet.

Nina Balmes, Carmina Viñas y Carmina Pairet.

Aquel esplendor explica por qué Casa Vives se convirtió en un referente del sector. La puntada catalana consiguió proyección internacional gracias a la combinación del saber hacer artesanal y la innovación técnica. “Esto la sitúa dentro de una historia mucho más amplia, vinculada al comercio, a la modernidad y a los cambios sociales”, detalla Pairet. Con el paso del tiempo, cuando la producción de puntas dejó de ser uno de los motores del textil catalán, otra familia encontró una nueva manera de mantener vivo este legado.Dos linajes, dos siglos y un mismo hilo

La familia Viñas, y especialmente Carmina Viñas, dio una nueva mirada al encaje. Los viajes a los mercados de anticuarios de París, el contacto con el comercio de piezas antiguas y la experiencia en la moda Adlib de Ibiza le despertaron una fascinación por los tejidos antiguos en una época en la que casi nadie los reivindicaba. De regreso a Barcelona, Carmina comenzó un proyecto basado en la recuperación y la reinterpretación de piezas históricas, mucho antes de que la palabra vintage entrara en el vocabulario cotidiano. "Siempre me ha gustado dar una nueva oportunidad a las cosas. Cuando una pieza es buena, no entiendo por qué debería acabar olvidada en un armario", recuerda Viñas.Su historia dio un giro definitivo cuando se casó con Carlos Balmes Vives, descendiente de la estirpe fundadora de Casa Vives. Aquel matrimonio unió dos historias que hasta entonces habían avanzado en paralelo: el legado industrial de una de las grandes empresas de la punta catalana y la mirada contemporánea de Viñas, basada en la recuperación, la reutilización y la creatividad. De este encuentro nació, en el año 1983, L'Arca, un establecimiento que ha convertido el patrimonio textil en una materia viva.Hay una pieza que resume esta manera de entender el oficio: la chaqueta que Carmina Viñas llevó el día de su boda, confeccionada con puntillas antiguas. Aún la continúa llevando en ocasiones especiales.El Arca: mucho más que una tienda

Durante décadas, L’Arca se ha convertido en un espacio donde conviven un archivo textil, un taller de recuperación de piezas históricas y un estudio de creación de vestidos de novia. Encajes del siglo XIX, vestidos antiguos, bordados, pasamanerías y tejidos delicados esperan una nueva oportunidad. “Cada pieza lleva las manos de quien la hizo y de quien la vistió”, resume Carmina Pairet.Esta combinación singular ha convertido L'Arca en un lugar de referencia para figurinistas, coleccionistas, creadores y diseñadores de todo el mundo. Piezas de su archivo han acabado en producciones como Titanic y Vicky Cristina Barcelona, y creadores como John Galliano y Jean-Paul Gaultier o artistas como Norma Duval, Paloma San Basilio y Rosa Maria Sardà también han recurrido a sus tejidos. Pero el prestigio de L'Arca no se encuentra tanto en los nombres propios como en su manera de entender el patrimonio: no como una pieza de museo, sino como un material que continúa generando nuevas historias.

El Arca se ha convertido en un lugar de referencia para muchos diseñadores.

Hoy, la filosofía de L’Arca también se traduce en la línea de novia, liderada por Nina Balmes. “Cada vez más mujeres buscan un vestido irrepetible, que tenga una historia detrás. Quieren emocionarse con la pieza antes incluso de ponérsela”, explica. Cada vestido nace de un doble diálogo: con la novia que lo vestirá y con los tejidos que le darán forma. El proceso comienza escuchando a la novia y continúa en el taller, donde se dibuja un patrón único y se trabaja artesanalmente a partir de encajes, sedas y bordados del fondo de L’Arca. “Recuperamos vestidos o tejidos de nuestro archivo y los estudiamos para entender qué se puede conservar: un encaje, una seda, un bordado… A partir de aquí los transformamos en una pieza nueva que mantiene el valor emocional del original”, explica Balmes. Para ella, este es precisamente el motivo por el cual el oficio continúa vivo: “Si hubiéramos querido conservar el encaje exactamente igual que hace cincuenta años, seguramente habría desaparecido. Hay respeto por las manos que crearon estas piezas, pero también libertad para reinterpretarlas. La transformación no es imponer, sino dialogar con el material”.El patrimonio solo sobrevive si se transforma

Lejos de convertirse en una pieza de museo, la punta continúa despertando el interés de nuevas generaciones de diseñadores y artistas, que la reinterpretan desde lenguajes contemporáneos. “Los jóvenes ya no la asocian solo a una idea romántica. La llevan a terrenos más actuales, incluso conceptuales, y eso la mantiene viva”, explica Nina Balmes.Este recorrido es precisamente el que propone Tresors de L'Arca, la exposición que el Museo de Arenys de Mar dedica a casi dos siglos de historia de la puntilla catalana a través de Casa Vives, la trayectoria de Carmina Viñas y el proyecto que hoy continúan sus hijas Carmina Pairet y Nina Balmes. La muestra se puede visitar hasta el 20 de diciembre y reúne desde piezas históricas del siglo XIX hasta creaciones actuales que demuestran que este patrimonio todavía tiene mucho que decir. “Me gusta pensar que las hacemos circular. Las piezas tienen sentido cuando se vuelven a mirar, a llevar y a reinterpretar”, concluye.

Uno de los espacios de la exposición.
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