La violencia en Minneapolis sacude la ofensiva antiimigración de Trump
Aunque el alto mando de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, va a marachar del terreno, Trump descarta la destitución de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem
WashingtonUna retirada táctica para reajustar la estrategia. Después de semanas tensando los límites y tanteando hasta qué punto la sociedad estadounidense podía seguir tolerando la escalada de brutalidad parapolicial en Minneapolis, Donald Trump ha empezado a retroceder con gestos simbólicos: el cambio de tono después de llamarse con el gobernador de Minnesota, el demócrata Tim Walz, y con el alcalde de Minneapolis, el también demócrata Jacob Frey; el anuncio de una investigación federal sobre el asesinato de Alex Pretti, que fue ejecutado el sábado por un agente de la Patrulla Fronteriza (CBP); la retirada de Greg Bovino, un alto mando de la CBP, del terreno junto a sus hombres; y el envío de Thomas Homan para gestionar la situación. Trump está moviendo las piezas del mostrador para generar una impresión de cambio, pero no es una garantía de un cambio real.
Trump está aplicando ese dicho tan conocido deIl Gattopardo: "que todo cambie para que nada cambie". En Minnesota continuarán las redadas, al igual que justo esta semana acaba de arrancar un nuevo operativo en Maine –en otro estado demócrata– con los mismos objetivos. La escalada de violencia en Minneapolis ha desviado el foco de atención del operativo, bautizado como "Catch of the Day" ("La pesca del día"), y que pone el foco en la comunidad de refugiados de países de África. En Minnesota toda la narrativa para justificar el dispositivo de Metro Surge era combatir el supuesto fraude que Trump adjudica a la población somalí. Más allá de que toda la brutalidad se ha montado sobre acusaciones no probadas, las acciones en terreno de los agentes contra migrantes legales y ciudadanos estadounidenses han dejado claro que no se trataba de una cuestión migratoria.
El lunes por la noche, Trump también se reunió a puerta cerrada con la secretaria del departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, y con Corey Lewandowski, su principal asesor, en el Despacho Oval. Según explican fuentes conocedoras al New York Times, el encuentro duró dos horas y en principio no sugería que Noem o Lewandowski estén en riesgo de perder sus cargos. Este martes, antes de irse al mitin que tiene programado en Iowa, Trump contestaba con un "no" a la pregunta del periodista sobre si Noem debería dimitir por la gestión de la situación. La secretaria del DHS ha justificado y defendido los asesinatos de Alex Pretti y Renee Nicole Good, que fue asesinada a tiros por un agente del ICE el pasado 7 de enero, y no ha dado señales de retractarse sobre su posicionamiento. Según Noem, todo estaba en "defensa propia", pese a que las imágenes del incidente muestren una versión muy distinta a la oficial.
Un gesto de voluntad real de cambio por parte del DHS sería incorporar cámaras corporales a los agentes antiinmigración, al igual que ya se hace con la policía. Ayer se preguntó en la secretaría de prensa, Karoline Leavitt, si se contemplaba esa opción –que, además, así podría ayudar en futuras ocasiones a esclarecer nuevos incidentes–, pero ésta respondió con evasivas.
Pese a que Trump esté defendiendo a Noem, los cambios y la reunión de ayer también son una señal de clara preocupación dentro de la Casa Blanca. Trump ha estado castigando fuertemente a estados demócratas, haciendo casi imposible conseguir rascar ni un escaño en las elecciones de noviembre. Aunque Minnesota fuera ya un caso perdido desde antes de la operación Metro Surge –es marcadamente demócrata–, el lunes, Chris Madel, un abogado que se presentaba en las primarias republicanas por ser el gobernador de Minnesota anunciaba que se retiraba. "No puedo apoyar la represalia que los republicanos a nivel nacional pretenden ejercer contra los ciudadanos de nuestro estado", decía en un vídeo de 10 minutos. Madel no es la única voz conservadora que se mostró alarmada.
Cada vez crecen más las voces críticas con la carta blanca de Trump a la brutalidad parapolicial en Minnesota, aunque muchos de estos posicionamientos vienen de los mismos congresistas que siempre se plantan ante el presidente: la senadora por Alaska, Lisa Murkowski, el congresista de Kentucky, Thomas Masie. Internamente, hay otros que también lo piensan pero no hablan, y algunas nuevas voces están apareciendo: como la de la senadora estatal de Florida, Ileana Garcia. Antes de saltar a la política fue una de las cofundadoras de Latinos for Trump. "Justificar lo que le ocurrió a Alex Pretti contradice los valores americanos con los que la administración hizo campaña. Él no era ni un terrorista doméstico ni un asesino", escribía el lunes en X Garcia, contradiciendo las declaraciones de Trump del fin de semana. En otra vez de volante, el presidente hoy hacía como si nunca hubiera utilizado ese calificativo contra Pretti, y decía que ahora "amo a la familia" del difunto.
Después de apretar, Trump afloja un poco con el beneficio que ya ha escalado tanto la situación que algunas de las actuaciones del ICE se han normalizado: la no identificación de los agentes, que van encapuchados; la detención de personas por perfil racial; ir puerta a puerta e incluso entrar en las casas sin una orden judicial; la fuerza aplicada en los arrestos; la sensación de hipervigilancia a la que vive sometida la comunidad migrante desde hace meses y que en Minneapolis también afecta ya a los ciudadanos blancos. Todo esto ya ha quedado reducido a un mal menor en comparación con las ejecuciones a plena luz del día de Good y Pretti.
Mientras, un juez de Minnesota ha ordenado al jefe del ICE, Todd Lyons, que comparezca ante el tribunal por posible desacato. El magistrado Patrick J. Schiltz ha expuesto que la inusual orden es necesaria porque "el alcance de la violación por parte del ICE de las órdenes judiciales es igualmente extraordinario."