Keir Starmer se enfrenta a una crucial reunión del gobierno, dividida sobre su futuro como 'premier'
Más de setenta diputados laboristas, incluidas al menos dos de sus ministras, le habrían pedido que diera un paso al lado
LondresEl primer ministro británico, Keir Starmer, se enfrenta, en las próximas horas de este martes, a una reunión decisiva de su gobierno, después de que al menos dos de sus ministros le hayan pedido que renuncie al cargo. De acuerdo con diferentes informaciones de la prensa británica, al menos la responsable de Interior, Shabana Mahmood, y la de Exteriores, Yvette Cooper, le han hecho ver la imposibilidad de sostener su liderazgo. El ministro de Justicia y número dos del ejecutivo, David Lammy, y el de Defensa, John Healey, también habrían hablado de su futuro. De una manera u otra, los cuatro se han añadido así a la revuelta de los más de setenta parlamentarios de segunda fila que ayer lunes le pidieron que diera un paso al lado y que estableciera un calendario para una salida ordenada de Downing Street.
El nuevo espectáculo político que vive Westminster tiene lugar menos de veinticuatro horas después de que Starmer intentara reavivar su liderazgo con un discurso en el centro de Londres, en el que aseguró que, de ninguna manera, no abandonaría el cargo para sumir al país en el caos. Pero tanto su liderazgo como su autoridad parecen, a estas horas, heridas de muerte, a raíz del desastre electoral de la semana pasada, en las elecciones locales de Inglaterra y las autonómicas de Gales y Escocia.
Los aliados más cercanos de Starmer habían definido la decisiva intervención como un reinicio de su acción de gobierno. Pero lejos de lo que esperaban el premier y sus hombres de confianza, las palabras del jefe de gobierno fueron recibidas con frialdad por un significativo número de diputados que, a lo largo del día de ayer, desataron un goteo continuado de llamadas a la dimisión o la salida ordenada.
A lo largo de esta mañana se podrá comprobar si la revuelta ha triunfado o no. En cualquier caso, Starmer ya es un líder quemado. Más allá de los nombres que circulan para tomarle el relevo, el gran debate al que debe hacer frente el Partido Laborista es sobre políticas. Políticas que corrijan las enormes desigualdades que continúan afectando a grandes sectores de la población británica, que creyeron en el cambio que Starmer prometió hace dos años y que le llevó a ganar las elecciones en julio de 2024.
En caso contrario, con Starmer o cualquier otro premier, el laborismo corre el riesgo de entregar las llaves del poder a Nigel Farage y la ultraderecha en 2029. "Si no hacemos las cosas bien, nuestro país tomará un camino muy oscuro", reconoció así el mismo primer ministro en su fracasado discurso.
La situación a la que se enfrenta el gobierno, y especialmente el primer ministro, es del todo absurda, teniendo en cuenta que mañana miércoles está previsto el State Opening of Parliament (el Discurso del Rey), la anual ceremonia en la que el monarca lee los enunciados de las leyes que el ejecutivo se compromete a sacar adelante los próximos 365 días. Si Keir Starmer sobrevive a este martes, cuando mañana Carlos III diga las palabras rituales –"mi gobierno hará o promoverá…"–, muchos en el Parlamento se preguntarán de qué gobierno está hablando.