Londres ignora las amenazas de Moscú y facilita a Kiev tecnología para fabricar misiles
El primer ministro británico, Andy Burnham, hace de su primer viaje al extranjero una declaración de intenciones inequívoca a favor de Ucrania
LondresEl primer ministro británico, Andy Burnham, ha respondido a las crecientes amenazas de Rusia contra el Reino Unido elevando un grado su apoyo a Ucrania. En su primer viaje internacional como "premier", el líder laborista ha llegado este lunes a Kiev, donde ha anunciado que Londres permitirá a Ucrania acceder a información militar clasificada necesaria para fabricar su propia versión de los misiles de crucero Storm Shadow. El gobierno británico autorizará al fabricante europeo MBDA a desclasificar los datos relativos a los componentes británicos del misil, un paso que permitirá a Kiev avanzar hacia la producción interna de esta arma de largo alcance.
El anuncio llega en un momento de creciente tensión entre Londres y Moscú. La semana pasada, Rusia amenazó a Londres con "consecuencias" después de que trascendiera que Ucrania había utilizado drones fabricados en el Reino Unido para atacar objetivos en territorio ruso. Y el domingo el Kremlin anunció la retirada de su embajador en Londres, Andrei Kelin, tras siete años en el país. El ministerio de Exteriores ruso ha acusado a Londres de haber elegido "un camino de confrontación" y le ha reclamado que reconsiderara su política.
Lejos de hacer caso de estas advertencias, Burnham ha aprovechado su visita a Ucrania con motivo del día de la independencia de la Unión Soviética para reforzar aún más el compromiso británico. "Las amenazas de Rusia contra el Reino Unido solo refuerzan nuestra determinación", ha afirmado el primer ministro, que ha querido transmitir a los ucranianos que el apoyo británico "no vacilará". "La seguridad de Ucrania es nuestra seguridad", ha remarcado, una política que, a pesar de los cambios de gobiernos desde el inicio de la invasión rusa, no ha variado en ningún momento.
En Kiev, Burnham se ha reunido con el presidente Volodímir Zelenski, que atraviesa sus momentos más comprometidos, y ha presidido su primera reunión de la denominada Coalición de Voluntarios, la alianza de más de 35 países que apoyan a Ucrania. Durante el trayecto en tren hacia la capital ucraniana, también se ha reunido con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, a quien ha asegurado que el Reino Unido será "más audaz" a la hora de acercarse a la Unión Europea, especialmente en materia de defensa y seguridad. Por otra parte, la UE ha anunciado hoy un nuevo paquete de 6.100 millones de euros para ayudar en la compra de nuevos sistemas de defensa.
París inició el proceso
La decisión británica anunciada este lunes completa un movimiento iniciado por Francia. En julio, Emmanuel Macron ya había aceptado entregar a Kiev los planos de los misiles Scalp-EG, la versión francesa de los Storm Shadow, en el marco de un acuerdo de defensa más amplio. Ahora Londres permitirá a MBDA compartir la información sobre los componentes británicos que hasta ahora estaban protegidos. Sin esta autorización, Ucrania no podía reproducir íntegramente el sistema.
Los Storm Shadow, desarrollados conjuntamente por el Reino Unido y Francia, son misiles de crucero lanzados desde aviones, con un alcance de unos 240 kilómetros y una ojiva diseñada para penetrar objetivos fortificados. Tienen un papel importante en los ataques ucranianos contra instalaciones militares rusas e infraestructuras situadas muy lejos de las líneas del frente. Ucrania ya los ha utilizado contra objetivos en Crimea ocupada, incluida la sede de la flota rusa del mar Negro y un submarino, y posteriormente contra blancos dentro del mismo territorio ruso.
El paso anunciado por Burnham, sin embargo, es más significativo que la simple entrega de misiles. Hasta ahora los aliados occidentales habían proporcionado a Ucrania armas fabricadas fuera del país. Ahora Londres y París están dispuestos a compartir suficiente información para que los ucranianos puedan construir una versión propia. Kiev reclama esta posibilidad desde hace tiempo, tanto para acelerar el suministro de armas como para reducir su dependencia de las entregas occidentales.
El mensaje político es especialmente relevante, porque llega en plena escalada de las amenazas rusas contra los países europeos que ayudan a Ucrania. Los servicios de inteligencia occidentales han advertido, además, de una nueva campaña rusa de sabotaje contra fábricas europeas que producen armamento para Ucrania. Se han registrado incendios y explosiones en plantas de Estonia, Italia y Bulgaria, y responsables de la OTAN consideran que el Kremlin está recurriendo a agentes locales para atacar fabricantes militares sin alcanzar un nivel que provoque una respuesta militar de la Alianza.
Esta "guerra híbrida" busca, según responsables de la OTAN, aumentar las tensiones entre los aliados occidentales y disuadirlos de continuar apoyando a Ucrania. Pero la respuesta de Londres es precisamente la contraria. El Reino Unido no solo mantiene la entrega de armas, sino que está dispuesto a compartir una de las formas más sensibles de apoyo: tecnología militar clasificada.
La decisión también pone de manifiesto la diferencia entre los aliados europeos y Washington en esta cuestión. Zelenski espera que los Estados Unidos sigan el ejemplo británico y francés y autoricen a Ucrania a fabricar misiles interceptores Patriot, que necesita urgentemente para defenderse de los misiles balísticos rusos. De momento, sin embargo, y tras anuncios contradictorios, Washington no lo ha autorizado.
El problema es especialmente urgente, porque Rusia ha intensificado sus ataques de largo alcance contra Kiev y otras ciudades ucranianas, mientras Ucrania sufre una escasez de interceptores. El mismo Zelenski ha señalado el suministro de estos misiles como uno de los dos grandes retos del país, junto con un déficit financiero de 27.000 millones de dólares en su ministerio de Defensa.
Para Burnham, por tanto, las amenazas rusas no han funcionado como elemento de disuasión. Al contrario: el primer ministro ha aprovechado su primera visita exterior para marcar un perfil sobre el cual hasta ahora no se había pronunciado.