La socialdemócrata con discurso de ultra
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha vuelto de vacaciones con un movimiento sorprendente: un comunicado conjunto con su homóloga italiana, Giorgia Meloni, en el que ambas se posicionan como el baluarte no solo de la seguridad en Europa ante los peligros "innegables" de la inmigración ilegal, sino también de los valores tradicionales cristianos del Viejo Continente. Alguien que no esté familiarizado con la política escandinava, podría deducir que la líder de Dinamarca forma parte de un partido de extrema derecha o, como mínimo, conservador. "Estamos orgullosas del patrimonio cultural cristiano de Europa y queremos protegerlo. Esperamos que aquellos que vienen a nuestros países y deciden hacer de Europa su hogar respeten nuestros valores y no intenten imponernos una forma de vida que no queremos". Un mensaje que podría haber salido perfectamente de la boca de Viktor Orbán, Marine Le Pen, Santiago Abascal o, efectivamente, Giorgia Meloni. Pero resulta que Mette Frederiksen es socialdemócrata; una de las pocas líderes progresistas que gobierna en Europa, al menos sobre el papel.
Pero hace años que la dirigente danesa ha adoptado la mano dura contra la inmigración como uno de sus principales caballos de batalla política y ha convertido Dinamarca en uno de los estados miembros más intransigentes, tanto con los demandantes de asilo como con los migrantes económicos. Ya en 2021, durante su primer mandato, se marcó el objetivo de "cero solicitantes de asilo" en Dinamarca. Y aquel mismo año, el Parlamento danés aprobó una controvertida ley para externalizar la gestión de las solicitudes a países fuera de la Unión Europea, en concreto, a Ruanda. Así pues, una pionera en una medida de la que ahora Meloni hace bandera, después del acuerdo de cooperación con Albania.
El comunicado de este lunes no supone ningún cambio de postura por parte de la líder danesa. Es más bien un gesto –cargado de demagogia y oportunismo– para aprovechar la crisis en Ceuta para seguir sacando beneficio político del discurso antiinmigración: "No aceptamos la inmigración incontrolada en Europa y hemos liderado una política de inmigración estricta, tanto en nuestros países de origen como en Europa". "Somos las dos únicas jefas de gobierno femeninas en la UE", destacan Meloni y Frederiksen en el comunicado –a pesar de que no quede claro cuál es el valor, en este caso, que sean mujeres–, y afirman que están "unidas en el deseo de proteger Europa". Argumentan que la restricción de las llegadas de migrantes y la creación de centros de retorno a terceros países es la manera "correcta" de hacerlo. "Y creemos que millones de europeos comparten esta convicción", añaden. Un comunicado, pues, que más que aportar nuevas soluciones pretende remarcar que su postura es la misma que "millones de europeos".
La inmigración ha sido durante años un tema estrella en las elecciones danesas, a pesar de que la presión migratoria en Dinamarca no tenga nada que ver con la de los países del sur de Europa. Tampoco se puede comparar con las cifras de refugiados y migrantes que tradicionalmente han recibido sus dos países vecinos: Alemania, el país que más refugiados acogió en 2015, y Suecia, con la cifra más alta en relación a la población. A pesar de que esto también ha cambiado radicalmente durante la última década.
Ascenso del partido tradicional de extrema derecha
Desde el primer momento, Frederiksen se ha situado al lado de Meloni a la hora de pedir la exclusión de España del área de libre circulación europea –aunque Ceuta no forme parte del espacio Schengen–, a pesar de que esto le supuso críticas por parte de miembros de la coalición de gobierno. "Europa debe proteger sus fronteras exteriores. Pero debemos hacerlo cooperando. Y es por eso que no estoy de acuerdo en que el acuerdo de Schengen deba suspenderse", dijo Magnus Georg Jensen, portavoz de inmigración de la Izquierda Radical (Radikale Venstre). El movimiento de la primera ministra, pues, podría llegar a ser peligroso si potencia las divisiones internas: Frederiksen apenas hace solo dos meses que ha estrenado su tercer gobierno, con una coalición más tendente a la izquierda que la anterior.
La crisis en España incluso ha provocado que se convoque de manera urgente un debate en el Parlamento danés, que acaba de empezar el nuevo curso político. Se hará este miércoles, tras la presión del Partido Popular Danés (DF, por sus siglas en danés), el partido de extrema derecha tradicional en el país que está intentando recuperar influencia después de dos legislaturas en la oposición y con un apoyo en caída libre.
Formalmente, la solicitud de un debate urgente la han presentado los cinco partidos de derechas en la oposición, con una pregunta amplia para la primera ministra y el ministro de Inmigración e Integración, Morten Bødskov, también socialdemócrata. "¿Qué puede decir el gobierno sobre las consecuencias para Dinamarca y la cooperación Schengen de la situación en Ceuta, la legalización masiva del gobierno español y la presión sobre las fronteras exteriores de la UE; qué iniciativas tomará el gobierno para garantizar que las fronteras exteriores de la UE estén mejor protegidas, y explicará el gobierno cómo Dinamarca está dispuesta a proteger nuestras propias fronteras si esto se vuelve necesario?".
El líder del DF, Morten Messerschmidt, está consiguiendo devolver el partido a la primera línea mediática y justamente este lunes los medios informaron que la formación cuenta con el apoyo popular más alto de los últimos siete años. Con el 12,4% de intención de voto, el Partido Popular Danés recibe su máxima calificación de aprobación desde abril de 2019, justo antes de las elecciones en las que ganó por primera vez Mette Frederiksen. En los últimos comicios, que se hicieron el pasado marzo, la formación de extrema derecha recibió un 9,1% de los votos, mientras que en 2015, en su apogeo, tenían un apoyo superior al 20%.
Varios analistas daneses señalan la conexión entre el comunicado de la dirigente danesa con Meloni y el ascenso de popularidad del DF.