Italia
Internacional 29/01/2022

Mattarella continuará siendo presidente de Italia

Los partidos llegan a un acuerdo que mantendrá también a Draghi como jefe del ejecutivo

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El presidente de la República de Italia, Sergio Mattarella.

RomaLos partidos italianos se rinden y piden al presidente saliente, Sergio Mattarella, que repita como jefe del Estado, después de que las siete elecciones precedentes resultaron un fracaso por la incapacidad de los bloques de izquierda y de derecha de alcanzar un acuerdo. En la octava votación, esta misma noche, la cámara aplaudió cuando finalmente Mattarella superó el quórum de 505 votos, de un total de 1.009 electores, que le reelegían oficialmente como presidente del país.

Mattarella, que había reiterado que no estaba dispuesto a extender su mandato más allá del 3 de febrero, cuando expiran sus siete años al frente del Palacio del Quirinal, no ha tenido más remedio que retrasar temporalmente su ansiada jubilación para desbloquear la elección presidencial, que amenazaba con romper la mayoría parlamentaria que sostiene el Gobierno de unidad de Mario Draghi.

Fue precisamente el actual primer ministro, cuyo ascenso se daba casi por descontado en las semanas anteriores al arranque de las votaciones el pasado lunes, quien tomó las riendas este sábado para tratar de mediar entre el presidente y los líderes de los principales partidos políticos.

La elección del nuevo jefe del Estado italiano se había convertido en un laberinto sin salida, con vetos cruzados por parte del bloque progresista y de la coalición de centroderecha, y una lista interminable de posibles candidatos que, como se esperaba, acabaron quemándose antes de llegar a la recta final. Porque en eso mismo se basa, en parte, el ritual de la elección presidencial. Una partida de póker donde ningún contrincante quiere enseñar sus cartas antes de tiempo y muchos juegan de farol.

Las formas y los actores pueden cambiar, pero las incertidumbres, bloqueos, alianzas imposibles y traiciones son exactamente las mismas cada siete años. Y no es extraño porque el presidente de la República es el más alto cargo institucional de Italia. Según la Constitución, el jefe del Estado tiene poderes limitados, pero los expertos señalan que el presidente goza de una suerte de poder acordeón, que se expande o se contrae en función de las necesidades del momento. No se limita a tener un rol representativo, sino que su papel es clave en el funcionamiento de la legislatura y a menudo se convierte en el único capaz de mediar entre los partidos para resolver las crisis cíclicas que amenazan la estabilidad del país. La experiencia de Sergio Mattarella como inquilino del Palacio del Quirinal es un buen ejemplo.

Mattarella, garante constitucional

Mattarella ha emergido durante su mandato como un auténtico garante constitucional. Sólo desde que arrancó la actual legislatura en 2018 se han sucedido tres primeros ministros y cuatro Ejecutivos diferentes. Una peculiaridad muy italiana que explica, en parte, las dificultades del Parlamento para encontrarle un sustituto que tuviera el apoyo de una amplia mayoría. Después de ocho votaciones y una semana frenética de reuniones, llamadas telefónicas y pactos más o menos encubiertos para lograr 'in extremis' una personalidad política que estuviera a la altura del desafío, los líderes han constatado que en este clima de bloqueo institucional la permanecía de Mattarella, al menos de forma temporal hasta las próximas elecciones previstas en 2023, podría salvar a Italia del abismo.

Es la segunda vez en la historia de la República italiana que un jefe de Estado se ve obligado a prolongar su mandato. Sucedió en 2013 con Giorgio Napolitano, quien fue reelegido el 22 de abril de 2013 al sexto escrutinio con 738 votos. El Parlamento no consiguió llegar a un acuerdo para elegir a su sucesor y los partidos no tuvieron más remedio que pedir al presidente que permaneciera en el cargo. Sólo cuatro meses antes, Mario Monti había dimitido como jefe de un Ejecutivo técnico encargado que salvar a Italia del precipicio tras el último gobierno de Silvio Berlusconi, a quien Napolitano obligó a dimitir, acorralado por sus escándalos sexuales y una prima de riesgo por las nubes.

Las elecciones celebradas en marzo de 2013 habían dejado un Parlamento fracturado, con los socialdemócratas sin la mayoría necesaria para gobernar y el Movimiento Cinco Estrellas entrando, por primera vez, en las instituciones. Napolitano permaneció dos años más al frente del Quirinal. Re Giorgio, como le bautizaron sus críticos, consiguió desbloquear la situación, pero creó un precedente que Mattarella ha tratado, sin éxito, de evitar.

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