La economía herida por la guerra también marca las elecciones de Israel
El coste del alquiler, la compra, el transporte y las facturas se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las familias israelíes
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JerusalénEl coste del alquiler, la compra, el transporte y las facturas se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las familias israelíes. A cuatro días de las elecciones del 27 de octubre, muchos se preguntan si el próximo gobierno podrá aliviar esta presión después de más de tres años de guerra y de un elevado gasto militar. La seguridad continúa siendo central en la campaña, pero la economía también pesa en el voto. Una encuesta del centro de investigación Israel Democracy Institute (IDI) indica que el coste de la vida y la economía son prioritarios para el 38% de los encuestados judíos y el 46% de los árabes. Un malestar que se concentra especialmente en el encarecimiento de la vivienda y de los alimentos, dos problemas estructurales que se arrastran desde hace años.
La vivienda es uno de los principales focos de esta presión. Según la Oficina Central de Estadística del país, el precio medio de una vivienda en Israel alcanzó los 699.000 euros en el segundo trimestre de 2026. En Tel-Aviv, la media fue de aproximadamente 1,03 millones de euros, y en Jerusalén, de 836.000 euros. El alquiler tampoco da tregua: en Jerusalén ronda los 2.010 euros, frente a un salario mínimo bruto mensual de unos 1.900 euros. El encarecimiento también se nota en el supermercado. Según el índice de nivel de precios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que compara el coste de una cesta de bienes y servicios entre países, los precios en Israel son un 34% superiores a la media de la organización. La vivienda y la alimentación representan el 44% del gasto de los hogares israelíes.
“Los precios de los alimentos son elevados por muchas razones: las restricciones a las importaciones, la falta de competencia, el estancamiento de la producción agrícola frente a una población que crece rápidamente y una regulación deficiente”, explica al ARA Benjamin Bental, investigador del Taub Center, un centro de investigación en política económica y social en Jerusalén. En cuanto a la vivienda, apunta a la construcción insuficiente, una planificación urbana deficiente y las distorsiones fiscales como factores que contribuyen al encarecimiento de los precios.
La guerra en diversos frentes también ha añadido cierta presión a la economía, especialmente a las cuentas públicas. Bental calcula que el coste del conflicto ronda los 129.000 millones de euros, cerca del 22% del PIB anual. Un gasto que deja un margen limitado para ampliar la inversión pública sin aumentar los ingresos del Estado o redistribuir las prioridades presupuestarias.
A pesar de este impacto económico, el Banco de Israel prevé un crecimiento del 4% en 2026 y del 5,5% en 2027. Pero las previsiones de crecimiento no se traducen necesariamente en una mejora de las condiciones de vida de todo el mundo: los hogares con ingresos bajos, las personas con trabajos temporales y las que tienen que hacer frente a alquileres elevados disponen de menos margen para absorber nuevas subidas de precios. Según el IDI, los efectos económicos de la guerra afectan especialmente a la población árabe y a los jóvenes de 20 a 24 años, que a menudo trabajan en sectores como el turismo y el ocio, o en trabajos temporales y menos estables.
“Los jóvenes israelíes se enfrentan a diversas barreras hacia la independencia financiera”, explica a este diario Kyrill Shraberman, investigador del Taub Center y de la Universidad Bar Ilan. El encarecimiento de la vivienda durante las últimas dos décadas, dice, dificulta que una persona joven que vive sola pueda comprarse un piso. Además, muchas oportunidades laborales se concentran en el centro del país y en Tel-Aviv, donde los alquileres elevados complican todavía más el ahorro.
Los jóvenes, los más afectados
Una encuesta de la Unión Nacional de Estudiantes de Israel calcula que los jóvenes gastan de media 1.985 euros al mes, mientras que los ingresos brutos de los que trabajan son de unos 1.790 euros. La vivienda y los gastos del hogar representan 906 euros al mes. En este contexto, ocho de cada diez estudiantes trabajan mientras estudian y casi la mitad reciben ayuda familiar. Este año, un 29% se plantean marcharse de Israel después de graduarse; entre estos, el 79% citan el coste de la vida como uno de los motivos.
A pesar de esta preocupación, la economía no ha ocupado un lugar central en los debates electorales. Un análisis del medio económico israelí Calcalist señala que el Likud, el partido del primer ministro, Benjamin Netanyahu, y buena parte de las formaciones de la coalición no han presentado un programa económico. De hecho, Netanyahu ha concurrido a cuatro elecciones consecutivas desde 2019 sin presentar una plataforma económica integral, según el análisis.
En la oposición, Yisrael Beiteinu, partido de derecha laica que se sitúa como sexta fuerza en las encuestas, es una de las formaciones que ha concretado más propuestas. Plantea destinar unos 862 millones de euros a la policía y 287 millones a la inteligencia artificial, además de aumentar en 7.180 millones de euros anuales el presupuesto de defensa, sin detallar su financiación global. Yashar!, la formación centrista de Gadi Eisenkot, principal rival del primer ministro en estos comicios, propone reducir el impuesto sobre la renta y compensar la pérdida de ingresos combatiendo la economía sumergida. También defiende vincular las bonificaciones fiscales municipales a la situación socioeconómica, pero no ha concretado cómo se aplicaría la medida.
De cara al próximo gobierno, los expertos defienden reformas para reducir las restricciones en el mercado alimentario, invertir en transporte público, ampliar las oportunidades laborales y reforzar la inversión educativa para los colectivos con menos oportunidades, especialmente los ultraortodoxos y los árabes. El coste de la vida no decidirá por sí solo el voto, pero pondrá a prueba la capacidad del nuevo gobierno para compatibilizar el gasto militar con las inversiones sociales y garantizar que vivir en Israel sea más asequible.