La guerra contra Irán impulsa la popularidad de Netanyahu
La operación Teherán cambia la agenda política en Tel-Aviv en un momento electoral clave y sitúa de nuevo la seguridad en el centro del debate
JerusalénLa guerra contra Irán se ha convertido en una oportunidad política para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En poco más de dos semanas de conflicto, la ofensiva ha permitido dar la vuelta a la agenda política y situar de nuevo la seguridad en el centro del debate, y ha desplazado el foco de Gaza –una guerra que empezaba a agotar a los israelíes– hacia un escenario, el de Irán, donde el consenso es mucho más amplio. Varios analistas coinciden en que, si la guerra terminara hoy, Netanyahu sería el principal beneficiado.
Así lo ha querido escenificar el propio primer ministro en su segunda rueda de prensa desde el inicio de la guerra, que ha arrancado con un contundente: "Estoy vivo y todos vosotros sois testigos", en referencia a los rumores recientes sobre su posible muerte. Netanyahu ha defendido con firmeza la estrategia militar y ha asegurado que la operación Rising Lion, diseñada para "eliminar la amenaza existencial que representa el régimen de los ayatolás", está dando sus frutos, pero que no descarta la posibilidad de una operación terrestre para provocar la caída definitiva del régimen iraní
"No se puede hacer una revolución desde el aire; debe haber también un componente terrestre. Hay muchas posibilidades para ese componente terrestre y me tomo la libertad de no compartirlas todas con vosotros", ha afirmado. "Estamos ganando. Irán está siendo desmantelado. Todavía queda trabajo por hacer, y lo haremos", ha concluido, reivindicando el papel de Israel y Estados Unidos en la seguridad regional y mundial.
El discurso del gobierno sostiene, en definitiva, que la ofensiva avanza favorablemente. En este sentido, las Fuerzas de Defensa de Israel afirman haber atacado infraestructuras estratégicas con relativa libertad y reducir la capacidad marítima y aérea de Irán, y aseguran que no se han producido grandes daños civiles dentro de Israel. Según el propio primer ministro, Irán ya no tendría capacidad para enriquecer uranio ni para producir misiles balísticos, dos de los principales objetivos de la campaña. En cuanto al balance humano, los últimos datos oficiales indican que una quincena de israelíes han fallecido desde el inicio del conflicto, mientras que las víctimas en Irán superan las 1.300 y en Líbano, las 980.
Este relato conecta con una opinión pública que, por el momento, se mantiene ampliamente alineada con el gobierno. Según una reciente encuesta del Israel Democracy Institute, cerca del 93% de los judíos israelíes apoyan la operación militar. En cambio, el apoyo es mucho menor entre la población árabe, en la que predomina la preferencia por un alto el fuego. En conjunto, el apoyo global a la guerra se sitúa en torno al 80% y se ha mantenido prácticamente estable desde el inicio de la ofensiva.
La clave de ese apoyo radica en la percepción generalizada de Irán como una amenaza existencial para el Estado de Israel. Durante más de dos décadas Netanyahu ha construido su discurso político en torno a este riesgo. Eliminar la amenaza nuclear y balística iraní ha sido una obsesión por el mandatario. De momento, la guerra parece haber reforzado esta narrativa entre buena parte de la sociedad israelí y la mayoría del arco político, que cerró filas con el primer ministro desde el primer día del conflicto.
El nivel de confianza en el político también se mantiene relativamente elevado, cerca de un 74% de apoyo entre los votantes judíos. Sin embargo, la confianza en las Fuerzas de Defensa de Israel es aún más alta, situándose cerca del 80%, un nivel récord según datos presentados el lunes por el centro de estudios y análisis estratégico con sede en Jerusalén, el Jewish People Policy Institute.
Las encuestas favorecen la decisión del gobierno
Además, el coste interno del conflicto se percibe, por el momento, como asumible. Pese a los ataques diarios provenientes de Irán y de Hezbollah desde Líbano, una mayoría significativa de la población se siente protegida. Según el propio Israel Democracy Institute, el 79% de los judíos israelíes afirman sentirse seguros ante los ataques iraníes, mientras que entre la población árabe esta cifra es sólo del 15%, posiblemente a causa de una menor disponibilidad de refugios en zonas de mayoría árabe.
La economía sigue funcionando, los servicios esenciales se mantienen operativos y la vida cotidiana no se ha visto completamente alterada, con medidas de apoyo como permisos retribuidos –especialmente en sectores afectados como hostelería–, tiendas bien provistas y transporte público en funcionamiento.
Sin embargo, este apoyo aún no se ha traducido de forma directa en una ventaja electoral. Las encuestas siguen situando su coalición lejos de una mayoría clara en el Parlamento israelí, con aproximadamente 50 de los 120 escaños, lejos de los 68 actuales. Sin embargo, si Netanyahu sigue vendiendo la guerra contra Irán como un éxito, los analistas prevén una evolución favorable de su posición de cara a las elecciones previstas en octubre.