Tame Impala hace un abrumador show de festival en el Palau Sant Jordi
El grupo del australiano Kevin Parker presenta el disco 'Deadbeats' en un concierto de dos horas
- Palau Sant Jordi. 8 de abril de 2026
De manera bastante sorprendente, el australiano Kevin Parker convirtió Tame Impala en cabeza de cartel de muchos festivales. A golpe de psicodelia expansiva y talento para las melodías inmersivas, conquistó los horarios de la verdad y construyó una discografía remarcable. Para no anclarse en el fango de la comodidad y la reiteración, Parker ha ido abriendo ventanas a otras sonoridades, evidentes en el disco Deadbeat (2025) que presenta en la gira que pasó ayer por el Palau Sant Jordi, con las entradas prácticamente agotadas. Por cierto, era la primera vez que hacía un concierto en Barcelona fuera del Primavera Sound, donde ha actuado cinco veces. Y como en visitas anteriores a la ciudad, hizo parada en el bar La Plata del barrio Gótico.
En el recinto de Montjuïc, a lo largo de más de dos horas y con una sonoridad expansiva y bastante decente, los Tame Impala del 2026 fueron también los de 2015, y el público lo celebró. Hubo la característica reverberación etérea en la voz, la psicodelia rock que a veces rima con rock progresivo y otras busca el cobijo del tecno, un escenario semicircular relativamente pequeño, un magnífico diseño de luces (como los que lucen más en el Sónar de Noche que en el Primavera Sound) y un líder de carisma desenvuelto, que tan pronto fuma un cigarro con indolencia aprovechando un tema instrumental como se sienta para cantar más cerca de los espectadores de las primeras filas.
El concierto tuvo momentos memorables, porque el pasado de Tame Impala es bastante esplendoroso y con una personalidad bien marcada. Así no se hizo notar abriendo la noche con Apocalypse dreams y The moment e invitando a la experiencia inmersiva. Pero también hubo tramos más flojos, sobre todo relacionados con Deadbeat. Parker injerta texturas y ritmos tecno entre canciones de hace catorce años como Elephant, que fue recibida con entusiasmo cuando crujió el riff de guitarra y el ritmo enfocaba la historia del rock duro. Sin embargo, dado el lenguaje corporal, donde Kevin Parker parece que disfruta más es en el material más reciente, que es precisamente el menos conectado con el pasado de Tame Impala. Por ejemplo, mientras cantaba Afterthought, que podría sonar a primera hora en una discoteca del norte de Inglaterra en los noventa, bajó del escenario para pasear por el foso semicircular. Acto seguido, el entusiasmo cambió de bando y fue el público quien celebró con un griterío el anuncio de Feels like we only go backwards, otro tema de Lonerism (2012), el álbum que marcó el camino ascendente de Tame Impala hasta convertirse en un grupo de festivales masivos como el Primavera Sound. Tal como era previsible, la intensidad en el Sant Jordi bajó con Dracula, una canción de Deadbeat donde conviven las dos almas del Kevin Parker del 2026. Era como si el eco de las canciones más nuevas llegase amortiguado a un público entre el cual había un buen número de personas con el inglés como lengua materna.
Más ejemplos de esta dinámica. Mientras el grupo se queda para tocar No reply, Parker va al lavabo, la cámara le sigue y las pantallas enseñan que, efectivamente, está orinando (es un recurso que utiliza en los conciertos de esta gira). Cuando vuelve, yace sobre una alfombra en un pequeño escenario en el centro de la pista donde trastea botones y teclas. La imagen evoca hechiceros de la psicodelia electrónica, pero lo que suena, piezas de Deadbeat, es tecno progresivo sin garra. Fue el momento que muchos espectadores aprovecharon para ir a buscar líquido, o a evacuarlo. Nuevamente en el escenario principal y con la guitarra, recupera la atención del Sant Jordi con Let it happen, una de las glorias de Currents (2015). Munición de primera para abrir la segunda parte del concierto.
La euforia con la que el público acompañó Let it happen fue recompensada con el bloque más exitoso de la noche: psicodelia de estribillos, lo-lo-lo-los, crescendos rítmicos, confeti y el despliegue lumínico del mejor Fin de Año posible, mientras sonaban perlas de Currents e incluso algún rescate de Innerspeaker (2010) como Alter ego. El emocionante Eventually, con un montón de microcanciones dentro de la canción, y New person, same old mistakes cerraron el concierto antes del bis recordando por qué Tame Impala es un grupo tan efectivo en festivales: por el magnetismo con el que la música de Kevin Parker es capaz de atraer la atención del público. Obviamente, este efecto se multiplicó en el Palau Sant Jordi, donde todo el mundo había ido para escuchar exclusivamente Tame Impala. El regalo final fueron tres canciones, My old ways, The less I know the better y End of summer, y la sensación de que en el balance de la noche pesaban mucho más las cosas buenas que las regulares.