Putin sufre para reclutar soldados y Zelenski envía robots a luchar

Rusia no puede compensar las bajas en el frente y ambos ejércitos luchan por mecanizar aún más la guerra

Soldados ucranianos operan drones desde un refugio cercano a primera línea de frente.
17/04/2026
3 min

MoscúVladímir Putin cada vez tiene más problemas para mantener el sangriento círculo virtuoso que le está permitiendo avanzar a cuentagotas en Ucrania. Las cifras de reclutamiento del ejército ruso han caído los tres primeros meses del año y no compensan el ritmo de bajas provocadas por los drones ucranianos en plena ofensiva del Kremlin. El presidente ruso intenta evitar una nueva movilización que, según los expertos, sería ineficiente e insuficiente para conquistar todo el Donbás. Mientras tanto, Volodímir Zelenski intenta combatir la falta de soldados con la introducción de robots en el campo de batalla, la innovación tecnológica que ambos bandos anhelan para decantar la guerra.

ante la resistencia de la población a ir a combatirKiev afirma que el número de víctimas militares rusas es de récord, pero sus propios registros muestran que hace un año eran un 25% superiores. Zelenski pretende demostrar a Trump que a Putin no le salen los cálculos. Y, a pesar de que Ucrania pueda exagerar las bajas rusas, las dificultades para reabastecer de hombres la primera línea son una realidad para el Kremlin. Las primas por alistarse en el ejército que ofrecen los gobernadores sí que han alcanzado un máximo histórico, tal como recoge el analista Jan Kluge, que monitoriza el gasto regional para captar soldados. Esto confirma que, ante la resistencia de la población a ir a combatir, los gobiernos locales no tienen más remedio que aumentar la promesa de salarios poniendo en riesgo el presupuesto.

Por otro lado, cualquier pronóstico queda supeditado a las posibles revoluciones tecnológicas. Kiev está poniendo todos los huevos en la cesta de la robotización de la guerra “La guerra se disputa en 30 kilómetros”, añade, asumiendo el argumento estadounidense de que si las tropas rusas consiguen ocupar el territorio restante de Donetsk, el conflicto acabará. “Harán falta 150.000 o 200.000 soldados rusos muertos más y quizás este será el final”, apunta. Pero es un escenario todavía muy lejano y la mayoría de expertos militares no creen que pueda vislumbrarse antes de 2028.

La próxima revolución tecnológica

Por otro lado, cualquier pronóstico queda supeditado a las posibles revoluciones tecnológicas. Kiev está poniendo todos los huevos en la cesta de la robotización de la guerra porque tiene un problema endémico de reclutamiento. Y en los últimos días la estrategia parece dar frutos. A la superioridad de los drones ucranianos, que están desbordando la primera línea y la retaguardia rusas y han frenado su ofensiva de primavera, ahora hay que sumar la última innovación presentada por Zelenski: el primer sistema de robots y drones que ha sido capaz de conquistar una posición enemiga sin necesidad de recurrir a la infantería y, por tanto, sin provocar víctimas.

Aunque su uso todavía no está generalizado, esta experiencia prueba que sustituir a las personas por robots no es un horizonte teórico, sino una realidad a explorar. Según los especialistas, quien encuentre la manera de deshumanizar aún más el campo de batalla tendrá opciones de revertir el curso del conflicto o, como mínimo, de obtener una ventaja crucial. “La idea de los militares es que hay que apartar tanto como sea posible a los hombres de la primera línea”, explica a el ARA otro analista bélico ruso que prefiere mantener el anonimato. “El frente se ha convertido en una zona de exterminio total y al menos la primera aproximación la deberían hacer las máquinas”, concluye.

En una guerra de desgaste y de posiciones como la de Ucrania, en la que la correlación entre muertos y kilómetros ocupados es tan desproporcionada, la promesa de una lucha sin coste en vidas se revela tentadora para ambos bandos. Zelenski se ha apuntado el primer tanto y ha cogido la delantera, pero Putin ya ha demostrado con los drones Shahed que, si Rusia consigue tocar la tecla correcta, sus capacidades de producción son muy difíciles de igualar.

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