Internacional 03/03/2022

Las tropas rusas conquistan la primera gran ciudad y se acercan a Kiev

El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, advierte que la Tercera Guerra Mundial sería nuclear

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Dones andan entre restos de viviendas destruidas por los bombardeos a Jitòmir.

Enviada especial a Lviv (Ucrania)Una semana después del inicio de la invasión, la resistencia ucraniana aguanta, a pesar de que las tropas rusas progresan en el frente sur, en la costa del mar Negro, y continúan avanzando lentamente sobre Kiev, donde miles de personas hace días que duermen en las estaciones de metro o en sótanos para protegerse de los bombardeos. Además, se ha visto que la ofensiva sobre Ucrania no es el ataque relámpago que había planificado el Kremlin, y también se han intensificado los ataques contra civiles. Rusia ha atacado hospitales, escuelas e infraestructuras. El balance, según las autoridades de Kiev, ya supera los 2.000 muertos civiles, pero la ONU calcula 227 muertos desde el inicio de la ofensiva, hasta la noche del martes.

Las tropas rusas han conquistado Jersón, una población costera del mar Negro de casi 300.000 habitantes, con valor estratégico: la primera gran ciudad ucraniana que ha caído. En un comunicado, el alcalde, Igor Kolijayev, ha pedido a los soldados rusos que no disparen contra los civiles: "No tenemos fuerzas armadas aquí, solo queremos vivir". El asedio continúa sobre Mariúpol, mientras una multitud ha erigido una gran barricada en la carretera que conduce a la central nuclear de Enerhodar, por donde avanzan las tropas rusas desde Crimea. Al Este del país, sobre Járkov saltaron paracaidistas rusos al día siguiente de los bombardeos de martes, pero la ciudad continúa defendiéndose.

Una segunda fase

"El heroísmo y la resistencia de las fuerzas ucranianas había frenado inicialmente Rusia. Los sistemas de mando y control –la capacidad de comunicarse, moverse y luchar– todavía funcionan. La defensa aérea aguanta y esto ha evitado que Rusia obtuviera rápidamente la superioridad que buscaba", explica en un artículo en The Guardian el analista de Chatham House Mathieu Boulègue. Pero ahora, advierte, "se abre una segunda fase, que pasa por ataques más indiscriminados contra civiles" y que constituye un modus operandi de la Rusia de Vladímir Putin. Lo que hemos visto en Chechenia o en Siria: fuego indiscriminado desde el aire y con artillería, como la que aporta la columna que avanza sobre Kiev y el resto de tropas acumuladas en Bielorrusia y en la frontera con Ucrania. Una guerra urbana con ciudades asediadas que podría enquistar el conflicto.

Vista del estado en que ha quedado el edificio del departamento de policía de Járkov después de los bombardeos.

Las bajas entre las tropas rusas superan ya, según las estimaciones más prudentes, los 1.500 muertos, a pesar de que el Kremlin solo admite 498 (hasta hoy no ha hecho balance de víctimas), y Kiev afirma que superan los 5.800. En todo caso, cuanto más se eleva el coste humano de la guerra, más dificultades internas puede tener Putin, que no ha conseguido arrastrar la población rusa a la exaltación patriótica. Todo ello mientras el impacto de las sanciones internacionales penetra cada vez más en Rusia.

Ucrania sabe que no puede ganar la guerra solo con la fuerza militar. Tiene que ganar la batalla del relato y desmontar la narrativa del Kremlin, que afirma que se está "defendiendo de la amenaza de la OTAN" y que está protegiendo a los ucranianos rusófonos de los "nazis". Por eso Kiev insta a los soldados rusos a rendirse con una recompensa pagada en criptomonedas, o difunde vídeos de soldados capturados a los cuales ofrecen té caliente y les dejan llamar a su madre mientras piden que se pare la guerra.

Este jueves será la segunda ronda de conversaciones entre los gobiernos de Rusia y Ucrania, con una propuesta de alto el fuego sobre la mesa, pero a la cual Rusia llega con las exigencias desde el primer día: la desmilitarización de Ucrania, un cambio de gobierno y el reconocimiento internacional de su soberanía de la península de Crimea, que se anexionó ilegalmente en 2014. No parece que el Kremlin se tome las conversaciones muy seriamente.

Lavrov habla de guerra nuclear

El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, ha advertido este miércoles que "si acabara estallando una Tercera Guerra Mundial, implicaría el uso de armas nucleares, y esto sería destructivo". En la línea de lo que ya dijo Putin, en el discurso previo a la invasión, Lavrov ha apuntado la posibilidad que Ucrania tenga armas de destrucción masiva y ha advertido que "el mundo se enfrentaría a un peligro muy real" en caso de que Kiev adquiriera armas nucleares.

El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov (derecha), con su homólogo sirio, Faisal Mekdad.

Antes de concretar las conversas, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha vuelto a emitir un discurso a través de las redes sociales para animar a sus compatriotas a continuar luchando después de una nueva noche de bombardeos y sirenas antiaéreas. "Nos hemos unido más en estos siete días de guerra que en los 30 años anteriores", ha dicho a los ciudadanos de Ucrania, y ha asegurado que hasta el martes por la noche habían muerto en el conflicto 6.000 soldados rusos y que el ejército de Moscú ha perdido 211 tanques, 9 aviones y 30 helicópteros durante la ofensiva. En cambio, el ministerio de Defensa ruso ha respondido que ha tenido 498 soldados muertos y más de 500 heridos. También 2.000 civiles han muerto en la primera semana de guerra. "¿Y para conseguir qué? ¿Conseguir Ucrania? Eso es imposible. Esto no cambiará con misiles, bombas, tanques o ataques", ha dicho Zelenski.

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