COP26
Internacional 12/11/2021

La vergüenza de la financiación climática

Los 100.000 millones anuales prometidos se aplazan a 2023, pero la mayoría de lo que ya se ha ofrecido no son verdaderas ayudas climáticas

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Inundats por la crisis climática

BarcelonaJapón, Alemania y Francia son los países que más dinero han puesto hasta ahora para el fondo de 100.000 millones que se prometió a los países pobres para combatir la emergencia climática. Una promesa que, de hecho, se rebajó (según la ONU, ahora hay compromisos por valor de 78.900 millones) y que está muy lejos todavía de lo que se necesitaría realmente (los países pobres piden 600.000 millones). Además, en el caso del dinero que sí se ha conseguido, la mayoría se ha dado en forma de préstamos que estos países más vulnerables a la crisis climática tendrán que devolver, con intereses. De hecho, según un análisis hecho por Oxfam, menos de la mitad de las promesas financieras climáticas hechas por los países ricos son verdaderas subvenciones.

Y no solo esto. Buena parte de este dinero se ofrece en forma de proyectos de cooperación genéricos, que tienen una vinculación tangencial con el cambio climático. Es decir, no son ayudas directamente destinadas a reducir emisiones, avanzar en la transición energética o adaptarse a los impactos de la crisis climática, que es para lo que se supone que se creó este fondo en un acuerdo logrado en 2009. El análisis hecho por Oxfam, de hecho, concluye que, de los 59.500 millones que se han aportado de media anual hasta 2018, solo 22.500 millones como máximo se pueden considerar "asistencia específica para el cambio climático". Una quinta parte de lo prometido.

Conseguir estos 100.000 millones anuales –que ya se tendrían que haber logrado en 2020–, y aclarar los métodos de cómputo y la definición de estas ayudas, es uno de los puntos más cruciales de la cumbre climática de Glasgow, la COP26. De hecho, es el punto principal en la agenda de los países más pobres, que ya están sufriendo los embates de ciclones, inundaciones y sequías que ponen en riesgo sus medios de subsistencia.

Pero si una cosa se ha dejado ya clara en Glasgow es que estos 100.000 millones no llegarán hasta 2023. Tres años tarde para cumplir una promesa hecha hace doce. Lo especifica ya el primer borrador de acuerdo que se ha publicado de la COP26.

Los países pobres reclaman también que la mitad de este dinero se destine a proyectos de adaptación a los impactos de la emergencia climática, desde construcciones para proteger las costas hasta sistemas de protección y recuperación de los recursos hídricos, o para rehacer los ecosistemas afectados. Pero de momento estas peticiones no han sido escuchadas. De hecho, según Oxfam, de los 22.500 millones de media anual que sí se pueden considerar como subvenciones para combatir la crisis climática, solo entre 6.000 y 7.000 millones son para proyectos de adaptación.

Japón, Alemania y Francia, los que más dan, pero sobre todo préstamos

Después del acuerdo logrado en Copenhague en 2009, que se formalizó en la COP16 de Cancún el año siguiente, el contador de este fondo estuvo muchos años en 10.000 millones, solo un 10% de lo prometido. Pero se suponía que en 2020 tenía que subir a 100.000 millones anuales.

En 2018, el último año del que se tienen datos oficiales, se llegó a los 78.900 millones, de los cuales 62.200 millones son financiación pública y el resto privada. Y es que el compromiso de los estados es "movilizar" 100.000 millones, una palabra pensada para poder incluir tanto dinero público como privado. De estos 62.200 millones que vienen de gobiernos de los países ricos, la mitad se aporta en forma de acuerdos bilaterales con los países receptores, donde el país que da impone las condiciones. El resto viene de instituciones multilaterales y bancos de desarrollo que reciben dinero de estos estados ricos.

Teniendo en cuenta las ayudas directas bilaterales, el país que más ha dado hasta ahora es Japón, con 9.688 millones, pero el 98% de este dinero son préstamos, a pesar de que mayoritariamente (el 74% del total aportado) se trata de préstamos concesionales, un término utilizado en cooperación internacional que significa que al menos un 25% de la cantidad total es una donación. El segundo país que más ha aportado es Alemania, con 7.026 millones, de los cuales un 41,1% son préstamos concesionales y un 22,5% son préstamos no concesionales. En tercer lugar está Francia, con 4.778 millones, pero también el 90,3% son préstamos; la mayoría, eso sí (74%), del tipo concesional.

España es el país número 11 de la lista, con unas aportaciones bilaterales a los países pobres de 263 millones, pero el 55% son préstamos no concesionales (a devolver íntegramente) y solo un 37% son verdaderas subvenciones para combatir la crisis climática. El cuarto principal contribuyente es la Unión Europea, que sí aporta el 100% de sus 3.157 millones como subvenciones reales. Detrás suyo están Estados Unidos, con 1.898 millones, de los cuales el 67% son subvenciones reales, y Reino Unido, con 1.116 millones, de los cuales sí que un 91% son verdaderas subvenciones.

Son cifras claramente bajas para poder lograr los 100.000 millones anuales que ya se han aplazado hasta 2023. La crisis por la pandemia de covid-19, sin embargo, hace que los estados se resistan más que nunca a aportar dinero. Y también dificulta su disposición a un acuerdo para hacer de esto un verdadero fondo multilateral, como quieren los países pobres, en lugar de ayudas bilaterales que a menudo, dicen, "perpetúan dinámicas coloniales". Todo hace pensar que los estados más vulnerables a la crisis climática se marcharán de la COP26 sin lo que habían ido a buscar. Como siempre.

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