"Era un Himalaya": punto final a una obra descomunal de la lengua catalana
Setenta años y dieciocho volúmenes después, Joan Veny y Lídia Pons concluyen el Atlas Lingüístico del Dominio Catalán proyectado por Badia i Margarit
BarcelonaArmados con un magnetófono, desde 1964 hasta 1978, verano tras verano, filólogos investigadores de la Universidad de Barcelona peinaron hasta 190 localidades de todo el dominio lingüístico catalán entrevistando a gente mayor que todavía hablara la lengua más genuina de cada lugar. De Salsas a Guardamar y de Fraga a Alguer –pasando por lugares como Àger, Chiva de Morella, Pollensa, Mora la Nova, Arbeca, Barcelona o Begur–, el objetivo era descubrir qué palabras se utilizaban en la vida cotidiana, como llamaban los catalanes de la escarcha o de la cosecha, de las de las cosechas patata, cordero y colada. Toda la riqueza dialectal del catalán queda congelada y conservada en una de las obras magnas de las que ya dispone nuestra lengua, laAtlas Lingüístico del Dominio Catalán (ADLC), editado por el Institut d'Estudis Catalans (IEC), que la institución da por concluido después de más de 60 años de trabajo.
El Atlas Lingüístico es la herramienta científica que nos permite saber que beso se llama también potón, pochón, bas, beso, beso, querida, besito, gemelo, en diferentes sitios del dominio. Que la chimenea se pronuncia chimenea, chimenea o chimenea. O que una simple patata se conoce también por pataca/patana, trufa/trunfa/trunfo, patata o patata, aunque no todas salgan en el diccionario normativo. El proyecto se compone de 21 volúmenes: los nueve del Atlas Lingüístico del Dominio Catalán (2.191 mapas, con un carácter más descriptivo y fonético) y los nueve del Petit Atlas Lingüístico del Dominio Catalán (una selección de 1.606 mapas y 65.000 palabras, de una versión, de más, volúmenes de etnotextos, que son transcripciones de la oralidad libre de los distintos dialectos. En definitiva, el atlas recoge el análisis filológico, lingüístico, etimológico, histórico, semántico y la ejemplificación gráfica de la variación léxica de nuestra lengua. Los índices y palabras, claves para la consulta en el ámbito de la romanística, están traducidos al castellano, francés e italiano. Actualmente, existe una pequeña muestra sobre el proyecto en el claustro del IEC.
2.400 preguntas y un 600
El resultado es fruto de una investigación colectiva, pero también –sobre todo– del empuje riguroso y entusiasta de dos figuras importantes de la filología catalana, los catedráticos Joan Veny y Lídia Pons. El lingüista Antoni Badia Margarit (1920-2014) fue el instigador del atlas en 1952 y quien recibía las ayudas anuales para la investigación, al inicio vinculada a la Universidad de Barcelona, pero a efectos prácticos enseguida asumió el liderazgo el doctor Joan Veny. Habían elaborado un cuestionario con 2.400 preguntas, el despliegue territorial era pesado (a veces iban en transporte público, otras en 600) y la selección de los encuestados, complicada: "Era un Himalaya, un Everest que difícilmente subiríamos. Siempre recordaré una frase que me dijo el doctor Ba. 600 y, cuando terminamos la primera jornada, subimos al coche y me dijo: «Coraje, Juan, que sólo quedan 199»».
La investigación sobre el terreno se alargaría casi quince años y Veny embarcó filólogos como Joaquim Rafel, Joan Martí, Montserrat Badia y Lídia Pons, que sería la codirectora desde 1989, cuando el IEC asumió el proyecto. El presidente del Instituto en la época, Emili Giralt, explicó la importancia del proyecto al ingeniero gasístico y empresario Pere Duran i Farell, que invirtió 15 millones de pesetas. Estas y otras inyecciones garantizaron su estabilidad, continuidad e innovación metodológica. A partir de 2000, se publican periódicamente los volúmenes del gran y el pequeño atlas, hasta el 2018, un trabajo ingente que hoy es consultable también online.
A falta de concluir los índices y los etnotextos, el IEC da por cerrada la cartografía del Atlas Lingüístico del Dominio Catalán y prácticamente se concluye un proyecto vasto y valiosísimo: "Una obra de referencia constante para los estudios de nuestra lengua y útiles para nuestra cultura y reafirma la cultura en el IEC–. Hoy es un día de fiesta mayor que deberíamos celebrar popularmente con repique de campanas y lanzamiento de cohetes”. La ADLC puede ponerse junto a las grandes obras de que dispone el catalán, como el Diccionario catalán-valenciano-balear o el Diccionario etimológico y complementario de la lengua catalana, que son verdaderos festines lingüísticos. "Poseemos un tesoro lingüístico que durante años ha sido preservado en bruto. Ahora ya sí, sus joyas, un patrimonio colectivo de gran valor, corren por las redes y están al alcance de todos. Que sean luz para futuras investigaciones", deseaba Núria Jolis, coordinadora del proyecto, quien también ha dedicado toda su vida profesional a esta obra científica de referencia internacional.