Aprender catalán

El modelo educativo que sí que consigue que el catalán sea vehicular

La Bressola celebra 50 años con un modelo de inmersión que nunca ha bajado la guardia y que el Gobierno pone de ejemplo

19/06/2026

BarcelonaEl modelo de inmersión lingüística catalán, que se ha debilitado con los años y los cambios sociales, es uno de los frentes que hay que reformular para remontar la situación del catalán. Cuando se le pregunta cómo, el consejero de Política Lingüística señala la Cataluña Norte. "La Bressola tiene un modelo de inmersión que con un 2% de alumnos catalanohablantes consigue que el catalán sea la lengua entre iguales sin la supervisión de adultos. Si esto es posible en su contexto, debe ser posible en otros centros", afirmaba en la última entrevista de ARA. En Cataluña, solo la mitad de los alumnos de 6.º habla siempre catalán con los profesores y solo uno de cada cuatro habla siempre catalán cuando hace trabajos en el aula con los compañeros. Fuera del aula, el 60% de los alumnos no usa el catalán con los compañeros. ¿Cómo lo hacen en La Bressola para que realmente los alumnos conversen en el aula, en el patio y en el comedor en catalán?

"En nuestras escuelas todo gira en torno a la inmersión. Los espacios, las relaciones, las rutinas, siempre están preparadas y concebidas para que el catalán sea vivo y sea utilizado. Nuestro objetivo es que los niños sean competentes en catalán y esto significa que el catalán no debe ser la lengua del aula o de los contenidos, debe ser la lengua de la vida", explica Marta Ibáñez, directora pedagógica de la red de escuelas Bressola. Hoy atienden a un millar de alumnos en siete colegios de primaria y dos centros de secundaria. "El rato que un niño está en inmersión lingüística en nuestras escuelas no llega ni al 20% de las horas que está despierto, el otro 80% vive en francés. Por lo tanto, nuestro trabajo debe ser muy rico, muy riguroso y muy eficiente", señala.

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En la práctica, ¿cómo lo hacen en el aula? Su modelo se ha consolidado con tres estrategias. En primer lugar, la verticalidad. Desde que La Bressola era una escuela con siete alumnos comprobaron que funcionaba dar a los más mayores la corresponsabilidad de enseñar la lengua a los más pequeños. Por eso mezclan a los niños y comparten aula infantil de diferentes edades (en tres ciclos: 2-5 años, 6-7 años y 8-10 años). "Los mayores son reconocidos como los expertos y los pequeños quieren parecerse a sus referentes lingüísticos. Es como una estructura familiar", dice Ibáñez.

En segundo lugar, la inmersión. No se trata de que el maestro hable siempre en catalán. La inmersión es una técnica pedagógica para aprender una lengua que no es la inicial del aula, de manera que los maestros programan las clases para potenciar el intercambio lingüístico. Es importante que los alumnos comiencen con 2-4 años para que aprendan el catalán desde que adquieren el habla, y que comiencen en aulas "donde siempre debe haber proporcionalidad, de manera que la entrada de estos nuevos niños no desborde a los que ya tienen la lengua", advierte la maestra; es decir, que se mantenga la inmersión. El equipo docente siempre debe estar presente para acompañar en la adquisición del lenguaje sin pasar por el francés: si están en el patio deben sentarse en el arenero y si están comiendo deben sentarse a la mesa. "Los profesores deben anticipar las necesidades verbales de los alumnos y prever cuándo el catalán puede desaparecer porque simplemente el niño no tiene la palabra. Si juegan a la cocinita, deben haberles introducido palabras como plato, cuchara, vaso [vaso]...", explica Ibáñez.

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La tercera pata es el trabajo cooperativo, lo que hoy llamaríamos proyectos, que redunda en la relación entre iguales y en la autonomía de los jóvenes. "Se fomenta mucho la metacognición, la toma de conciencia del alumnado de su propio proceso de aprendizaje. Es natural hablar con los niños y que hagan una autoevaluación de cómo van en lengua. Son conscientes de que están haciendo algo heroico, ellos hablan dos lenguas, hablan catalán, están contentos y tienen un sentimiento de pertenencia a la cultura catalana", asegura Ibáñez.

Compromiso de padres y maestros

a medida que aumenta el nivel educativo, baja la presencia de catalánAhora bien, son escuelas asociativas y concertadas, son una elección de las familias y, por tanto, todo el mundo comulga con la vehicularidad del catalán para alcanzar un buen nivel tanto de catalán como de francés. ¿Por qué llevan a los niños a La Bressola? "Por un lado, porque son escuelas pequeñas con un proyecto pedagógico coherente y humano. En segundo lugar, porque hay familias que tienen vínculos afectivos con Cataluña. Quizás los abuelos hablaban catalán y se ha interrumpido la transmisión lingüística dentro de la familia. En tercer lugar, está la ventaja cognitiva y educativa de aprender una segunda lengua. Y, en cuarto lugar, reconocen el valor cultural del catalán y piensan que ayudará a los hijos a la hora de ir a trabajar a la Cataluña Sur o a la universidad", dice Ibáñez.

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Con los padres implicados en la inmersión como objetivo primordial, el otro factor determinante es la alineación del claustro de maestros. "Los maestros deben estar formados y ser coherentes con el proyecto. Cuando llega un maestro nuevo, se le explican los pilares de la casa y el primer año le acompaña un maestro-formador", dice Ibáñez. Lo constata la profesora de didáctica de la Universitat de Vic-UCC, Teresa Puntí, que conoce muy bien el modelo y envía alumnos a hacer prácticas. Piden a los maestros un nivel muy alto de lengua oral y les hacen formaciones periódicamente.

"Son muy exigentes y no han bajado nunca la guardia, porque la inmersión es su razón de ser: nacieron para incrementar el uso social de la lengua en la Cataluña Norte. Es el modelo de referencia más persistente y bien trabajado de inmersión que tenemos cerca. Tienen lista de espera, porque ir a La Bressola prestigia", asegura Puntí, que también enseña técnicas de inmersión lingüística a los futuros maestros de la UVic-UCC. "La inmersión no se da por hecha, se evalúa siempre en las reuniones de equipo semanales, en todos los cursos y todos los ámbitos, no solo dentro del aula", señala la pedagoga de La Bressola.

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Cada uno su sistema

Con motivo del 50º aniversario de La Bressola, que el Govern ha ayudado a financiar, y conscientes de que su modelo puede ser un referente para reformular la inmersión catalana, han promovido un seminario que está recorriendo todas las universidades catalanas: Herramientas y estrategias inmersivas. "Los alumnos, que son futuros maestros, son muy conscientes de la situación del catalán en Cataluña Sur, están preocupados e interesados en nuestro modelo –reconoce Ibáñez–. Cada contexto sociolingüístico debe adaptar su modelo. En Cataluña Norte, la lengua prácticamente ha desaparecido de las casas, de las calles y de la vida pública, y tenemos escuelas pequeñas y asociativas. El contexto en los Països Catalans no es el mismo".

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La Bressola también tiene unos retos muy concretos. Un objetivo es la consolidación económica, de manera que las ayudas que vienen de la Generalitat y otras donaciones sean estructurales y permanentes. Otro es que La Bressola finalmente pueda abrir su anhelado liceo (que equivale a los tres cursos después del colegio), para cerrar el círculo y garantizar el catalán hasta la universidad. Hoy el 6% de los alumnos que estudian catalán en Cataluña Norte siguen una enseñanza bilingüe o inmersiva, y un 19% tiene algún contacto con el catalán, pero a medida que aumenta el nivel educativo, baja la presencia del catalán.

Otra de las dificultades es la movilidad del profesorado, que a menudo llega del Principado por un período de tiempo corto. Y, finalmente, está el reto intrínseco a un proyecto lingüístico en un entorno hostil: "Que el catalán siga siendo una lengua de vida en la escuela", dice la directora pedagógica. De momento, hay lista de espera de alumnos y lista de municipios que aspiran a abrir su Bressola. "Creo que hay un interés creciente por el catalán, incluso lo hay en las escuelas públicas, y hay muchas entidades, casales y gente sensible que quiere recuperar el uso social de la lengua. La escuela no lo puede conseguir sin todo un ecosistema sociolingüístico", asegura Ibáñez.

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