La ingeniera agrónoma que hace pensar en femenino
LleidaHay mujeres que todavía llevan la etiqueta de "la primera" o "la única". Conxita Villar Mir es la primera decana del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Cataluña (COEAC) de fuera de Barcelona. A los 29 años había sido la primera vocal mujer. Hoy es la única decana del sector en todo el Estado, la primera premiada por el Instituto de la Ingeniería de España por su contribución a la igualdad y la única de fuera de Madrid. Singularidad como mérito y síntoma a la vez.
Esta leridana se define desde la contradicción fundacional: su referente femenino fue un “no-referente”, una madre empoderada pero hija de un tiempo que recomendaba a las mujeres no complicarse la vida. "Búscate una carrera fácil", le dijo. Rebelde por naturaleza y dotada para las ciencias, a pesar de su inclinación por las bellas artes, a la hora de elegir carrera Conxita escogió la opción más exigente que se ofrecía en aquel momento en Lérida, la ingeniería agronómica.
Desde 2021 preside el colegio de una profesión invisible a pesar de ser imprescindible. "Cuando te comes una fruta, como cuando abres el grifo o subes al tren, la ingeniería ya ha hecho el trabajo". Por eso los jóvenes no tienen referentes. Trabajar por esta visibilidad es uno de sus objetivos. El sector agroalimentario representa el 20% del PIB industrial del país y garantiza que disponemos de comida cada día. Hablamos de trabajo asegurado con una ocupación del 100% y un generoso abanico de salidas profesionales, que van desde el campo hasta la mesa. Por contra, cada año salen de las universidades catalanas menos de doscientos estudiantes de ingeniería agrícola, y tan solo treinta o cuarenta del máster habilitante. Y esto, explica la decana, ya se puede considerar una victoria, teniendo en cuenta que hace tres años eran quince.
Si lo analizamos con la lupa de género, solo el 30% de los estudiantes de este grado son chicas, un porcentaje que se reduce entre las que acaban los estudios superiores. Con solo un 20% de colegiadas, Villar defiende sin matices la ley de paridad: "Ojalá no necesitáramos las cuotas, pero si no obligamos, no se piensa en femenino". En los tres años que le quedan de mandato al COEAC, se propone llegar al 40% de mujeres en la junta de gobierno. Como coordinadora de igualdad de los colegios de ingenieros agónomos de España, aumentar el número de decanas, convenciendo a los salientes para que piensen en las compañeras a la hora de proponer el relevo. Y para el conjunto del sector, multiplicar referentes, y no solo en la excelencia lejana, sino en vidas posibles: profesionales reales que concilian, que viven bien, que existen.
Entre la ingeniería agrónoma, la gestión, la dirección y la docencia, Conxita Villar ha trazado una trayectoria que desmiente el estereotipo. No solo ha llegado a donde quería en un mundo de hombres: ha dejado la puerta abierta, y constata que, muchas veces, el techo de cristal se lo pone una misma. En un sector que aún no se ve, esto quizás es lo más transformador de todo.
Pero el reto no es solo de género. Villar alerta que el país está lejos de una soberanía alimentaria suficiente, que no llega al 40% y habría que situar "al menos al 60%, especialmente en un contexto de tensiones geopolíticas y cambio climático". Esto pasa, según ella, por más regadíos –Cataluña no llega al 20% de superficie agraria irrigada–, por infraestructuras modernas y por aplicar más tecnología al campo. También por atraer relevo generacional y reducir una burocracia que desincentiva. "Y sin ningún tipo de duda, necesitamos independencia energética y economía circular, y esto tiene un coste". De aquí a veinte años, Conxita Villar se imagina un mundo rural catalán con más gente viviéndolo y ganándose bien la vida, con explotaciones más eficientes y digitalizadas, y con "un sector capaz de ser a la vez sostenible, circular, digital y colaborativo".