En el proceso de La revuelta para cerrar la temporada, el miércoles por la noche conectaron por videollamada con Shakira. Una entrevista típicamente promocional para anunciar los conciertos de septiembre y octubre en Madrid. Una conversación absolutamente anodina e intranscendente para poder decir que has tenido a la cantante en el programa. Shakira estaba en Boston, en plena gira y pendiente de la actuación en la final del Mundial. Conectaba desde un salón elegante, decorada con la típica frialdad e impersonalidad de un hotel de lujo o de un apartamento para gente adinerada. David Broncano, a pesar de su tono desenfadado, procuraba aparentar cierta normalidad eliminando cualquier trascendencia al momento. Con todo, se le notaba la prudencia que suelen exigir las grandes estrellas internacionales, donde todo debe ser sumamente educado y se debe insinuar una actitud más bien reverencial. El presentador siguió todos los protocolos del elogio, el reconocimiento a la labor artística de la cantante y la mención de los conciertos, con las hipérboles justas. Shakira correspondía con unas risas de cortesía, la generosidad de invitarle a sus espectáculos y aquella alegría de los famosos para demostrar que, a pesar de la fama, continúan siendo personas normales y corrientes.
Durante la entrevista, se oyó el timbre de un par de llamadas que entraban al teléfono desde donde Shakira estaba haciendo la conexión. Broncano y compañía aprovecharon para bromear con aquella casualidad. Y mientras daban la opción a incluir la llamada en directo para conversar todos juntos sucedió un hecho insólito. Por el lateral de la imagen apareció una chica a cuatro patas, avanzando por detrás de Shakira, para cortar las interrupciones de la llamada. Quería esconderse y el resultado fue todo lo contrario. El programa hizo notar aquella situación esperpéntica y Shakira, al constatar que se había visto en pantalla, se rió. “¡Deja a las personas que se pongan de pie!”, dijo Ricardo Castella, codirector del programa. Broncano pidió que la chica que habíamos visto arrastrándose saliera a saludar y Shakira la presentó como su asistente. La abrazó y rieron juntas. “¡Diana siempre me da ese toque!”, apuntó la cantante para quitarle importancia. Te preparas el guion más anodino y tópico para entrevistar a Shakira y el azar te regala un instante cómico que convierte el momento en viral y único.
La escena refleja las miserias de la televisión, pero también las de las grandes estrellas, donde siempre hay alguien dispuesto a andar a cuatro patas para que todo parezca perfecto. El instante recordaba aquella conexión de la BBC de 2017 con el corresponsal Robert E. Kelly, cuando sus hijos pequeños irrumpieron en el despacho y la madre de las criaturas, estresada e intentando esconderse, se arrastraba para sacarlos de la habitación. Shakira quería parecer una persona corriente y terrenal. Nada humaniza más que la cotidianidad entrando en la pantalla. Un barómetro que delata también el estatus de cada uno.