“No digas nunca de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre”. El dicho castizo me lo repetía a menudo mi padre (!) y lo tengo presente siempre como vacuna antes de escribir un vaticinio. Pero convendremos que las probabilidades de que Begoña Gómez dé el do de pecho dirección a Pernambuco mientras su marido es presidente de España son francamente remotas. Por eso, su retirada de pasaporte por orden del juez Peinado ha causado sorpresa en la prensa, incluso en la de derechas. Los hay que incluso aventuran una maniobra maquiavélica: le tumban esta provisión, a pesar de todo inocua, el sistema queda reforzado como garantista y ya pueden atacar al fondo, que es intentar enviarla a la cárcel. ¿Pasado de vueltas? No digas nunca de esta agua, etcétera. En todo caso, extrañaba ver este subtítulo en El Mundo: “El instructor prohíbe salir del país a Begoña Gómez e indigna a la policía al afirmar que sus escoltas pueden ayudarla a escapar”. Es revelador que el diario manifieste más fidelidad al cuerpo policial que al magistrado. Incluso en el ecosistema de las cloacas hay jerarquías y deferencias entre los lotes. Otra voz de derechas relevante que ha peinado al juez ídem es José Antonio Zarzalejos. En una columna en El Confidencial dice: “La resolución de Peinado parece el desahogo de un magistrado irresponsable que compromete no solo su reputación sino que, además, ofrece un recital de pésima competencia técnica y de menguado juicio personal”.
Que la corteza de siempre se haya enfundado los fachalecos para su particular partida de caza no quiere decir, claro está, que todo sea una invención sin base. El hedor hace semanas que marea. Pero este ruido de trabuco constante sí que sugiere una cosa: que los delitos políticos en España se investigan de manera asimétrica, con profundidades dispares, tempos divergentes, instrumentaciones mediáticas arbitrarias y afinaciones fiscales a la carta.