Tucker Carlson entrevista a Vladimir Putin.
07/08/2026 - 19:44 h.
Jefe de Media
2 min

Entrevistar dictadores (y similares) es siempre un dilema: ¿hasta qué punto estamos brindando una plataforma a sus ideas antidemocráticas y a sus regímenes represivos? Pero, a pesar de todo, hay espacio para buenas entrevistas, especialmente gracias a la kryptonita del ego: si el mandatario sucumbe a ella, en busca de validación, puede haber espacio para un buen intercambio periodístico. Un ejemplo es la entrevista que le hizo Jorge Ramos, de Univisión, a Nicolás Maduro. No había manera de salir de las trivialidades que humanizan a los autócrates hasta que el presentador le plantó un iPad con el que le mostró imágenes de venezolanos hambrientos comiendo de los contenedores. Maduro se levantó, dio la entrevista por acabada e hizo detener al periodista y a su equipo, además de confiscarles las imágenes. Claro, al cabo de pocos meses acabaron apareciendo: alguien del entorno del gobierno venezolano las filtró. No hace falta decir que Maduro ya solo se ha dejado entrevistar por periodistas que consideraba afines. 

Y no es el único. Como comentaba en el artículo de ayer, la tendencia es que los dictadores no se la quieren jugar y ahora tienen más ventanas para asegurar el tiro: los pódcasts (sobre todo aquellos que no se adhieren a los principios periodísticos) y las redes sociales, con las que pueden llegar a la población sin la molestia de alguien que les plantee cuestiones incómodas o les haga alguna repregunta incisiva cuando se salen por la tangente. Que Putin se haya dejado entrevistar solo por Tucker Carlson –que tiende a hablar de él en términos positivos– era un movimiento fácil de entender, tan previsible como el resultado: una conversación infumable, más bien un largo monólogo apenas interrumpido por preguntas amables. Por lo tanto, hay que intentar entrevistar dictadores, claro, pero haciendo periodismo y asegurando un terreno de juego justo. Si no, acaban entrevistándose a sí mismos. O viniendo a divertirse a El hormiguero, para entendernos. 

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