Iñaki Urdangarin en 'Lo de Évole'.
Periodista i crítica de televisió
2 min

Cuando Jordi Basté entrevistó a Iñaki Urdangarin para el Plan secuencia se justificó diciendo que eso sólo era una conversación y que él no era Jordi Évole. El domingo, pues, a Lo de Évole, había más expectativas. En plena gira promocional de su libro, el exduque de Palma se sentó en un sillón de un piso de reminiscencias burguesas para contar su historia. El programa se estructuró en dos partes. Una primera hora, "La cara", centrada en el ascenso del personaje, y una segunda, "La cruz", que arrancaba a partir del momento en que Urdangarin pasó de ser"el yerno ideal en el chorizo ​​de España".

Esta estrategia permitía al periodista proporcionar unos preliminares muy agradables al invitado, recordándole momentos entrañables: el deportista guapo, la pareja moderna, la vida en Barcelona, ​​las aventuras clandestinas para festejar en secreto e incluso una batería de preguntas delirantes sobre las dinámicas domésticas de la Corona. Évole se recreaba en las fantasías del campechanismo y buscaba similitudes entre el pueblo raso y la monarquía, preguntando si en Navidad se llevaban la silla de casa o si lo que se levantaba antes en Marivent llevaba churros para almorzar para todos. "Estoy flipando con estas preguntas", incluso llegó a expresar Urdangarin. Por suerte, la lectura de algunos fragmentos del libro permitió huir del relato edulcorado para aterrizar en una realidad en la que aparecían las grietas familiares y las dinámicas institucionales.

Sin embargo, la entrevista elidía los cargos que se le imputaron y los hechos concretos que le llevaron a la cárcel: "Has pagado por lo que se te condenó", dijo Évole. El nombre de su socio, Diego Torres, no apareció por ninguna parte. La visita autoritaria a Washington del exjefe de la Casa del Rey, Fernando de Almansa, para exigir el divorcio de la pareja y la llamada de Felipe VI para insistir empezaban a destaparse las cloacas de la Zarzuela, pero, con la zarzuela, pero, suciedad más superficial.la desubicación de domicilio"para hablar del exilio del emérito y el cordial intercambio de mensajes para desearse feliz Navidad y felicitarse el cumpleaños nos situaban en un marco de hipocresía que provocaba perplejidad. Urdangarin volvió a su discurso victimista. El chico humilde y sensato que fue seducido por la opulencia del aristo, a yerno del rey y no como un deportista olímpico y, finalmente, relegado a la marginación en consejos de administración de grandes compañías sin saber un borrador. Un hombre arrastrado, sin voluntad ni criterio, en la hoguera de las vanidades. practicar.

Las dos horas de entrevista fueron entretenidas. Pero periodísticamente, a pesar de ir un poco más allá, es inevitable detectar una extraña prudencia. Urdangarin ya no es ni duque, ni yerno, ni cuñado. Pero se le sigue rindiendo cumplimiento.

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