Los goles fáciles de un entrevistado troleador

Ernesto Castro.
13/07/2026
Jefe de Media
2 min

Ernesto Castro es un joven filósofo que alcanzó cierto éxito como youtuber hablando de asuntos culturales contemporáneos. Hace poco, se hizo viral porque explicó su conversión al catolicismo y varios periódicos lo han entrevistado. El País lo hacía por cuestionario, a petición expresa suya, y el resultado es una pieza donde se hace evidente el problema de no tener al sujeto delante: Castro aprovechaba para trolear al diario cada pocas respuestas. “Ustedes, los periodistas, sabrán por qué me tocan ahora a mí estos quince minutitos de mierda y fango que internet nos tiene reservados a todos los vivos en este siglo”, espetaba. O bien: “Si lo dice la prensa, será verdad, ¿no? ¡Suerte que tenemos diarios rigurosos! ¿Qué sería de nuestra vida sin el fact checking?” Y cuando le preguntaban cómo se lo habían tomado sus padres, respondía: “Perdón, ¿pero esta entrevista es para El País o para ¡Hola!?” El periodista preguntaba también cómo habían recibido sus 170.000 suscriptores esta conversión y él decía socarrón: “No lo sé, no los conozco a todos. Habrá que preguntarles uno por uno. Nuevo reto para el periodismo de investigación de este milenio”. Días antes, en El Mundo se despachaba de una manera similar. “Ya se ve que en el arte de la entrevista la competencia no está muy reñida”, dejaba caer al periodista.

Entrevistar a alguien por cuestionario debería ser un último recurso muy justificado. Si no, se rompe cualquier sentido de conversación, no tienes garantía de que lo ha respondido él realmente, se pierde la espontaneidad y el otro tiene todo el tiempo del mundo para construir su discurso editando y repasando a conveniencia sabiendo que nadie lo replicará. Ya que alguna vez hemos hablado de entrevistadores que se toman mil licencias y se inventan la mitad de las respuestas, hoy toca señalar el caso contrario que comporta renunciar al elemento básico de cualquier conversación: la repregunta.

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