El músico, en un instante de 'El bajo perdido de McCartney'.
Periodista y crítica de televisión
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En 1961, en Hamburgo, Paul McCartney se compró su primer bajo. Entonces, el músico tenía solo dieciocho años y el instrumento, nuevo a estrenar, le costó treinta libras. Era de la casa Höfner, con el cuerpo pintado con aquel degradado clásico, estilo sunburst. Stuart Sutcliffe, el primer bajista de la banda, les acababa de comunicar que lo dejaba para dedicarse a la pintura. Lennon y Harrison se negaron a cambiar de instrumento y McCartney asumió la solución del problema como un reto. Sustituyó la guitarra por el bajo y, con el tiempo y el éxito fulgurante de los Beatles, el sonido de su bajo melódico se convertiría en una segunda voz en los grandes temas del grupo. Con McCartney, el bajo se convirtió en un elemento narrativo de las canciones, e influyó de manera determinante en la música pop y rock que se hizo posteriormente.Pero poco después de que los Beatles se separaran, a principios de los setenta, aquel bajo se extravió. Primero, McCartney no le dio mucha importancia, pero cincuenta años después inició un proceso de búsqueda para recuperarlo. “Esta es la historia de la búsqueda del Santo Grial del rock & roll”, anuncia un cartel al inicio. McCartney: The hunt for the lost bass (El bajo perdido de McCartney, en Movistar+) condensa todo el proceso de localización del instrumento con el testimonio principal del músico y de todas las personas que colaboraron en esta gesta que parecía imposible.Los documentales que explican una investigación acostumbran a ser emocionantes. Las personas suelen dejar un rastro vital, pero los objetos no facilitan tantas pistas. Por eso, la tarea de investigación tiene algo de épica y meticulosa. Es aquel tópico de encontrar una aguja en un pajar. Nos enfrentamos a un relato que va añadiendo de manera progresiva nuevos testimonios y que construye una red colaborativa conectada a través de internet. Y esto permite que la investigación sea una excusa para descubrir muchas otras circunstancias y personas.McCartney: The hunt for the lost bass son muchas historias dentro de una gran historia. Más allá de una investigación que tiene un componente lúdico y ningún tipo de dramatismo, es un repaso a la cultura musical de los sesenta y setenta. También de un abanico de personajes singulares vinculados al ámbito artístico: músicos, diseñadores, fotógrafos, empresarios, críticos, melómanos, aficionados y todo tipo de individuos que, en algún momento, coincidieron con Paul McCartney. A la vez, construye un retrato de este beatle. Nos descubre su talante a través de su hermano y de algunos de sus amigos. Los vínculos afectivos tejidos a lo largo de los años también dicen mucho de una persona. McCartney: The hunt for the lost bass es un documental ligero y nostálgico que pone de buen humor. Un viaje a cuestiones esenciales pero sin ninguna voluntad de trascendencia.

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