La infiltración de los bancos en la opinión publicada
Jon González se presenta en X como ingeniero industrial y habla a menudo –en las redes, pero también en prensa– sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones, en términos bastante apocalípticos. El periodista Yago Álvarez Barba ha revelado, sin embargo, que el BBVA, donde es senior manager, le paga la nómina. Es decir, que sus ingresos principales los obtiene como cargo de una empresa que se beneficia directamente de la percepción de inseguridad que haya en el campo de las pensiones públicas, ya que eso anima a la contratación de planes de jubilación privados. En sus artículos en El Mundo, González firma como “ingeniero en organizador industrial y divulgador del reto intergeneracional”, pero por mucho que en su cuenta de X se acoja a la fórmula de que las opiniones expresadas son solo las suyas particulares, hay un posible conflicto de intereses a la vista y, como mínimo, el lector merece saber su relación con el banco. De hecho, el mismo diario sí indica que Rafael Doménech, otro de sus columnistas, es director de estudios del BBVA.
Esta diferencia de criterio aplicado por el rotativo es la que permite a Álvarez Barba ir un paso más allá. Constatando la fiebre tuitera de González, que emite mensajes a cualquier hora del día, incluidas las franjas laborales, se pregunta si todo ello se está haciendo no ya con el consentimiento de la entidad, sino como parte de su trabajo. Es legítimo que un banco difunda las narrativas que considere beneficiosas para su actividad, así que es trabajo de los medios identificar estos posibles conflictos de intereses. Esto no quita que los datos expuestos por González puedan ser correctos, pero hay que ser transparente a la hora de explicar desde dónde escribe cada uno. En caso contrario, cuando emerge la relación escondida bajo la alfombra se percibe una sensación de trampa que hace que el análisis acabe descalificado, enturbiado por la sombra de la sospecha.