Nadie llorará la desaparición de Fernanda Pérez

Uno de los vídeos de Fernanda Pérez
10/08/2025
Jefe de Media
2 min

Fernanda Pérez nos ha dejado. Lo ha hecho discretamente, justo al contrario que su fugaz carrera periodística, marcada por los vídeos en TikTok con temas escandalosos como que la UCO estaba a punto de detener a la reina Letizia con la aquiescencia de Felipe VI o que Francina Armengol se planteaba huir de España después de que se dictara una orden de detención. Su perfil, ya eliminado, era una retahíla de inminencias nunca cumplidas, pero eso no le impedía acumular decenas de miles de visualizaciones. El físico, claro, ayudaba. Ese rubio sobrehumano, la simetría perfecta de sus facciones, el pecho generoso en tamaño y ofrecimiento a cámara y, sobre todo, aquellos dientes fluctuantes que cambiaban de forma de un fotograma a otro. Algunos quizás encontraban inquietando ese detalle, síntoma inequívoco de que estábamos ante un avatar creado con inteligencia artificial. Pero si sus noticias eran fabulaciones estridentes sin ninguna base factual, ¿quién se pondrá chucherías ahora por un óvalo de la cara que también cambiaba misteriosamente de un vídeo a otro? Fake news con fake personas; estupendas, eso sí.

Pero Fernanda Pérez sólo ha muerto a medias, si es que el término aplica a una entidad más falsa que un billete de quince euros. La persona o personas que hay detrás siguen publicando vídeos suyos en YouTube, donde cuenta con más de 25.000 suscriptores, y acumula miles de comentarios de ciudadanos motivadísimos aparentemente ajenos a las incongruencias odontológicas y maxilofaciales —y no digamos ya las periodísticas— de Fernanda Pérez. ¿Existe para influir en la agenda política? ¿Es sólo contenido basura que apela a los instintos primarios para monetizar clics? Lo ignoro. Pero sí sé quién se enriquece con todo: YouTube. Es decir, Google. Ellos deberían ayudar a enterrar a Fernanda Pérez y asumir los costes del sepelio. Por higiene, por responsabilidad.

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