Los militares invaden las plataformas

Pelayo Gayol es el protagonista del documental que ha estrenado Prime Video
Periodista i crítica de televisió
2 min

Las plataformas más comerciales han incrementado sus producciones centradas en cuerpos militares de élite y han normalizado una estética del orden, la fuerza y ​​la disciplina. Uno de los últimos ejemplos es la serie documental Pelayo: Más allá del límite en Prime Video. El protagonista es Pelayo Gayol, un inspector veterano de los GEO de la Policía Nacional española que se enrola en misiones reales contra el narcotráfico en Colombia. El personaje ya le conocimos en otra serie documental, GEO: Más allá del límite, donde entrenaba y seleccionaba el Grupo Especial de Operaciones y llevaba al límite a los agentes para convertirlos en superhombres. Pelayo favorece una inmersión emocional testosterónica en la disciplina militar. Nos adentra en un contexto de violencia y tensión mientras construye un discurso barato y pseudointelectual de su trabajo.

En Netflix, en los últimos dos años, han aparecido contenidos documentales similares centrados en los cuerpos de elite estadounidenses. Marinas es un retrato inmersivo en los entrenamientos y formación de los reclutas; Thunderbirds tiene un acceso privilegiado al equipo acrobático de élite de la Fuerza Aérea de EE.UU.; Cacería implacable: Osama Bin Laden es una reconstrucción (muy interesante, por cierto) de las fuerzas especiales para capturar al ideólogo de los atentados del 11-S; a Cómo sobrevivimos a la caída de los Black Hawks soldados estadounidenses explican cómo sobrevivieron a la batalla de Mogadiscio y Las fuerzas de élite más poderosas del mundo compara distintas unidades militares de élite de varios países.

En todas estas producciones existe un culto a la violencia como garantía para restablecer el orden mundial. La centralidad se sitúa en el cuerpo de los hombres protagonistas, que representan una masculinidad poderosa al servicio de un bien moral superior: salvar al mundo. Cuerpos hipermusculados, camisetas ceñidas, uniformes de camuflaje y muchas armas. Un regreso a una masculinidad jerárquica, dura y silenciosa. Bajo el pretexto de informar y descubrirnos las singularidades de este universo existe un relato simbólico. Crean una imagen de fuerza institucional moralmente incontestable. Nunca se pone en entredicho la autoridad, las instituciones ni de las operaciones militares. La violencia parece despolitizada y se presentan unos cuerpos de élite en los que no existen las fisuras. Una comunidad perfecta gracias a valores como la disciplina, la obediencia, la jerarquía, el sufrimiento. Una cultura que no cuestiona la guerra por ser inevitable e incluso necesaria.

Vivimos en un tiempo de gran incertidumbre. Estos documentales ofrecen una falsa seguridad, una fantasía del orden imprescindible para la sociedad. Esta retromasculinidad que enaltecen es una reacción al auge del feminismo y de un contexto cultural que ha puesto en duda los patrones de masculinidad tradicional. La palabra queda relegada a un segundo plano porque lo importante es la acción. No es casualidad que en plena crisis global en la que se está cuestionando la democracia, estos documentales se conviertan en una propaganda emocional del militarismo.

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