Es significativo que, de entre la prensa de Madrid, sea El País quien está hablando de forma más destacada del caos de Cercanías (con perdón por la redundancia). No lo hace, claro, porque haya decidido enterrar su secular jacobinismo, sino porque le permite aguar las secuelas del accidente de Adamuz, ahora que la caverna ha salido ya a cara descubierta a cazar para obtener la testa de Óscar Puente. Basta con ver cómo este sábado El Mundo, elAbc y La Razón trataban de subirle los colores a la cara, mientras el diario de Prisa pedía a John Williams que le pusiera algo de musiquita de fondo para abrir la portada con el tema inspiracional "Los héroes del vagón 4 del Alvia". No han llamado a Tom Hanks porque les salía caro. Adelante con las historias humanas, siempre. Pero nunca en detrimento de la exigencia de responsabilidades y la fiscalización del poder.
Me pregunto si los diarios de Madrid tienen presente que el chismorre de Cercanías (de nuevo, perdón por la redundancia) del año 2007 fue el detonante de un descontento evidenciado en manifestaciones masivas que muchos consideran el inicio del proceso. Han pasado diecisiete años (y demasiadas cosas) para pretender mágicamente que la plantilla es trasladable sin más. Pero mirando las portadas del día barrenaba si éste será un factor a la hora de dimensionar el tema en las portadas de Madrid y Barcelona. En El País le va bien desviar el foco para minimizar la salpicadura, pero a la fuerza debe ser consciente de que paga el precio de alimentar la sensación (fundamentada) de que ser catalán en España comporta una cuota de esfuerzo (moral y económico) extra en forma de infrafinanciación y ruido mediático. De manera simétrica, sospecho que la caverna no hará sangre del tema, por mucho que sirviera para atizar su catalanofobia, no vaya a ser que el independentismo vuelva a activarse por culpa del drama de Cercanías (con perdón bla, bla, bla).