El peso de los cadáveres, el peso de los vivos
Es sabido que, en periodismo, los fallecidos tienen un peso variable. Ocupan una cantidad de centímetros cuadrados o minutos en los medios dependiendo de su proximidad –geográfica, pero también emocional– con el lector. La gestión de estos pesos es delicada; la balanza, cruel. Al día siguiente del alto el fuego que Trump intenta hacer pasar por plan de paz a cinco civiles palestinos fueron asesinados por dos drones del ejército israelí. El valor informativo de la noticia es evidente, al iluminar la fragilidad de la situación en Gaza, pero la mayoría de portadas del día no le daban espacio. O se lo daban envolviendo la madeja. "Primera violación del alto el fuego en Gaza", decía La Razón, sin explicar quién rompía el acuerdo y con qué letales consecuencias. El subtítulo era también magníficamente elíptico: "Ya ha habido al menos nueve muertos e Israel cerrará el paso fronterizo de Rafah hasta que Hamás no entregue los cadáveres del resto de secuestrados muertos". De nuevo, sin especificar que los fallecidos son palestinos. Y, sobre todo, sin indicar que no es que "ha habido" nueve muertos, sino que alguien los ha matado. Escrito así, se da más importancia a los cadáveres por un lado que a los que todavía estaban vivos por otro. Pasaba también a La Vanguardia, que destacaba en primera página "La organización terrorista se retrasa en la entrega de los rehenes fallecidos" y no recogía a las víctimas de la jornada.
Todo esto mientras loAbc abría con "La represión de Hamás pone a Gaza al borde de la guerra civil", que también evitaba consignar la represión del ejército israelí para explicar las muertes causadas por la pugna por el poder entre la organización palestina y el clan Dughmush. Hamás deberá responder por sus bárbaras políticas del terror, pero el cumplimiento del singular plan de Trump –con inquietantes veleidades inmobiliarias– merece un pesaje de los fallecidos algo más riguroso.