Televisión

El 'Polònia' cobra vida en una gala histórica para celebrar los veinte años

Crónica del show en el Teatro Victoria que se ha transformado en el episodio emitido por TV3 este jueves

Los actores y actrices del programa, durante la foto de familia en el escenario del Teatre Victòria.
19/02/2026
4 min

BarcelonaEn el Teatre Victòria, este lunes la magia no la ponía el Mago Pop, sino Polònia. La sala se llenaba a rebosar para la gala que celebra los veinte años de este programa que es espina dorsal de la parrilla de TV3. En Cataluña, si es jueves, en los bares paella, y en la televisión, el Polònia... si el fútbol no lo frustra. Hay nervios en el equipo, porque el espectáculo que está a punto de empezar se registrará y se convertirá en el capítulo que se ha podido ver esta semana. El reto técnico es mayúsculo y, además, si normalmente este espacio de sátira política ha demostrado rapidez de reflejos cuando la actualidad informativa lo ha requerido, hoy se ha tenido que sacudir toda la escaleta por dos bajas especialmente sentidas: Pep Plaza ha tenido que marcharse hace unas horas para atender una circunstancia familiar grave y Judit Martín tiene una gripe que la ha noqueado.

Sobre la alfombra roja, el equipo de Minoria Absoluta da la bienvenida a celebridades, políticos y amigos. Toni Soler acaba siendo en el centro de la mayoría de las fotografías, como creador del formato. Cuando lo entrevisté, semanas atrás, me habló de la crisis personal que sufre con el humor y de las dudas existenciales que lo roen sobre si la parodia desnuda al poderoso o bien lo consolida, una vez el pueblo se ha desahogado. Pero hoy se le ve con una felicidad genuina, nada impostada, con un brillo casi infantil. Eso sí, cuando le hago notar a todo el mundo quién ha venido, enseguida salta: "¡Ya lo ves, somos establishment!".

Entre las personas que llegan, Sílvia Orriols, de quien se dudaba de si asistiría. Su caricatura no es nada amable, pero la alcaldesa de alcaldesas domina la escena y allí donde otras dicen que no se acaban de ver en su imitación, ella aprovecha para celebrar que no se le haya aplicado ningún cordón sanitario. Ya en el teatro, es frecuente ver conversaciones heterogéneas animadas, como la de la exconsellera Anna Simó y el eufórico productor musical Jordi Cubino, que ríen a carcajadas.

Los 90 minutos de espectáculo funcionan como un trueno. No se trata de un simple capítulo filmado, sino que hay bastante más ambición. Soler era reticente a hacer una gala, por todo lo que tenía de autocomplaciente, pero, felizmente, lo convencieron. Y, para esquivar este peligro de colgarse medallas king size como si fueran el Mago Andreu, junto a la celebración de los gags más recordados o las imitaciones que han hecho historia había también momentos de autocrítica. Fue el caso de una de las sorpresas de la noche: Els Amics de les Arts interpretaron una canción humorística en la que recordaban recursos que el programa utilizaba a los inicios y no tanto inicios y que la corrección política ha ido desbancando, como por ejemplo pintar actores para que interpretaran personajes negros –ahora se contratan actores que lo son de forma natural–, hacer que hombres interpretaran mujeres o algún momento de body shaming que ahora quedaría proscrito.

La misma Corporación no se salvaba de la revisión crítica y el Ricard Ustrell del programa bajaba del escenario a la platea y, al encontrarse con el conseller Albert Dalmau, antes de plantarle el micrófono dejaba caer: "¡Ya es casualidad que la primera persona que me encuentro sea un socialista!", ironizando con las filias del presentador del magazine matinal de Catalunya Ràdio. El imitado no estaba –no consta si tenía algún otro cuadro para colgar– pero sí que asistió su rival Jordi Basté. El de RAC1 se marchó a media gala, por eso de dormir un poco antes del programa, no sin antes participar en directo en uno de los gags.

De la escudería de la privada también se sumaron a la fiesta los Óscars, Dalmau y Andreu, de La competència, para recordar sus tiempos como guionistas del programa. Por una noche, hubo una cierta tregua polaca entre la Corporación y la radio del grupo Godó, después de las tensiones de los últimos tiempos. Los nostálgicos fueron felices de ver de nuevo a Bruno Oro encarnar sin piedad a su Ángel Acebes, que aún está convencido de que "fue ETA", y Carlos Latre tuvo tres minutos de oro con un Josep Lluís Núñez a quien le daba un soponcio cuando especulaba con presentarse de nuevo a la presidencia del Barça y descubría cuánto costaba hoy día la broma.

Otros momentos álgidos fueron el juego escenográfico entre Queco Novell y cuatro de sus presidentes imitados: Pasqual Maragall, Carles Puigdemont, Salvador Illa y Mariano Rajoy. La interacción quedaba muy natural y costaba de ver que se trataba de filmaciones en vídeo, que requirieron dos días de rodaje para sincronizar el diálogo y las reacciones de los cuatro personajes y su autor carnal.

El fin de fiesta llegó con el Artur Mas real subiendo al escenario y diciendo: "¿No echáis de menos algo?" mientras se ponía unas gafas de sol y comenzaban a sonar los primeros compases de "Mas style". No se atrevió a bailar mientras sonaba aquello de "Sexy lady" junto a Duran i Lleida, pero fue un colofón que dejó el listón bien alto y con ganas de ver si se trasladaba bien a la pantalla todo lo que había pasado en la sala y que no dejaba de ser el conjuro del sentimiento de tribu de esta pobre, sucia, triste, desdichada patria: riéndose del muerto y de quien lo vela, del financiamiento que nunca llega y de unas Cercanías que, veinte años después, continúan sin funcionar.

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