La propaganda ridícula y victimista de los antidisturbios

Fotograma del documental 'Ícaro: la semana en llamas'
Periodista i crítica de televisió
2 min

Es posible que recuerde la serie Antidisturbios, un drama policiaco de Movistar+ que se adentraba en las miserias profesionales y domésticas de un grupo de hombres de las unidades de intervención de la policía española (UIP). En el último minuto del último capítulo, los protagonistas llegaban a Barcelona para sofocar las protestas contra la sentencia del Proceso. Uno de los personajes aleccionaba a un compañero debutante: "Tranquilo, esto es como todo. Le pones un poquito de firmeza y un poquito de cabeza. Y si le pones un poquito de chulería... ya lo tienesPero la realidad fue menos épica.

La plataforma Filmin acaba de estrenar Ícaro: la semana en llamas, un documental que se recrea en el drama policial vivido por los agentes de la UIP que participaron en esa operación. La épica musical y la enorme bandera española te avisan, nada más empezar, que es un documental de parto. Sin embargo, con la plena conciencia de que lo que verá es pura propaganda, vale la pena que lo veáis. Con una mirada crítica pueden extraerse conclusiones interesantes. La penumbra con la que se graban los policías ante la cámara pretende acentuar el dramatismo narrativo y la heroicidad física que representan. La emocionalidad musical es tan obvia que da risa. Pero hay imágenes magníficas que muestran las reivindicaciones y protestas por la sentencia como no lo habíamos visto hasta ahora. Las del aeropuerto, las de Urquinaona y las del interior de los furgones son impresionantes. El documental tiene acceso a las cámaras que los policías llevaban en el pecho y recuperan los audios de las comunicaciones entre ellos. Comprobará sus reacciones y, sobre todo, tendrá acceso a un melodrama policial inaudito. Será testigo de secuencias donde los antidisturbios parecen el ejército de Pancho Villa. Más que cuerpos de élite implacables preparados para enfrentarse a situaciones difíciles, verá a un puñado de hombres admitiendo su inoperancia, llorando y recordando el miedo. Así como los documentales de los cuerpos de élite del ejército estadounidense tienen narrativas de poder y control donde presumen de su pericia y fuerza, Ícaro: la semana en llamas es incluso cómico su victimismo. Hay momentos que parece una parodia del Polonia. En la realidad, ni firmeza, ni cabeza ni chulería. Pero sí mucha desesperación. "Nuestra munición no es infinita. La suya sí", "Si pinchábamos ahí, saldríamos en los libros de historia", "Cuando hay una guerra, el enemigo busca bajas", "El objetivo éramos nosotros, no la protesta. Había odio". Mantienen la retórica grandilocuente que ya oímos en las declaraciones policiales durante el juicio del Proceso. La épica es tan barata y tan ridícula que evidencia las deficiencias narrativas del punto de vista. Lo que provoca estupefacción no es la propaganda (que ya nos la conocemos), es la forma en que presentan la policía. Ícaro: la semana en llamas es un documental que da ganas de volver a salir a la calle. Por lo que dicen estos policías, quizás sí que teníamos la independencia a la vuelta de la esquina.

stats