¿Dónde están las ideas nuevas? Las adaptaciones de libros arrasan en el cine y en las series
Entre los films más taquilleros de las últimas semanas hay tres títulos basados en obras literarias
BarcelonaEl fin de semana pasado tres de las cinco películas más taquilleras fueron adaptaciones literarias: la de Cumbres borrascosas (que ha recaudado 1,82 millones de euros en España), la de Hamnet (565.000 euros) y la deLa asistenta (467.000 euros). En Netflix, la plataforma de 'streaming' con más suscriptores, la lista de series de habla inglesa más vistas globalmente en la semana del 9 al 15 de febrero también incluye diversas versiones de libros: Los Bridgerton, El abogado de Lincoln y Ella y él. Esta semana dos de los estrenos destacados son, precisamente, adaptaciones literarias: el thriller erótico 56 días y la última temporada de Como agua para chocolate, versión de la novela de la mexicana Laura Esquivel que en su momento también fue trasladada a la pantalla grande. Las adaptaciones literarias no son una novedad en el cine o la televisión, pero pocas veces han sido tan omnipresentes hasta el punto de que hay que preguntarse dónde han quedado las ideas nuevas u originales.
La fiebre por las adaptaciones literarias no se limita al cine o la televisión, también ha hecho acto de presencia en el teatro. En el caso de la escena catalana, la temporada 2025-2026 ha estado y estará marcada por diferentes adaptaciones como Absalón, Absalón!, de William Faulkner, que se podrá ver en el TNC; La mort i la primavera, de Mercè Rodoreda, también programada por el TNC, y El maestro y Margarita, que se hizo en el Teatre Lliure.
"No son solo adaptaciones de libros, sino que también se están cogiendo lo que se llaman propiedades intelectuales (IP) de todo lo que se puede, sea novela, videojuego o casos reales. Hay tanta competencia entre plataformas para atrapar al espectador que hay que sumar más valor a los proyectos que se hacen. Antes el guionista daba una idea y ya bastaba, pero ahora hay que añadirle valor para destacar respecto a las otras series. Si te sumas a cosas que ya tienen fama, arrastras al público objetivo de la novela, del videojuego o de lo que sea", explica la guionista Marta Grau Rafel. Detalla que muchas veces cuando los guionistas intentan vender una idea original a una productora se encuentran con más reticencias porque no parten de un grupo de público potencial que seguro verá la serie o la película.
A esta tendencia ha hecho que las ideas originales sean más residuales, pero Grau Rafel recuerda que, al fin y al cabo, los guionistas también se encargan de hacer las adaptaciones. Con todo, admite que la situación es "frustrante" porque hay menos oportunidades para desarrollar ideas propias, motivo por el cual muchas veces los guionistas acaban escribiendo libros. Jordi Frades, subdirector general de Diagonal TV, productora que ha adaptado novelas como La catedral del mar o La novia gitana, coincide con el diagnóstico de Grau Rafel y asegura que también ha detectado que muchos guionistas han dado el salto al mundo literario.
Frades detalla que la misma industria editorial se ha dado cuenta del nicho de mercado que son las adaptaciones audiovisuales y en muchos casos ya ofrecen directamente sus libros a las productoras. "A la hora de vender un proyecto a una plataforma, con un libro partes de un argumento existente, y eso hace que todo esté ya mucho más detallado que con una idea original de la que tienes una sinopsis de diez páginas", añade. "Con una idea original, el posible éxito no está testado", dice Frades, que destaca casos como el de L'assistenta, un caballo ganador después de haber vendido ejemplares a raudales. Una de las últimas adaptaciones en las que ha participado Diagonal TV es la transformación en serie de dos de las novelas de la autora romántica bestseller Megan Maxwell, Tampoco pido tanto y ¿A qué estás esperando? (este último título es el que da nombre a la serie).
El subdirector general de Diagonal TV asegura que ahora mismo la industria está en el zenit de las adaptaciones literarias por la alta demanda de producción. "Hay tanta necesidad de producción porque hay tantas plataformas que muchas veces las novelas acaban pasando por delante", remarca. La guionista y escritora Carmen Fernández Villalba recuerda que una vez presentó un proyecto de serie a un productor y él le dijo que le gustaba mucho, pero que si fuera un libro "lo compraría ya". "Me sugirió que la escribiera primero como libro. Si primero le llevaba el libro, el proyecto de serie tenía más garantías. Si ya ha sido publicado, ha pasado a otro escalón", explica esta miembro de la junta de Guionistas Asociados de Cataluña. Señala, además, que en todo este panorama también hay una cuestión de estatus: "Aquel que publica un libro ya tiene el estatus de escritor y ya tiene una autoría. Parece que los guionistas, que hemos estado invisibilizados durante tantos años, no tienen tanto peso como aquel autor que publica un libro".
Nicho de mercado y retroalimentación
Fernández Villalba asegura que el mundo editorial y la industria audiovisual ya no son compartimentos estancos sino que hay muchos vasos comunicantes. Anna Soler-Pont detectó este nicho de mercado y en 1992 fundó la agencia Pontas, que, entre otras cosas, gestiona los derechos de adaptación de diversos autores. "Cuando empezamos, un 10% de las producciones audiovisuales venían del mundo del libro y ahora mismo, a escala mundial, son alrededor del 40%", explica Soler-Pont. De hecho, este marzo irá a la feria del libro de Londres y la mitad de sus citas son con productores y ejecutivos de plataformas. La agencia Pontas ha sido clave para la traslación a la pantalla de libros como Cuenta atrás: la historia de Salvador Puig Antich, que sirvió de base para Salvador, que ganó el Goya a mejor guion adaptado; Rastros de sándalo, coescrito por la misma Soler-Pont, o un Cielo de plomo.
Uno de los últimos derechos que han gestionado son los de la novela L'últim vaixell, de Domingo Villar, que será una serie que se titulará Caldas. Asegura que tanto la editorial que ha publicado el libro en catalán, Columna, como la que lo ha publicado en castellano, Siruela, ya tienen previsto que habrá un repunte de ventas de la novela cuando se estrene la serie. En este sentido, Soler-Pont indica que cuando se hace una adaptación se produce un proceso de retroalimentación. Un caso paradigmático es el de Hamnet: a raíz del estreno de la película, las ventas de la novela de Maggie O'Farrell, publicada originalmente en 2021, han experimentado un resurgimiento. En el caso de la versión catalana, L’Altra Editorial ha vendido más de 3.000 en un mes y medio, y ya pronostica que puede ser uno de los libros más demandados de cara a Sant Jordi.
Soler-Pont recuerda que un guion televisivo o cinematográfico es una pieza de artesanía y que la gente ahora empieza a entender que cuando ve una adaptación no debe seguir al pie de la letra el libro en el que se basa. "Yo siempre digo a nuestros clientes [los autores] que si no están dispuestos a enfrentarse a una traición y un cambio radical de su historia, no vendan los derechos. El copyright de un audiovisual es de los productores, de la cadena o de la plataforma, pero no del autor, a menos que se convierta en coproductor", reflexiona.
El vínculo con el fenómeno BookTok
Uno de los motivos que se esconden detrás del auge de adaptaciones literarias es el fenómeno de los booktokers, los influencers de libros que triunfan en TikTok desde mediados de 2020. Sus recomendaciones, hechas de una manera más directa, entretenida y juguetona que una crítica convencional, atraen a los lectores. Los libros de los que hablan muy a menudo acaban haciéndose populares y virales, dos elementos que pueden llamar la atención a productoras y plataformas, siempre en busca de productos o propiedades intelectuales que ya cuenten con el impulso de una buena base de fans. Normalmente, los booktokers se centran en la ficción para jóvenes (young adults), novela romántica, fantasía y thriller. Series como Heartstopper, Asesinato para principiantes o El verano que me enamoré deben su existencia al fenómeno BookTok. Uno de los estrenos de Prime Video más esperados de este año por el público juvenil es Off Campus, adaptación de una saga de novelas románticas protagonizadas por los jugadores de hockey de una universidad norteamericana. La primera temporada llega en mayo y la segunda ya tiene luz verde.
Antes de que los booktokers marcaran el camino de la industria audiovisual, en Estados Unidos hubo otra figura que se dio cuenta del lucrativo mercado de unir literatura, series y cine. La actriz y productora Reese Witherspoon, que dio el salto a la producción cuando no encontraba papeles interesantes para su edad, fundó un club de lectura que le ha servido para identificar los libros que podían transformarse en un buen material audiovisual. Muchas de las series y películas que ha producido a través de su compañía, Hello Sunshine, son adaptaciones de libros que previamente eligió para su club de lectura. En esta lista se encuentran series como Todos quieren a Daisy Jones, Little fires everywhere, Tiny beautiful things, The last thing he told y De cero y películas como La chica salvaje. Los futuros proyectos de Witherspoon como productora también incluyen un rosario de adaptaciones: desde Comedia romántica (VR Europa), libro de Curtis Sittenfeld, hasta El ruiseñor (Amsterdam), de Kristin Hannah, pasando por Run, Rose, run, coescrito por Dolly Parton y James Patterson.
Tanto guionistas como productoras y editoriales no prevén que la burbuja explote. "No creo que baje, al contrario, porque cada vez es un sector más competitivo", remata Grau Rafel, que señala una nueva derivada de este fenómeno, la intersección con la inteligencia artificial. "Tenemos que ver dónde nos lleva, pero ante una novela que ya está hecha una inteligencia artificial la puede adaptar. Si no luchamos contra eso, será más fácil que buscar un guionista que te aporte una idea original", alerta.